III
Abraham
1 Abraham es nuestro padre a los ojos de
aquel en quien creyó: el Dios que da vida a los muertos y llama a la existencia
a las cosas que no existen.
2 Esperando contra toda esperanza, Abraham
creyó y llegó a ser padre de muchas naciones, como le había anunciado el
mensajero de la Luz: “Así será tu descendencia”. Por eso, la fe de Abraham le fue tenida en
cuenta para su justificación. 3 Por eso cuando se dice: “Dios tuvo en
cuenta su fe”, no se refiere únicamente a Abraham, sino también a nosotros, que
tenemos fe en aquel que resucitó a Yehshua, el cual fue entregado por nuestros
pecados y resucitado para nuestra justificación.
IV
Yehshua
es el rescate
1 A aquel que no conoció el pecado, Dios lo
identificó con el pecado en favor nuestro, a fin de que nosotros seamos
justificados por él.
2 Justificados, entonces, por la fe,
estamos en paz con Dios, por medio de nuestro Señor Yehshua. Por él hemos alcanzado, mediante la fe, la
gracia en la que estamos afianzados, y por él nos gloriamos en la esperanza de
la gloria de Dios. 3
Más aún, nos gloriamos hasta de las mismas tribulaciones, porque sabemos
que la tribulación produce la constancia;
la constancia, la virtud probada, la esperanza.
4 Y la esperanza no quedará defraudada,
porque el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por el
Paráclito, el Espíritu Santo, que nos ha sido dado.


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