Cuando
en el libro La Suprema Inteligencia se habla de los ciclos de vida que han de
transcurrir aquellos que no hayan alcanzado la perfección espiritual, por lo
general, los que siguen al pie de la letra lo escrito en la Biblia afirman que
este concepto no es bíblico. Y responderemos: Sí, ciertamente este concepto no
aparece expresado literalmente en la Biblia. Pero el que no se exprese de
manera literal no quiere decir que el concepto de los nuevos siclos de vida, o
si se quiere, de la rencarnación, esté rechazado expresamente en el libro; de
hecho, la noción de la rencarnación está insinuada de manera muy clara en los
escritos.
En
el libro de Mattai (Mateo) hay un reconocimiento explícito del tránsito por
nuevos ciclos de vida. Veamos en Mt 12:31-32 lo que dice Yehshua sobre la
blasfemia contra el Espíritu Santo:
Por eso les digo: a los
hombres se les perdonarán todos sus pecados y blasfemias, pero la blasfemia
contra el Espíritu no se les perdonará. Al que hable contra el Hijo del hombre
se le perdonará, pero al que hable contra el Espíritu Santo no se le perdonará ni en esta vida ni en la otra.
Las
últimas palabras de esta perícopa en el texto griego se escriben: Τούτῳ τῷ αἰῶνι
οὔτε ἐν τῷ μέλλοντι, donde Αἰών (aión) significa,
un ciclo o periodo de tiempo, y μέλλοντι (mélonti) quiere decir, venidero, por
tanto la traducción de la frase será: “ni en este tiempo ni en el venidero” o
“ni en esta vida ni en la venidera”.
En
Marcos 3:28, 29 se toma el mismo tema:
Les aseguro que todos los
pecados y blasfemias se les perdonarán a todos por igual excepto a quien
blasfeme contra el Espíritu Santo. Éste no tendrá perdón jamás; es culpable de
un pecado eterno.
Es
decir, se trata de un pecado que “no tiene principio ni fin”, que nunca ─ en
ningún tiempo ─ será perdonado; o lo que es lo mismo: ni en esta vida ni en la
venidera, o también: ni en este ciclo de vida ni en el venidero.
Veamos
lo que dijera el profeta Malʼakii (Malaquías) en Mal. 4:5,6:
He aquí, yo os envío a Eliyahu
el profeta antes que venga el día de Yahvahé, grande y terrible. Él hará volver
el corazón de los padres hacia los hijos, y el corazón de los hijos hacia los
padres, no sea que yo venga y hiera la tierra con maldición.
La
poesía del libro redactado por Yirmiyahu (Jeremías) en el Segundo de Reyes 2:11
sustituye la muerte física de Eliyahu por la hermosa fantasía de haber sido
raptado por dos carros de fuego que le llevaron al cielo en un torbellino, pero
luego Malʼakii anuncia que “regresaría” ¿reencarnaría? Antes de la llegada del
Mashíaj.
Si
Yehshua es el Mashíaj, el Kristo, antes tenía que volver a encarnar Eliyahu. Si
Eliyahu no hubiera retornado a la vida, entonces, proféticamente, Yehshua no se
habría podido manifestar como el Kristo, porque sí es como dice la profecía:
Eliyahu regresará “antes que venga el día de Yahvahé”.
Pero
¿apareció Eliyahu antes que se manifestara Yehshua como el Kristo? Esto es lo
que dijo Yehshua sobre el Bautista de acuerdo con Mattai 7-15:
“¿Qué salisteis a ver al desierto? ¿Una caña
sacudida por el viento? ¿O qué salisteis a ver? ¿A un hombre cubierto de
vestiduras delicadas? He aquí, los que llevan vestiduras delicadas, en las
casas de los reyes están. Pero ¿qué salisteis a ver? ¿A un profeta? Sí, os
digo, y más que profeta. Porque éste es de quien está escrito: He aquí, yo envío mi mensajero delante de
tu faz, el cual preparará tu camino delante de ti. De cierto os digo: Entre
los que nacen de mujer no se ha levantado otro mayor que Yojanán el Bautista;
pero el más pequeño en el reino de los cielos, mayor es que él. Desde los días
de Yojanán el Bautista hasta ahora, el reino de los cielos sufre violencia, y
los violentos lo arrebatan. Porque todos los profetas y la ley profetizaron
hasta Juan. Y si queréis recibirlo, él
es aquel Eliyahu que había de venir. El que tiene oídos para oír, oiga”.
