jueves, 3 de septiembre de 2015

Las Cartas de Paulo de Tarsos y el libro La Suprema Inteligencia


En el libro La Suprema Inteligencia no se reproducen íntegramente las cartas de Paulo, sino un resumen de las enseñanzas paulinas presentes en ellas y presentadas sistemáticamente según sus diferentes temas.

El cristianismo tal y cual aparece en la actualidad es en realidad una fusión de tres líneas de enseñanzas, el judeocristianismo representado por Mattai, Ya’acov el Menor y Yehudah Tadeo; el cristianismo joánico expresado en el evangelio y las cartas de Yojanán apóstol y el cristianismo gentil-fariseo desarrollado por Paulo de Tarsos y Loukás. Dentro del cristianismo actual predominan dos corrientes, las basadas en los escritos y la tradición con aportes de la patrística, y las basadas en solo la Biblia. Aparte se quedan los Cristianos de Tau’ma (Tomás apóstol) y la Iglesia Ortodoxa Copta ambos originados en el siglo I, los primeros en Kerala, India y los segundos surgidos de la predicación de Yojanán Marcos en Egipto.

Saulo Paulo de Tarso fue un celoso fariseo que primero fue un feroz perseguidor del Camino para convertirse posteriormente en un apóstata del judaísmo y abrazarse al cristianismo luego de su “milagrosa” conversión en el camino de Damasco, donde, según él, tuvo una revelación o tuvo una visión del mismo Kristo. Solo él confirma tal aparición de Kristo y no podemos estar seguros si en realidad Kristo se le presentó en el camino diciéndole: “Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues?” o si se trata de una invención propia.

Ahora bien con independencia de si la “revelación” fue o no un mito, la realidad es que Paulo se dio por entero con fanático entusiasmo a proclamar el nuevo credo. ¿Cómo es posible tal cambio siendo él no un simple fariseo sino todo un erudito de la Torá y el Tanaj, un reconocido maestro educado “a los pies” del sabio Gamaliel? Paulo poseía una sólida formación cultural greco-judaica, hablaba fluidamente el griego y el latín, así como el hebreo y el arameo. Su nivel cultural era muy superior al de los humildes pescadores que seguían a Yehshua. Y él lo sabía muy bien. Por esto vio las posibilidades que se escondían dentro de la doctrina cristiana y se entregó a la tarea de crear una nueva secta con elementos tomados de la doctrina de los fariseos y la cultura del mundo greco romano.

Se proclamó a sí mismo como apóstol y desconoció por completo a los iletrados apóstoles de Yehshua para iniciar, por su cuenta, la predicación de la palabra de Kristo de la que no tenía el menor conocimiento, Nunca en su prédica citará alguna frase de Yehshua, las frases conque sustentaba sus doctrinas las tomaba de la versión del Tanaj  en la Septuaginta. Con él, el cristianismo fue argumentado con tesis farisaicas, Yehshua quedaba relegado a una figura de inspiración. En su boca Yehshua se hizo ira. Su labor dio origen a una jerarquía eclesiástica que nunca figuró en las intenciones de Yehshua Kristo.

Los temas de Paulo recogidos en el libro son tomados principalmente de las siete cartas reconocidas como de su propia autoría, tales como la Primera epístola a los tesalonicenses; la Epístola a los filipenses; las dos epístolas a los corintios; la Epístola a los gálatas; la Epístola a Filemón y la  Epístola a los romanos. De las cartas consideradas pseudoepigráficas, y atribuidas a discípulos de Paulo, tales como la Segunda epístola a los tesalonicenses, la epístola a los colosenses, la epístola a los efesios, la primera y segunda a Timoteo y la epístola a Tito[1], se han tomado solo algunas citas y se recogen en La Suprema Inteligencia escritas en letra bastardilla.

En el libro La Suprema Inteligencia se toma lo que de útil teológicamente hay en las enseñanzas de Saulo de Tarsos y se omiten todas sus manifestaciones farisaicas, sus opiniones particulares, sus argumentos que a favor de sí mismo esgrime con evidente falta de modestia. No se incluyen sus mensajes misóginos ni sus conceptos de intolerancia hacia unos y otros, ni tampoco las recomendaciones que hacía con respecto a problemas concretos surgidos en las congregaciones por él fundadas.

Esto que a continuación citamos son algunos aspectos que se consideró en La Suprema Inteligencia para descartar mucho de lo contenido en el paulismo.

