sábado, 23 de mayo de 2015

Las Enseñanzas de Saulo de Tarso 3 y 4

III


Abraham

1 Abraham es nuestro padre a los ojos de aquel en quien creyó: el Dios que da vida a los muertos y llama a la existencia a las cosas que no existen.

2 Esperando contra toda esperanza, Abraham creyó y llegó a ser padre de muchas naciones, como le había anunciado el mensajero de la Luz: “Así será tu descendencia”.  Por eso, la fe de Abraham le fue tenida en cuenta para su justificación. 3 Por eso cuando se dice: “Dios tuvo en cuenta su fe”, no se refiere únicamente a Abraham, sino también a nosotros, que tenemos fe en aquel que resucitó a Yehshua, el cual fue entregado por nuestros pecados y resucitado para nuestra justificación.

IV


Yehshua es el rescate

1 A aquel que no conoció el pecado, Dios lo identificó con el pecado en favor nuestro, a fin de que nosotros seamos justificados por él.

2 Justificados, entonces, por la fe, estamos en paz con Dios, por medio de nuestro Señor Yehshua.  Por él hemos alcanzado, mediante la fe, la gracia en la que estamos afianzados, y por él nos gloriamos en la esperanza de la gloria de Dios. 3  Más aún, nos gloriamos hasta de las mismas tribulaciones, porque sabemos que la tribulación produce la constancia;  la constancia, la virtud probada, la esperanza.


4 Y la esperanza no quedará defraudada, porque el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por el Paráclito, el Espíritu Santo, que nos ha sido dado.

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