domingo, 8 de febrero de 2015

El Camino de los Apóstoles 23


1 Llegando Bernabé a Salamina vinieron a su encuentro un grupo de cristianos que le recibieron con amor y le dijeron: “Llegas en momentos difíciles para nuestra congregación; 2 porque los judíos de la ciudad, que son numerosos, se revuelven contra nosotros y nos llevan ante las autoridades acusándonos de muchas cosas oprobiosas. 3 Muchos hermanos, temerosos por los ataques se han marchado a Paphos, para de este modo encontrar amparo”.

4 Entonces, Bernabé les dijo: “Tengan esperanzas en el auxilio de Nuestro Señor.  Iré a visitar a las principales sinagogas en la ciudad; quizá, porque he sido conocido en otros tiempos como fiel fariseo, me escuchen”.

5 Pocos días después Bernabé se presentó ante los principales judíos de Salamina y les dijo: “Escuchen hermanos, ¿por qué nos persiguen?; ¿acaso no somos todos descendientes de Abraham y de Ya’acov y adoramos a un mismo Dios? 6 Nosotros seguimos al Bendecido Yehshua que por la tozudez de los sacerdotes de Jerusalén y la ignorancia de los fariseos, fue entregado en mano de los goyim y después de ser ultrajado se le dio muerte de cruz. 7 Nosotros creemos que él es el hijo de Dios, quien vino en carne, para que con su propia muerte, se colmaran los pecados de aquellos que dieron muerte a los portadores de la Voz.

8 Mas la cruz dejó de ser señal de muerte para devenir en señal de resurrección y nueva vida; 9 por ello son dichosos y benditos los que ponen su confianza en la cruz, pues de ella brotan manantiales de aguas vivas. 10 Con la sangre de Yehshua podemos ser purificados para alcanzar el perdón de los pecados”.

11 Una gran algarabía provocaron las palabras de Bernabé, pues entre aquellos que le escuchaban, unos le creían, pero otros se airaban y proferían amenazas en contra de Bernabé y en contra de toda la congregación cristiana. 12 Y aquellos de los obcecados fueron a las sinagogas y acusaron a Bernabé de enseñar la corrupción de la Torá y de blasfemar contra Dios a nombre de Kristo. 13 Y todos a una decidieron que Bernabé debía morir, pues con su predicación infundía fuerza de espíritu entre los cristianos de Salamina y de Paphos.


14 Así un grupo numeroso de judíos fueron hasta la casa donde se hospedaba Bernabé y empleando gran fuerza le tomaron y le llevaron a rastras hasta fuera de los muros de la ciudad donde le apedrearon hasta la muerte. 15 Bernabé les dijo: “Matarán mi cuerpo mas mi alma subsiste y será conducida a la presencia del Señor, por los ángeles servidores del Eterno, mas ustedes no conocerán la paz”. 

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