Yehshua
cita lo anunciado por Malʼakii 3:1 “el mensajero que preparará el camino”; y
ese mensajero lo identifica con Yojanán en concordancia con lo expresado por
Malʼakii en la perícopa antes citada. Yojanán es aquel Eliyahu (del que se
decía) que había de venir.
No
obstante Yojanán negó ser Eliyahu de acuerdo con el relato del apóstol Yojanán
en 1:19-21:
“Este es el testimonio de Yojanán, cuando los
judíos enviaron de Yerushaláyim sacerdotes y levitas para que le preguntasen:
¿Tú, quién eres? Confesó, y no negó, sino confesó: Yo no soy el Cristo. Y le
preguntaron: ¿Qué pues? ¿Eres tú Elías? Dijo: No soy. ¿Eres tú el profeta? Y
respondió: No”.
A
continuación los fariseos le cuestionan diciendo: “¿Por qué, pues, bautizas, si tú no eres el Kristo, ni Eliyahu, ni el
profeta?” Él les responde: “Yo
bautizo con agua; pero en medio de ustedes está uno a quien ustedes no conocen.
Este es el que viene después de mí, el que es antes de mí, del cual yo no soy
digno de desatar la correa del calzado…” El viene después de mi… es decir,
Yojanán, de hecho está reconociendo que él es un precedente de la llegada del
Mashíaj.
Si
el Bautista declara que no es “el Eliyahu que había de venir” en apariencias se
establece entonces una contradicción entre lo afirmado por Yehshua y lo
reconocido por el Bautista. Dos proposiciones, entonces, de las cuales una debe
ser falsa. ¿Mintió Yehshua?
No,
no mintió pese a la negativa del Bautista sobre su condición. Se reencarna en
espíritu (alma) en un cuerpo material. Yojanán era él, Yojanán, pero en su
espíritu era Eliyahu, lo que evidentemente él desconocía; no tenía visión de la
memoria astral que le hiciera ver su anterior ciclo de vida. Pero Yehshua sí tenía
el poder de ver en el interior de los hombres. En Yojanán 2:24-25 se lee:
“Pero
Yehshua, por su parte, no se confiaba a ellos, porque conocía a todos, y no
tenía necesidad de que nadie le diera testimonio del hombre, pues Él sabía lo que había en el hombre”.
Yehshua
sabía lo que había en el interior de los hombres y podía ver que dentro de la
figura humana de Yojanán el Bautista, se encontraba alojada el alma del profeta
Eliyahu. La obra de los profetas había concluido con la aparición del Bautista,
del Eliyahu reencarnado, y a partir de Yojanán y tras el encarcelamiento de
Yojanán comenzaría entonces la manifestación del Kristo.
El
Kristo tendría entonces que manifestarse después de Yojanán.
El
concepto de nuevos ciclos de vida, quizá sea catalogado como teología de
segunda oportunidad como se califica al dogma católico del Purgatorio. El Papa
Benedicto XVI, en un encuentro celebrado 7 de febrero de 2008 con los párrocos
y el clero de Roma, habló sobre el dogma del Purgatorio diciendo: “…el purgatorio, que para mí es una verdad tan
obvia, tan evidente y también tan necesaria y consoladora, que no puede faltar”.
