lunes, 16 de febrero de 2015

El Camino de los Apóstoles 24


Predicación de Ya’acov

1 Permanecía en Jerusalén Ya’acov hijo de Alfeo de sobrenombre Cleofás, hermano de Joseph de Natzeret, cuando ya había muerto el procurador Festo y todavía no había llegado su sustituto Lucélio Albino y el sadoqueo Anás ben Anás era el Sumo Sacerdote.

2 Y Ya’acov predicaba la Palabra y velaba por toda la congregación de los seguidores del Camino en Jerusalén alentándoles en la fe diciendo: 3 “Escuchen hermanos, todo lo que es bueno y perfecto es un don de lo alto y desciende del Padre de los astros luminosos, en quien no hay cambio ni sombra de declinación. 4 Él les fortalecerá y les guardará. 5 No se dejen engañar por aquellos que se presentan ante ustedes como apóstoles de Yehshua. Muchos fueron los discípulos del Rabbi, pero él solo eligió a doce como sus apóstoles, 6 y solo estos elegidos son sus apóstoles, aunque hay muchos entre los hermanos que son predicadores, pero no son apóstoles”.

7 Y dedicaba mucho tiempo a la meditación buscando la Sabiduría que es don que concede el Paráclito.8 A los discípulos más avanzados les decía: “¿Quieren ustedes alcanzar la sabiduría que les eleve hasta la Divinidad, hasta lo insondable, hasta la compresión de lo no comprendido, hasta el conocimiento del sí y del no, del uno y del eterno?, 9 pídanla al Dios del Universo, porque él da la sabiduría a todos generosamente, sin exigir nada a cambio. 10 Pero pídanla con fe, meditando con profundidad, sin vacilar. 11 La sabiduría que surge de la esfera suprema donde reina la luz es, ante todo, pura; y además, pacífica, benévola y conciliadora; 12 está llena de misericordia y dispuesta a hacer el bien; es imparcial y sincera”.

13 Predicaba Ya’acov en el templo y debatía con los sofer eruditos de la Ley y les decía: “Ustedes por sus tradiciones en ocasiones se niegan hacer el bien, olvidando que aquel que sabe hacer el bien y no lo hace, comete pecado. 14 Ustedes se llaman a sí mismos, sabios, doctores de la Ley. ¿Son ustedes, sabios y entendidos? 15 Demuestren entonces por la buena conducta sus obras en la mansedumbre que es señal de la Sabiduría”.

Propuesta de Anás ben Anás para arrestar a Ya’acov

16 Anás ben Anás era un hombre taimado y ambicioso. Se había propuesto acabar para siempre con todos los seguidores de las enseñanzas de Yehshua en Jerusalén, 17 pero buscaba un momento oportuno para condenar a Ya’acov y a los cristianos más destacados en la ciudad. 18 Y dijo a sus colaboradores, sacerdotes sadoqueos y fariseos radicales: “Pongámosle a este Ya’acov, pariente del crucificado, una celada en la que caiga para poder justificar ante el pueblo que merece ser juzgado ante el Sanedrín, 17 porque es hombre al que el pueblo admira sobremanera”. 20 Esto lo decía el Sumo Sacerdote porque conocía que Ya’acov gozaba de buena reputación no solo entre el pueblo sino también entre muchos de los funcionarios romanos de Jerusalén.

21 Y dijo ben Anás: “Busquen a ese hombre y díganle que mañana, que es un día de gran fiesta y de mucha concurrencia, vaya el patio del templo y predique el nombre del crucificado, porque yo, Sumo Sacerdote, estoy interesado en escuchar su palabra”.

22 Los enviados del Sumo Sacerdote fueron ante Ya’acov y le dijeron lo que había pedido, y agregaron: “Te rogamos que ya que el pueblo siente por ti grande admiración, te presentes ante la multitud y hables lo que tu mente te inspire”.

23 Ya’acov fue entonces al patio del templo y había allí una gran multitud y muchos sadoqueos y fariseos y los principales sacerdotes. 24 Entonces Anás ben Anás tomó la palabra y dijo: “Te rogamos que ya que el pueblo siente por ti grande admiración, nos digas a todos que es falsa la prédica que dice que Yehshua, el crucificado es el Mashíaj, el Redentor, hijo del Dios Altísimo”.

La respuesta de Ya’acov al Sumo Sacerdote

25 Ya’acov habló entonces: “No falsearé los hechos de los que fui testigo. Yehshua, el crucificado por intrigas de los sadoqueos y los fariseos, es el verdadero Hijo de Dios, que vino a nosotros para salvación de los que quieran salvarse. 26 Muchas fueron sus manifestaciones y las maravillas que hizo cuando estaba entre nosotros, solo posibles por los que tienen la mano del Dios del Universo. 27 Como nuevo Moshé, vino para llevarnos a un nuevo mundo y liberarnos de la esclavitud del pecado. 28 Él se levantó de entre los muertos, y lo veremos un día sobre las nubes, brillando con la Luz de la Luz del Universo y rodeado de los santos ángeles del Padre de la Vida”.

Asesinato de Ya’acov


29 Al oír esto, los jefes de los sacerdotes y los fariseos y sadoqueos se llenaron de ira y decían: “Si este hombre sigue hablando, todos los judíos se van a hacer seguidores de Yehshua”. 30 Y lo llevaron a la parte más alta del Templo y desde allá lo echaron hacia el precipicio. 31 Ya’acov desde el suelo tuvo tiempo de decir: “Padre Dios, te ruego que mi sangre les reclame el día del juicio y perdones a aquellos que estos engañaron y pecaron contra ti por mi muerte”.

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