lunes, 2 de febrero de 2015

El camino de los Apóstoles 22


Bernabé viaja a Salamina

1 Bernabé regresó a Roma y estuvo con Kefa por algunos días, sirviéndole de traductor junto con su sobrino Marcos y Silas. 2  Después de esos días tras recibir noticias de la congregación de Chipre que le reclamaban su presencia decidió, con el acatamiento de Kefa, partir hacia Salamina. 3 Partió Bernabé llevando consigo una carta de Kefa que redactó Silas en lengua griega para las comunidades de Pontus, en Galatia, Kappadocia, Asia y Bitinia que había visitado antes de llegar a Roma.

Paulo en Roma

4 Fue por ese tiempo que Paulo llegó a Roma encadenado bajo custodia y le acompañaban Tito y Loukás. 5 El centurión que tenía a cargo la custodia de Paulo ordenó hacer un alto en la posta de las Tres Tabernae en la Vía Appia para tomar un descanso. 6 Unos judíos que vieron que se trataba de uno de su pueblo, dieron aviso a su comunidad y cuando la comitiva de Paulo llegó a la ciudad de Forum Appi, los judíos salieron a su encuentro. 7 Paulo, al verlos, dio gracias a Dios y se sintió reconfortado con su presencia.

8 Cuando llegaron a Roma, recibió autorización para alojarse en una casa particular con un soldado que lo custodiara. 9 Tres días después Paulo avisó a los judíos principales por medio de Loukás que quería recibirles en el sitio donde se le mantenía bajo custodia, 10 y cuando ellos se presentaron allí, les dijo: “Hermanos, sin haber hecho nada contra el pueblo ni contra las costumbres de nuestros padres, fui arrestado en Jerusalén y puesto en manos de los romanos para ser condenado a la muerte. 11 Pero estos, después de interrogarme, quisieron dejarme en libertad, porque no encontraban en mí nada que mereciera la muerte. 12 Sin embargo, ante la oposición de los sacerdotes que pretendían matarme, me vi obligado a apelar al Emperador, sin querer por esto acusar en nada a mi pueblo. 13 Por eso he querido verlos y hablarles, ya que a causa de la esperanza de Yisraeil y del mensaje del resucitado Yehshua, en quien pongo mi confianza, llevo estas cadenas”.

14 Ellos le respondieron: “Nosotros no hemos recibido de Judea ninguna carta referente a ti, y ninguno de los hermanos que vinieron nos han contado nada que te sea desfavorable. 15 Pero ahora quisiéramos oírte exponer lo que piensas, porque sabemos que esta secta de los nazarenos encuentra oposición en todas partes incluso en Roma”.

15 Entonces fijaron un día para encontrarse con él, y fueron a verlo en mayor número al lugar donde se alojaba. Paulo les habló durante todo el día sobre el Reino de Dios, dándoles toda clase de testimonio y tratando de persuadirlos para que creyeran en el Kristo Yehshua, basándose en las tradiciones desde Moshé y los Profetas. 16 Unos se convencían con sus palabras, pero otros se resistían a creer, 17 y mientras ellos se retiraban sin haberse puesto de acuerdo, Paulo dijo solo esta frase: “Son muy ciertas las palabras que el Espíritu Santo dijo a los padres de ustedes, por medio del profeta Ieshaiá: 18 Ve a decir a este pueblo: ‘Por más que oigan no comprenderán, por más que vean, no conocerán. 19 Porque el corazón de este pueblo se ha endurecido, se taparon los oídos y cerraron los ojos, por temor de que sus ojos vean, que sus oídos oigan, que su corazón comprenda, que se conviertan, y que yo los cure’. 20 Sepan entonces que esa salvación de Dios va a ser anunciada a los goyim. Ellos sí que la escucharán”.

21 Limitado en sus movimientos Paulo no sabía que Kefa se encontraba en Roma. Así vivió dos años practicando su oficio y recibiendo a los judíos que se habían convertido por su palabra a los que proclamaba en lengua aramea el Reino de Dios y les hablaba de la muerte y de la resurrección de Yehshua. 22 Pero ninguno de aquellos judíos conversos pudo ser bautizados hasta tiempo después cuando se encontraron con la congregación cristiana que crecía en Roma con la palabra de Kefa.

23 Festo había muerto por lo que Nerón tenía que decidir quién le reemplazaría en Palestina. Entre los propuestos estaba uno de nombre Lucélio Albino. 24 Entonces alguien recordó el Acta de Festo sobre el caso de Paulo y le consultaron a Nerón qué se debía hacer con aquel judío de la secta de los nazarenos. 25 Dijo entonces Nerón: “Me aburren con esas historias. Si los suyos lo creen un criminal, no tengo porqué recibirle. Llévenle a prisión y cúmplase la petición de los sacerdotes de Judea”.


26 Entonces fue llevado Paulo a la prisión cargando cadenas para ser ejecutado. Paulo reclamó su condición de ciudadano romano por lo que, en lugar de crucificarle, le decapitaron con un golpe de espada, mientras el oraba en voz alta al Dios del Universo.

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