Esto también se puede argumentar en defensa del concepto de los nuevos ciclos
de vida diciendo: “Par mí es una verdad tan obvia, tan evidente y también tan
necesaria y consoladora, que no puede faltar”. Faltaría agregar que el
transcurrir por nuevos ciclos de vida, es, además, una oportunidad que, el gran
amor de Dios por sus hijos, les permite a los que no hayan alcanzado la
perfección espiritual de regeneración en nuevos ciclos de vida para librarse
del karma negativo que hayan creado durante su existencia sin necesidad de ser
condenados a padecer en “un lugar
nebuloso, lleno de fuego (donde son confinadas) una multitud de almas sufrientes”, como describiera el purgatoria
la monja canonizada santa el 30 de abril del 2000, Faustina Kowalska (1905 –
1938) en una visión que afirmó haber recibido guiada por el “ángel de la
guarda”. Las visiones de una monja enajenada no pueden ser consideradas como artículo
de fe imbatible.
El
dogma del Purgatorio nace con Gregorio Magno, Papa desde el 590 hasta su muerte
en el 604. En sus Diálogos expuso su tesis del purgatorio como lugar de
reparación para los que murieron con pecados considerados veniales:
Respecto a ciertas faltas
ligeras, es necesario creer que, antes del juicio (final), existe un fuego
purificador, según lo que afirma Aquel que es la Verdad, al decir que si alguno
ha pronunciado una blasfemia contra el Espíritu Santo, esto no le será perdonado
ni en este siglo, ni en el futuro (Mt 12, 31). En esta frase podemos entender
que algunas faltas pueden ser perdonadas en este siglo, pero otras en el siglo
futuro.
(Gregorio Magno, Diálogos 4, 39)
Ya
hemos señalado antes que el texto de Mattai 12, 31 redactado en griego no se
traduce como “este siglo” y “siglo futuro” sino como “ni en este tiempo ni en
el venidero”. ¿Cuál es el tiempo venidero? Sin dudas un tiempo que se
presentará en un futuro post mórtem física.
En
el Primer Concilio Ecuménico de Lyon de 1245 quedó definido el Dogma del
Purgatorio afirmándose “que las almas de
aquellos que mueren, recibida la penitencia, pero sin cumplirla; o sin pecado
mortal, pero sí veniales y menudos, son purificados después de la muerte y
pueden ser ayudados por los sufragios de la Iglesia…”. En el Segundo
Concilio de Lyon de 1274 se retoma el tema del Purgatorio estableciendo que los
pecadores si “verdaderamente arrepentidos
murieren en caridad antes de haber satisfecho con frutos dignos de penitencia
por sus comisiones y omisiones, sus almas son purificadas después de la muerte
con penas purgatorias (…) y para
alivio de esas penas les aprovechan los sufragios de los fieles vivos…”
Finalmente
el dogma del Purgatorio fue ratificado en la XXV sesión del Concilio de Trento
celebrada el 3 y 4 de diciembre de 1563, estableciendo: “Habiendo la Iglesia católica (…) enseñado en los sagrados concilios, y últimamente en este general de
Trento, que hay Purgatorio; y que las almas detenidas en él reciben alivio con
los sufragios de los fieles…”
De
acuerdo con Thomas Hale y Stephen Thorson (Apliquemos
La Palabra Comentario Del Nuevo Testamento), en “la época del Nuevo
Testamento, la gente creía que el espíritu de una persona muerta tenía más
poder del que había tenido cuando vivía”, de aquí que al ver los milagros
realizados por Yehshua pensaron que era el bautista que había resucitado, aunque
este no hubiera realizado ningún milagro. Herodes también creía que Yehshua era
Yojanán resucitado pero, según estos autores citados, “por una razón especial”
para creerlo; él había dado muerte al Bautista y, por tanto, temía que su
espíritu “había regresado a castigarle”.
Aunque
no hay evidencias arqueológicas de ello, es evidente que entre los
contemporáneos de Yehshua había una tradición de creencia en la rencarnación,
lo que se deduce de los propios evangelios canónicos, donde se muestra
elementos de estas creencias presentes en las interrogantes que entre la gente
común se hacían con respecto a la figura de Yehshua, tal y como lo dicho sobre
el temor de Herodes.
