Según
Yojanán Marcos discípulo de Kefa
Parábola
del sembrador
1Otra vez comenzó Yehshua a enseñar junto
al mar, y se reunió alrededor de él una multitud muy grande, de manera que él
entró en una barca y se sentó en ella en el mar; y toda la gente estaba en
tierra junto al mar.
2 Y les enseñaba por parábolas muchas
cosas, y les decía en su doctrina: 3 “Oíd:
He aquí, el sembrador salió a sembrar; 4 y al
sembrar, aconteció que una parte cayó junto al camino, y vinieron las aves del
cielo y la comieron. 5 Otra parte cayó en pedregales, donde no
tenía mucha tierra; y brotó pronto, porque no tenía profundidad de tierra. 6 Pero salido el sol, se quemó; y porque no
tenía raíz, se secó. 7 Otra parte cayó entre espinos; y los
espinos crecieron y la ahogaron, y no dio fruto. 8 Pero otra parte cayó en buena tierra, y
dio fruto, pues brotó y creció, y produjo a treinta, a sesenta, y a ciento por
uno”.
9 Entonces les dijo: “El que tiene oídos
para oír, oiga”.
10 Cuando toda la gente se retiró, los que
lo seguían se acercaron con los Doce y le preguntaron qué significaban aquellas
parábolas. 11 Les
contestó: “A vosotros se os ha dado el misterio del Reino de Dios, pero a los
que están fuera no les llegan más que parábolas; 12 para que se cumpla lo anunciado: “Por
mucho que miran, no ven; por más que oyen no entienden; de otro modo se convertirían,
y se les perdonarían los pecados”.
13 Y les dijo: “¿No entendéis esta parábola?
¿Cómo, pues, entenderéis todas las demás? 14 El
sembrador es el que siembra la palabra de Dios. 15 Los
que están a lo largo del camino cuando se siembra, son aquellos que escuchan la
Palabra, pero en cuanto la reciben, viene Sama’el-Zebut y se lleva la palabra
sembrada en ellos. 16 Otros
reciben la palabra como un terreno lleno de piedras. Apenas reciben la palabra,
la aceptan con alegría; 17 pero no arraiga en ellos, sino que son de
corta duración, porque cuando sobrevenga la tribulación o la persecución por
causa de la palabra, al momento caen. 18 Otros
la reciben como entre espinos; éstos han escuchado la Palabra, 19 pero luego sobrevienen las preocupaciones
de esta vida, y el engaño de las riquezas, y las pasiones y codicias de otras
cosas, y juntas ahogan la Palabra, que no da fruto. 20 Para
otros se ha sembrado en tierra buena. Estos han escuchado la palabra, le han
dado acogida y dan fruto: unos el treinta por uno, otros el sesenta y otros el
ciento”.
Nada
oculto que no haya de ser manifestado
21 También les dijo: “Cuándo llega la luz
¿debemos ponerla debajo de un macetero, o debajo de la cama? ¿No es más bien
que debemos colocarla en el candelero? 22 Porque
no hay nada oculto que no haya de ser manifestado; ni escondido, que no haya de
salir a luz. 23 Si alguno tiene oídos para oír, oiga”.
24 Les dijo también: “Prestad atención a lo
que escuchéis; porque la medida con que medís, se empleará para mediros, y aun
se os añadirá a vosotros mucho más. 25 Porque al que tiene, se le dará; y al que
no tiene, aun lo que tiene se le quitará”.
Parábola
del crecimiento de la semilla
26 Decía además: “Así es el reino de Dios,
como un hombre que echa semilla en la tierra; 27 y ya
duerma o esté despierto, ya sea de noche o de día, la semilla brota y crece sin
que él sepa cómo. 28 Porque de suyo lleva fruto la tierra,
primero hierba, luego espiga, después grano lleno en la espiga; 29 y cuando el fruto está maduro, en seguida
se mete la hoz, porque la siega ha llegado.
Parábola
de la semilla de mostaza
30 Decía también: “¿A qué haremos semejante
el reino de Dios, o con qué metáfora lo compararemos? 31 Es como el grano de mostaza, que cuando
se siembra en tierra, es la más pequeña de todas las semillas que hay en la
tierra; 32 pero después de sembrado, crece, y se
hace la mayor de todas las hortalizas, y echa grandes ramas, de tal manera que
las aves del cielo pueden morar bajo su sombra”. 33 Con muchas parábolas como estas les hablaba
la palabra, conforme a lo que podían oír. 34 Y sin
parábolas no les hablaba; aunque a sus discípulos en particular les declaraba
todo.
Yehshua
calma la tempestad
35 Aquel día, cuando llegó la noche, les
dijo: Pasemos al otro lado. 36 Y despidiendo a la multitud, le tomaron
como estaba, en la barca; y había también con él otras barcas. 37 Pero se levantó una gran tempestad de
viento, y echaba las olas en la barca, de tal manera que ya se anegaba. 38 Y él estaba en la popa, durmiendo sobre
un cabezal; y le despertaron, y le dijeron: Rabbi, ¿no tienes cuidado que
perecemos? 39 Y levantándose, reprendió al viento, y
dijo al mar: “Calla, enmudece”. Y cesó el viento, y se hizo grande bonanza. 40 Y les dijo: “¿Por qué estáis así
amedrentados? ¿Cómo no tenéis fe?” 41 Entonces
temieron con gran temor, y se decían el uno al otro: “¿Quién es éste, que aun
el viento y el mar le obedecen?”


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