lunes, 16 de febrero de 2015

Libro de la Buena Noticia del Bendecido Yehshua (4)

Según Yojanán Marcos discípulo de Kefa



Parábola del sembrador

1Otra vez comenzó Yehshua a enseñar junto al mar, y se reunió alrededor de él una multitud muy grande, de manera que él entró en una barca y se sentó en ella en el mar; y toda la gente estaba en tierra junto al mar. 

2 Y les enseñaba por parábolas muchas cosas, y les decía en su doctrina: 3 “Oíd: He aquí, el sembrador salió a sembrar; 4 y al sembrar, aconteció que una parte cayó junto al camino, y vinieron las aves del cielo y la comieron. 5 Otra parte cayó en pedregales, donde no tenía mucha tierra; y brotó pronto, porque no tenía profundidad de tierra. 6 Pero salido el sol, se quemó; y porque no tenía raíz, se secó. 7 Otra parte cayó entre espinos; y los espinos crecieron y la ahogaron, y no dio fruto. 8 Pero otra parte cayó en buena tierra, y dio fruto, pues brotó y creció, y produjo a treinta, a sesenta, y a ciento por uno”.

9 Entonces les dijo: “El que tiene oídos para oír, oiga”.

10 Cuando toda la gente se retiró, los que lo seguían se acercaron con los Doce y le preguntaron qué significaban aquellas parábolas. 11 Les contestó: “A vosotros se os ha dado el misterio del Reino de Dios, pero a los que están fuera no les llegan más que parábolas; 12 para que se cumpla lo anunciado: “Por mucho que miran, no ven; por más que oyen no entienden; de otro modo se convertirían, y se les perdonarían los pecados”.

13 Y les dijo: “¿No entendéis esta parábola? ¿Cómo, pues, entenderéis todas las demás? 14 El sembrador es el que siembra la palabra de Dios. 15 Los que están a lo largo del camino cuando se siembra, son aquellos que escuchan la Palabra, pero en cuanto la reciben, viene Sama’el-Zebut y se lleva la palabra sembrada en ellos. 16 Otros reciben la palabra como un terreno lleno de piedras. Apenas reciben la palabra, la aceptan con alegría; 17 pero no arraiga en ellos, sino que son de corta duración, porque cuando sobrevenga la tribulación o la persecución por causa de la palabra, al momento caen. 18 Otros la reciben como entre espinos; éstos han escuchado la Palabra, 19 pero luego sobrevienen las preocupaciones de esta vida, y el engaño de las riquezas, y las pasiones y codicias de otras cosas, y juntas ahogan la Palabra, que no da fruto. 20 Para otros se ha sembrado en tierra buena. Estos han escuchado la palabra, le han dado acogida y dan fruto: unos el treinta por uno, otros el sesenta y otros el ciento”.

Nada oculto que no haya de ser manifestado

21 También les dijo: “Cuándo llega la luz ¿debemos ponerla debajo de un macetero, o debajo de la cama? ¿No es más bien que debemos colocarla en el candelero? 22 Porque no hay nada oculto que no haya de ser manifestado; ni escondido, que no haya de salir a luz. 23 Si alguno tiene oídos para oír, oiga”.

24 Les dijo también: “Prestad atención a lo que escuchéis; porque la medida con que medís, se empleará para mediros, y aun se os añadirá a vosotros mucho más. 25  Porque al que tiene, se le dará; y al que no tiene, aun lo que tiene se le quitará”.

Parábola del crecimiento de la semilla

26 Decía además: “Así es el reino de Dios, como un hombre que echa semilla en la tierra; 27 y ya duerma o esté despierto, ya sea de noche o de día, la semilla brota y crece sin que él sepa cómo. 28 Porque de suyo lleva fruto la tierra, primero hierba, luego espiga, después grano lleno en la espiga; 29 y cuando el fruto está maduro, en seguida se mete la hoz, porque la siega ha llegado.

Parábola de la semilla de mostaza

30 Decía también: “¿A qué haremos semejante el reino de Dios, o con qué metáfora lo compararemos? 31 Es como el grano de mostaza, que cuando se siembra en tierra, es la más pequeña de todas las semillas que hay en la tierra; 32 pero después de sembrado, crece, y se hace la mayor de todas las hortalizas, y echa grandes ramas, de tal manera que las aves del cielo pueden morar bajo su sombra”. 33 Con muchas parábolas como estas les hablaba la palabra, conforme a lo que podían oír. 34 Y sin parábolas no les hablaba; aunque a sus discípulos en particular les declaraba todo.

Yehshua calma la tempestad


35 Aquel día, cuando llegó la noche, les dijo: Pasemos al otro lado. 36 Y despidiendo a la multitud, le tomaron como estaba, en la barca; y había también con él otras barcas. 37 Pero se levantó una gran tempestad de viento, y echaba las olas en la barca, de tal manera que ya se anegaba. 38 Y él estaba en la popa, durmiendo sobre un cabezal; y le despertaron, y le dijeron: Rabbi, ¿no tienes cuidado que perecemos? 39 Y levantándose, reprendió al viento, y dijo al mar: “Calla, enmudece”. Y cesó el viento, y se hizo grande bonanza. 40 Y les dijo: “¿Por qué estáis así amedrentados? ¿Cómo no tenéis fe?” 41 Entonces temieron con gran temor, y se decían el uno al otro: “¿Quién es éste, que aun el viento y el mar le obedecen?” 

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