Un
enfoque interesante en este sentido lo ofrece el trabajo aparecido en 144000
net de un autor anónimo. Según este enfoque entre los contemporáneos palestinos
de Yehshua
“existía ya la noción y el
conocimiento aceptado de la ley de reencarnación del espíritu lo demuestra el
siguiente versículo, totalmente innecesario si el caso contrario hubiese sido
lo verdadero: Otros decían: Es Elías. Y otros decían: Es un profeta, o alguno
de los profetas. Marcos 6:14,15.
Y
agrega que la noción de rencarnación era tan normal entre los palestinos que de
otro modo no se podría explicar que Yehshua en ocasiones fuera identificado
como la rencarnación de algún profeta. El autor cita a Marcos 8:27 donde es el
mismo Yehshua quien pregunta a sus discípulos: “¿Quién dicen los hombres que soy yo?" Ellos respondieron: “Unos,
Yojanán el Bautista, otros, Eliyahu; y
otros, alguno de los profetas”.
Es
evidente esta idea de la reencarnación entre el pueblo común donde se
desarrollaba la predicación de Yehshua, teniendo en cuenta que todos conocían
que tanto Eliyahu, como los profetas llevaban muertos muchos años atrás.
También es evidente que Yehshua conocía que la idea de la reencarnación estaba
generalizada entre sus contemporáneos, pues de no ser así no hubiera indagado
para conocer lo que la gente opinaba de él.
“El
hecho de que muchos opinaran así demuestra que la reencarnación era un concepto
ampliamente difundido y aceptado (…) incluyendo
por lo que se puede ver, al mismo Divino Maestro, quien no corrige ni enmienda
esa noción”.
Existen
otros conceptos teológicos que carecen de definición clara y contundente en los
escritos de la Biblia y chocan con la doctrina de los nuevos ciclos de vida.
Estos conceptos son: “El sueño del alma”;
el “Estado Intermedio” y el dogma que expresa no haber una “segunda
oportunidad de arrepentimiento”.
Digamos
primero que la Biblia no es el único arcón que guarda todas las enseñanzas
divinas. Un hombre sabio no guarda todas sus riquezas en un único cofre, porque
así evita que los ladrones le despojen de todas sus riquezas de una sola vez.
La Suprema Inteligencia en su infinita sabiduría ha repartido toda la Sabiduría
(las riquezas) en muchos cofres donde se mezclan joyas y fantasías y ha dado
clave a los humanos para que sepan diferenciar entre las piedras falsas y las
joyas. El hombre sabio cuando redacta su testamento da claves para que sus
herederos reciban las riquezas que les ha dejado. Así mismo ha hecho Dios con
la Sabiduría, repartida entre muchos y diferentes pueblos.
Si
la Verdad se guardara en un solo libro considerado sagrado habría la
posibilidad de que los ladrones dejaran las piedras falsas (dogmas, leyes de
hombres, alteración de la escritura) en sustitución de las joyas legítimas. ¡Y cuántos
son los ladrones que han asaltado la Biblia para confusión de muchos! ¿Acaso el
Corán no es un despojo de enseñanzas, de leyes y de personajes de la Biblia?
¿Acaso la Biblia no tomó mitos y leyendas sumerios y babilónicos adaptándolos a
una teología particular, la teología hebrea? ¿Acaso en la Torá, el libro de las
leyes, no fueron asimiladas muchas prácticas del Egipto politeísta para darles
carácter sacramental?
Los
cristianos tienen una fuente de inspiración en las enseñanzas recopiladas tras
la muerte y elevación a la gloria de
Yehshua. El Nuevo Testamento recoge gran parte de estas enseñanzas pero no
todos los libros de enseñanza, que fueron numerosos y muchos perdidos, se
compilan y, en cambio, algunos de los que están no debieron haberse incluido en
esta colección, como pudiera ser el Evangelio de Mattai por su carácter
judeizante y el Apocalipsis evidentemente apócrifo y redactado por sectores pro
judaísmo, de doctrina milenarista y con aspectos que pueden considerarse de
precursores del arrianismo. No toda la enseñanza presente en el Nuevo
Testamento puede ser considerada dentro del espíritu del cristianismo puro,
como pueden ser muchas de las doctrinas paulistas influidas por la educación
farisaica y por los propios prejuicios del predicador Paulo. Sin embargo quedan
muchas enseñanzas dispersas entre los denominados Padres Apostólicos aquellos
que fueron discípulos directos de algún apóstol de Kristo que pudieran tener
cabida en el Libro del Cristiano.