En la primera carta a los corintios, Paulo se explaya a lo largo del capítulo 7 a favor del celibato [Es bueno para el hombre abstenerse de la mujer (1Cor 7:1)] y da consejos sobre cómo debiera ser el matrimonio y los deberes maritales.
 
Sus opiniones al respecto son solo sus opiniones y no hay que tomarlas como “palabras de Dios”, aunque él mismo se declare portador del Espíritu de Dios para dar sus consejos: “Ahora bien, yo creo tener el Espíritu de Dios” (1Cor 7:40)

El capítulo 9 de 1Cor es un conjunto de las quejas de Paulo y de defensa de ser considerado apóstol. Toda una autoapología, al igual que en el capítulo 6 versículos 1 al 13 y los capítulos 10 al 12 de su segunda carta a los corintios. En la carta a los gálatas vuelve Paulo a hablar a su favor en los capítulos 1 y 2. Al mismo tiempo que reclama que no recibió ni aprendió las enseñanzas que transmitía “de ningún hombre, sino por revelación de Kristo”, asegurando además que Dios le había elegido desde el seno de su madre. Así, justificándose en esta elección divina, comenta: “sin subir a Jerusalén para ver a los que eran Apóstoles antes que yo, me fui a Arabia y después regresé a Damasco”, es decir, desconociendo la autoridad de los verdaderos apóstoles y luego confiesa: “En cuanto a los dirigentes —no me interesa lo que hayan sido antes…”, los “dirigentes” a los que se refiere son los apóstoles elegidos por Yehshua para la predicación.

En el capítulo 10 de 1Cor, Paulo hace una exposición de normas inspiradas en su educación farisea, con muchas referencias al Tanaj y ninguna a la palabra de Yehshua, que por supuesto no le conoció en vida.

El capítulo 11 de 1Cor, se muestra el profundo machismo paulista: “…quiero que sepan esto: Kristo es la cabeza del hombre; la cabeza de la mujer es el hombre y la cabeza de Kristo es Dios (…) El hombre, no debe cubrir su cabeza, porque él es la imagen y el reflejo de Dios, mientras que la mujer es el reflejo del hombre. En efecto, no es el hombre el que procede de la mujer, sino la mujer del hombre; ni fue creado el hombre a causa de la mujer, sino la mujer a causa del hombre”  (1Cor 11:3,7-9).

En Romanos 1:26-28,32, Paulo da una idea deformada de Dios cuando dice que aquellos entre los idólatra que “no se preocuparon por reconocer a Dios, él los entregó a su mente depravada para que hicieran lo que no se debe”. En su gran amor y piedad, ¿haría Dios tal cosa: dejar que aquellos se depravaran más e hicieran lo que no se debe? ¿Acaso Dios no estaría condenando al que, por ignorancia, por tradición no tuviera noticia del Dios de la Vida y adoraran lo que sus mayores les había enseñado?

En estos versículos se pone de manifiesto el fariseísmo conservador de Saulo declarando como depravados a los homosexuales, negándoles tajantemente el derecho de ser hijos de Dios: “Por eso, Dios los entregó también a pasiones vergonzosas: sus mujeres cambiaron las relaciones naturales por otras contrarias a la naturaleza. Del mismo modo, los hombres, dejando la relación natural con la mujer, ardieron en deseos los unos por los otros, teniendo relaciones deshonestas entre ellos y recibiendo en sí mismos la retribución merecida por su extravío. Y como no se preocuparon por reconocer a Dios, él los entregó a su mente depravada para que hicieran lo que no se debeY a pesar de que conocen el decreto de Dios, que declara dignos de muerte a los que hacen estas cosas, no sólo las practican, sino que también aprueban a los que las hacen”. Nada semejante salió de la boca de Yehshua, aunque cierto es que Paulo jamás oyó la voz de Yehshua porque él no conoció en vida a Yehshua.

