1 ¡Tiemblen los malvados! No crean los
poderosos que escaparán a la ira de Dios.
2 Porque aunque el Dios del Universo es
lento para la ira y tierno para el perdón, no dejará sin su pago a los
malhechores; 3 a los que oprimen al humilde; a los que
asesinan sin piedad.
4 Los malvados se reúnen y urden planes
homicidas. No tienen temor de Dios y se disponen al mal.
5 La Suprema Inteligencia no quiere ser
temido, pero es Dios de justicia.
6 Que no le teman los justos, ni los
humildes, ni los humillados, ni los que se afanan haciendo el bien, ni los que
encuentren arrepentimiento.
7 Mas, tiemblen los que le quitan el pan a
los pobres; 8 los que agavillados asesinan y violan:
para ellos no hay piedad. 9 Sus bandas no les librarán del castigo
que se avecina.
10 Los ángeles de la Luz están vigilantes.
11 Los ángeles juzgan con severidad el mal
que hacen los poderosos.
12 ¡Ay de aquellos que en sus arrebatos
asesinan usando el nombre Divino para justificar sus vilezas; 13 los que hacen del Pacto Divino patíbulo para
los fieles!
14 Los ángeles tienen a la mano la espada de
la ira. 15 La blanden sobre las cabezas de los
homicidas múltiples, de los homicidas formados en legiones de mal.
16 No hay perdón para ellos. No, no tienen
perdón. El día de la ira se acerca para ellos.
17 No encontrarán refugio, ni en lo profundo
de la tierra, ni en oscuras cavernas, ni en los altos picos de los montes. 18 Ni la muerte les librará de la muerte.

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