Consideraré
ahora, de modo somero los conceptos teológicos que yo denominaría como
“conflicto post mortuorio” o conflicto escatológico del cristianismo.
El sueño del alma,
es la doctrina que establece que el alma, al separarse del cuerpo, ya sin
espíritu de aliento de vida, entra en un estado de crisálida o de “animación
suspendida” y de inconsciencia que no se romperá mientras no llegue el día del
juicio, es decir hasta la llegada del Tiempo de los tiempos y la resurrección
de los muertos, quedando dormidas en el she’ol. Esta doctrina comenzó en los
primeros tiempos de la Reforma, no obstante fue rebatida por Calvino en su
"Vigilia de la noche del alma”. Los más destacados defensores de la
doctrina del sueño del alma, en la actualidad incluyen a la iglesia de los
Adventistas del Séptimo Día, a los Testigos de Jehová, a los Cristadelfianos.
El Estado Intermedio,
es la doctrina que se plantea como el estado de los muertos durante el periodo
comprendido entre la muerte y la resurrección. Es un estado consciente de las
almas donde ni los impíos entran a sufrir su castigo final ni los creyentes
disfrutan de su último estado de gloria y perfección hasta después de la
resurrección.
Esta
doctrina cuenta con suficientes evidencias bíblicas como para no ser reconocida
como válida:
Deuteronomio
18, 10-12: “Que no haya entre vosotros nadie que inmole en el fuego a su hijo o a
su hija, ni practique la adivinación, la astrología, la magia o la hechicería. Tampoco habrá ningún encantador, ni
consultor de espectros o de espíritus, ni evocador de muertos. Porque todo
el que practica estas cosas es abominable al Señor, tu Dios y por causa de
estas abominaciones, El desposeerá a esos pueblos delante de ti”.
Marcos
12, 26-27: Y con respecto a la resurrección de los muertos, ¿no habéis leído en el
Libro de Moshé, en el pasaje de la zarza, lo que Dios le dijo: “Yo soy el Dios
de Abraham, el Dios de Yitzhak y el Dios de Ya’acov?” Él no es un Dios de muertos, sino de vivientes. Vosotros estáis en
un grave error.
Lucas
16, 19-31: parábola del rico y
Eleazar. Eleazar se encuentra en el seno de Abraham en tanto el rico padece en
el She’ol.
1
Samuel 28, 12-19: Saúl consulta a Shamu’el en espíritu. Después
de la muerte de Shamu’el, el espíritu del profeta se le aparece a Saúl y le
avisa de su inminente derrota. Así que debemos concluir que Samuel no está en
estado de animación suspendida sino alerta, consciente y capaz de alternar con
los seres humanos.
Juan
3:3: Yehshua hablando con Nicodemo dice: “Respondió Yehshua y le dijo: De
cierto, de cierto te digo, que el que no
naciere de nuevo, no puede ver el reino de Dios”.
Juan
5:24: De
cierto, de cierto os digo: El que oye mi palabra y cree al que me envió tiene
vida eterna, y no vendrá a condenación, sino que ha pasado de muerte a vida.
Jn.11:26: Yo
soy la resurrección y la vida; el que
cree en mí, aunque esté muerto, vivirá. Y todo aquel que vive y cree en mí, no morirá eternamente. ¿Crees
esto?"
1
P.3:18-20: Porque también Cristo padeció una sola vez por los pecados, el justo
por los injustos, para llevarnos a Dios, siendo a la verdad muerto en la carne,
pero vivificado en espíritu; en el cual también fue y predicó a los espíritus encarcelados, los que en otro tiempo
desobedecieron, cuando una vez esperaba la paciencia de Dios en los días de
Noé, mientras se preparaba el arca, en la cual pocas personas, es decir, ocho,
fueron salvadas por agua".
