martes, 10 de febrero de 2015

Plegaria para el perdón de los pecados.

 (Atribuida a Manasés, rey de Judá)


1 Padre Todopoderoso, Dios de nuestros padres Abraham, Yitzhak y Ya’acov y de su justa descendencia, 2 que por tu impulso se formó la tierra con todo el universo, 3 que has encadenado el mar con tu imperiosa palabra, que has cerrado y sellado el abismo con tu temible y glorioso nombre, 4 ante quien todas las cosas se estremecen, y tiemblan ante tu poder.

5 Porque tu esplendor glorioso no se puede aguantar, y la cólera de tu amenaza para los pecadores es incalculable; 6 sin embargo, inmensurable e inalcanzable es tu misericordia prometida, 7 pues, Tú, Padre de la Vida, conforme a la generosidad de tu bondad has prometido arrepentimiento y perdón a los que han pecado, y por la abundancia de tu misericordia has fijado penitencia a los pecadores para que se salven; 8 Tú, en efecto, Dios de los justos, no estableciste penitencia para los justos que no pecaron contra Ti, sino que estableciste penitencia para mí, el pecador; 9 porque he cometido pecados más numerosos que las arenas del mar; se han multiplicado mis faltas, Señor, se han multiplicado y no soy digno de tender la mirada y ver la altura del cielo a causa de la multitud de mis faltas.

9b Y ahora, Dios bendito, me encuentro justamente castigado y merecidamente afligido, pues heme aquí cautivo, 10 doblegado por cadena de hierro demasiado fuerte para poder erguir la cabeza a causa de mis pecados, y no hay alivio para mí porque he irritado tu cólera y el mal ante Ti he obrado al haber establecido abominaciones y multiplicado ultrajes.

11 Y ahora inclino la rodilla de mi corazón suplicando tu generosidad.


12 He pecado, Dios del Universo, he pecado y mis faltas yo conozco, 13 pero te imploro suplicante: ¡Aparta de mí tu enojo, Luz del Universo, aparta de mí tu enojo y no me hagas perecer junto a mis faltas ni, eternamente resentido, me prestes atención a mis maldades ni me condenes a los abismos de la tierra! Porque Tú eres el Dios de los que se arrepienten, 14 y en mí mostrarás tu bondad ya que, aun siendo indigno, me salvarás conforme a tu mucha misericordia, 15 y te alabaré por siempre en los días de mi vida, pues himnos te entonan todos tus ángeles y tuya es la gloria por los siglos. Amén.

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