En Romanos 13 aparece una exhortación al respeto a las autoridades (Rom 13:1-7). Paulo declara de entrada que “no hay autoridad que no provenga de Dios y las que existen han sido establecidas por él”. ¡Craso error! Dios no establece gobierno alguno. Todo gobierno surge del actuar del hombre, de la estructura de cada sociedad, de su sistema económico. ¿Acaso Dios establece un gobierno dictatorial que oprime, reprime, despoja y mata? Resistirse a un gobierno tiránico ¿puede conllevar la condenación de Dios, tal como deja dicho el predicador en el versículo 2 de ese capítulo? Paulo, ¿será ciertamente Paulo?, lo dice: “…el que resiste a la autoridad se opone al orden establecido por Dios, atrayendo sobre sí la condenación”. ¿Acaso no es una falacia lo que, supuestamente afirma Paulo, en el versículo 3?: “Los que hacen el bien no tienen nada que temer de los gobernantes, pero sí los que obran mal. Si no quieres sentir temor de la autoridad, obra bien y recibirás su elogio”.

¿Acaso los primeros cristianos, el mismo Paulo y Kefa, recibieron elogios de los emperadores romanos por obrar bien? Las cruces, el circo romano, la decapitación, no son muestras evidentes de u supuesto elogio de los Césares.

¿Debemos, en todo momento seguir el consejo que nos da Paulo?: “…la autoridad es un instrumento de Dios para tu bien. Pero teme si haces el mal, porque ella no ejerce en vano su poder, sino que está al servicio de Dios para hacer justicia y castigar al que obra mal”.  

Roma, la que se consideró como la Gran Babilonia, ¿estaba al servicio de Dios para hacer justicia y castigar al que obra mal? Evidentemente no.

Así es que ¿“los gobernantes, en efecto, son funcionarios al servicio de Dios encargados de cumplir este oficio”? ¿Estaba Adolfo Hitler al servicio de Dios? ¿Lo estaba Stalin?

Mejor es el consejo dado en el versículo 7: “Den a cada uno lo que le corresponde: al que se debe impuesto, impuesto; al que se debe contribución, contribución; al que se debe respeto, respeto; y honor, a quien le es debido”. Es válido entonces el corolario de no dar respeto ni honor al que no lo merece. ¿Cuál es, por tanto, la posición que debe asumir el cristiano ante las autoridades gubernamentales? Respeto, si, respetar la autoridad legítimamente ganada, cumplir con las leyes fundadas en el ánimo del bienestar general, en el derecho y en la justicia y rechazar cualquier ley que menoscabe la dignidad humana. Actuar como el Bautista ante Herodes y condenar lo perverso y tener bien claro el concepto de Yehshua de al César lo del César y a Dios lo de Dios, siendo esta la primera formulación del concepto de separación de la Iglesia y el Estado.

Partiendo de este juicio de Yehshua ¿debe el cristiano participar en la política o abstenerse  de participar en ella? El cristiano espera la vida venidera que se encuentra en las promesas de Dios de un mundo y un universo nuevos, pero mientras se espera por el cumplimiento de estas promesas, el cristiano vive en el mundo, no vive para el mundo pero vive en él; por tanto nada impide que el cristiano actúe en política para que el gobierno sea legal, transparente y ajustado a Derecho, teniendo al mismo tiempo la convicción de que no debe mezclar en un mismo proceso, política y fe. De este modo, haga el cristiano como le dicte su conciencia si debe participar en política o si no debe hacerlo. Es su decisión.

Pasando por alto esta digresión digamos que es muy probable que los versículos del capítulo 13 de la carta a los romanos debe haber sido un añadido posterior por algún copista para justificar el cesaropapismo del siglo IX o en el siglo IV luego del Edicto de Tesalónica decretado por el Emperador Teodosio por el cual el cristianismo pasaba a ser religión oficial del imperio romano. Esto queda evidenciado cuando se cotejan los enunciados del capítulo 12 cuyo tema central es el amor fraterno y el amor al enemigo, temas que se continúan en los versículos 8 al 14 del capítulo 13.

Finalmente debemos dejar establecido que las enseñanzas de Paulo que se recogen el La Suprema Inteligencia son solo enseñanzas teológicas de valor; pero nunca pueden ser consideradas como emitidas por Dios. No son Palabra de Dios.



[1] Según Raymond Edward Brown (sacerdote católico estadounidense y un académico experto en exégesis bíblica de renombre mundial), el 80-90 % de la crítica considera pseudónimas la Epístola a Tito, la Primera epístola a Timoteo y la Segunda epístola a Timoteo.15 También señala que el 80 % más o menos de la crítica considera pseudónima la Epístola a los efesios; el 60 % de la crítica considera pseudónima la Epístola a los colosenses; y aproximadamente el 50 % de la crítica considera pseudónima la Segunda epístola a los tesalonicenses, aunque esta última opinión va en aumento.

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