El dogma de la negación de
la segunda oportunidad de arrepentimiento. Si existe
un pecado que no puede tener perdón ni en esta vida ni en la venidera, tiene
que haber pecados que puedan ser perdonados en esta vida y en la venidera. Los
que niegan la posibilidad de una segunda oportunidad de arrepentimiento toman
como base la perícopa de Hebreos 9:27-28:
“Y
así como está establecido que los seres
humanos mueran una sola vez, y después venga el juicio, así también Kristo fue ofrecido una sola vez para
llevar los pecados de muchos; y aparecerá por segunda vez, sin relación con el
pecado, para salvar a los que le esperan”.
Esta
epístola se ha dejado demostrado que Paulo de Tarso no es su redactor y que se
dirige, no a los hebreos, sino a los conversos provenientes del judaísmo,
caracterizada por las continuas citas de los textos del Antiguo Testamento. Orígenes
después de analizar esta carta o epístola supuestamente paulina terminó
diciendo: “sólo Dios sabe quién es el
autor”. Se dice que la iglesia
latina, no aceptaba la autoría paulina de la Carta, tampoco la admitió en el
canon hasta el siglo IV. Además todo el texto, en opinión de eruditos,
refleja una fuerte influencia de Filón de Alejandría, un judío alejandrino con
fuerte formación en el judaísmo y la filosofía griega. Sus obras son, se dice, comentarios
exegéticos al Pentateuco.
Aunque
en el canon de la Biblia cristiana, esta epístola, más bien una homilía, no
representa enseñanza apostólica y, por tanto, no debe considerarse como
doctrina aceptable.
Algunos
creen, fundados en citas del Apocalipsis, “que a la humanidad se le dará la
oportunidad de arrepentirse durante la Tribulación” (Pastor Dawlin A. Ureña).
Aunque
el Apocalipsis ha sido un texto útil para desarrollar solo fantasías de una
escatología agorera, justificar a los milenarista y hasta dar fundamento al
arrianismo, muchos lo consideran un libro profético. Sin embargo este es un
libro apócrifo sin iluminación y sin espíritu profético, luego las deducciones
que se hagan a partir de sus textos carecen de fundamento cristiano.
En
la Segunda Epístola de Pedro (3:9) se colige que existe una intención de la
Suprema Inteligencia de concederle a todos tantas oportunidades como sean
posibles para el arrepentimiento:
“El Señor no tarda en cumplir lo que ha
prometido, como algunos se imaginan, sino que tiene paciencia con nosotros
porque no quiere que nadie perezca,
sino que todos procedan al
arrepentimiento”.
Y
esta promesa es válida aún para el día de la parusía, el Gran Día del Señor.
Así se expresa en el libro de la Suprema Inteligencia Tiempo de los tiempos 3:27-28:
“Y muchos arrepentidos de su cobardía
clamarán: “Padre, Dios nuestro, otras potencias nos han dominado, pero a nadie
reconocemos fuera de ti, solamente pronunciamos tu Nombre. Los muertos no
revivirán, las Sombras no se levantarán: tú has intervenido para exterminarlos,
hiciste desaparecer hasta su recuerdo”.
Creemos, como
seguidores de la Luz en la doctrina del Estado Intermedio, es decir, una etapa
de espera de las almas de los justos viviendo en gloria hasta la llegada del
Tiempo de los Tiempos y sean resucitadas en cuerpo astral, tras el juicio del
Todopoderoso.
Creemos también que las
almas de los irredentos, asesinos y violadores permanecen por siempre
aprisionadas en el foso de Abaddon foso de la desolación, uno de los aposentos
del She’ol, la segunda esfera de la desesperanza. Y allí estarán hasta el día
del Juicio cuando sean condenadas a desaparecer como si nunca hubieran
existido. Esta será la segunda muerte reservado para los irredentos.
Creemos que las almas
de los que tienen crímenes en su conciencia pero se arrepintieron sinceramente
de sus desatinos permanecen en el aposento del She’ol denominado Gehinnom o
Gehena, donde permanecerán hasta el momento en que deban emprender nuevos
ciclos de vida para oportunidad de arrepentimiento y renovación.