domingo, 3 de mayo de 2015

Libro de la Sabiduría de Yehshua ben Sirac X y XI

X

No fiarse de las apariencias

1 La sabiduría del humilde le hace erguir la frente, y lo hace sentar en medio de los poderosos.

2 No alabes a un hombre por su buena presencia ni desprecies a nadie por su aspecto. 3 La abeja es pequeña entre los insectos, pero lo que produce es más dulce que todo.

4 No te gloríes de la ropa que te cubre ni te enorgullezcas en los días de gloria, porque las obras de Dios son admirables y están ocultas a los ojos de los hombres.

5 Muchos potentados se hundieron en el deshonor y hombres ilustres cayeron en manos de otros.

La prudencia y la reserva

6 No censures antes de averiguar: reflexiona primero, y luego reprocha.  7 No respondas antes de escuchar y no interrumpas cuando otro habla. 8 No discutas sobre lo que no te corresponde ni te entrometas en las disputas de los pecadores.

La moderación en las ambiciones

9 Hijo mío, no pretendas hacer demasiadas cosas: si lo haces, no quedarás libre de culpa. Si pretendes demasiado, no lo alcanzarás y aunque quieras huir, no escaparás.

10 Hay quien se esfuerza, se fatiga y se apura, y tanto más desprovisto se ve. 11 Otro es débil, necesitado de ayuda, falto de fuerza y lleno de privaciones; pero el Padre de Justicia lo mira con bondad y lo levanta de su humillación; 12 Yahvahé le hace erguir la frente y muchos quedan maravillados a causa de él.  

La confianza en Dios

13 Bienes y males, vida y muerte, pobreza y riqueza vienen del Dios de la Vida. 14 el don del Padre de Justicia permanece con los buenos y su benevolencia les asegura el éxito para siempre.

15 Un hombre se enriquece a fuerza de empeño y ahorro, ¿y qué recompensa le toca? 16 Cuando dice: “Ya puedo descansar, ahora voy a disfrutar de mis bienes”, él no sabe cuánto tiempo pasará hasta que muera y deje sus bienes a otros.

17 No admires las obras del pecador: confía en Yahvahé y persevera en tu trabajo, porque es cosa fácil a los ojos de Dios enriquecer de un solo golpe al indigente.  

18 La bendición de Dios es la recompensa de los buenos, y en un instante él hace florecer su bendición.

19 No digas: “¿Qué me hace falta? ¿Qué bienes puedo esperar todavía?”. 20 No digas: “Ya tengo bastante; ¿qué males pueden sobrevenirme aún?”.

21 En los días buenos se olvidan los malos, y en los malos, se olvidan los buenos. 22 Porque es fácil para Dios, en el día de la muerte, retribuir a cada hombre según su conducta.

23 Una hora de infortunio hace olvidar la dicha, y las obras de un hombre se revelan al fin de su vida.

24 No proclames feliz a nadie antes que llegue su fin, porque sólo al final se conoce bien a un hombre.

XI

La felicidad del justo

1 ¡Feliz el hombre que no ha faltado con su lengua ni es atormentado por el remordimiento! 2 ¡Feliz el que no tiene que reprocharse a sí mismo y no ve desvanecerse su esperanza!

La avaricia y la envidia

3 ¿De qué le sirve la riqueza al mezquino y para qué tiene el avaro su fortuna? 4 El que acumula, privándose de todo, acumula para otros, y otros se darán buena vida con sus bienes.

5 El que es malo consigo mismo ¿con quién será bueno? Ni él mismo disfruta de su fortuna. 6 No hay nadie peor que el avaro consigo mismo, y ese es el justo pago de su maldad. 7 Si hace algún bien, lo hace por descuido, y termina por revelar su malicia.

8 Es un malvado el que mira con envidia, el que da vuelta la cara y menosprecia a los demás.

9 El ojo del ambicioso no está satisfecho con su parte y la ruindad reseca el alma. 10 El miserable mezquina el pan y tiene su mesa siempre vacía.

El gozo moderado de los bienes de la vida

11 En la medida de tus recursos, vive bien, hijo mío, y presenta a Adonai ofrendas de amor y de justicia.

12 Recuerda que la muerte no tardará y que el decreto de lo Insondable no te ha sido revelado. 13 Antes de morir, haz el bien a tu amigo y dale con largueza, en la medida de tus fuerzas.

14 No te prives de un día agradable ni desaproveches tu parte de gozo legítimo. 15 ¿Acaso no dejarás a otro el fruto de tus trabajos, y el de tus fatigas, para que lo repartan en herencia? 16 Da y recibe, olvida tus preocupaciones, porque no hay que buscar delicias en lo Insondable.

17 En el follaje de un árbol tupido, unas hojas caen y otras brotan: así son las generaciones de carne y de sangre, una muere y otra nace. 18 Toda obra corruptible desaparece y el que la hizo se irá con ella.

La felicidad del sabio


19 ¡Feliz el hombre que se ocupa de la sabiduría y el que razona con inteligencia, 20 el que reflexiona sobre los caminos de la sabiduría y penetra en sus secretos! 21 Él la sigue como un rastreador y se queda al acecho de sus pasos; 22 espía por sus ventanas y escucha atentamente a sus puertas; 23 busca albergue cerca de su casa y clava una estaca en sus muros; 24 instala su carpa cerca de ella y se alberga en la mejor de las moradas; 25 pone a sus hijos bajo el abrigo de ella y vive a la sombre de sus ramas: 26 ella lo protege del calor y él habita en su gloria.

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