lunes, 12 de enero de 2015

Libro del Buen Mensaje del Señor Yehshua (19)

Libro de Yojanán Apóstol

La flagelación y la coronación de espinas

1 Pilato mandó entonces azotar a Yehshua. 2 Los soldados tejieron una corona de espinas y se la pusieron sobre la cabeza. Lo revistieron con un manto de color púrpura, 3 y acercándose, le decían: “¡Salud, rey de los judíos!”, y lo abofeteaban.

4 Pilato volvió a salir y les dijo: “Miren, lo traigo afuera para que sepan que no encuentro en él ningún motivo de condena”.

5 Yehshua salió, llevando la corona de espinas y el manto de color púrpura. Pilato les dijo: “¡Aquí tienen al hombre!” 6 Cuando los sumos sacerdotes y los guardias lo vieron, gritaron: “¡Crucifícalo! ¡Crucifícalo!” Pilato les dijo: “Tómenlo ustedes y crucifíquenlo. Yo no encuentro en él ningún motivo para condenarlo”.

7 Los sumos sacerdotes respondieron: “Nosotros tenemos una Ley, y según esa Ley debe morir porque él pretende ser Hijo de Dios”.

8 Al oír estas palabras, Pilato se alarmó más todavía. 9 Volvió a entrar en el pretorio y preguntó a Yehshua: "¿De dónde eres tú?" Pero Yehshua no le respondió nada.

10 Pilato le dijo: “¿No quieres hablarme? ¿No sabes que tengo autoridad para soltarte y también para crucificarte?”

11 Yehshua le respondió: “Tú no tendrías sobre mí ninguna autoridad, si no la hubieras recibido de lo alto. Por eso, el que me ha entregado a ti ha cometido un pecado más grave”.

Yehshua es condenado a muerte

12 Desde ese momento, Pilato trataba de ponerlo en libertad. Pero los sumo sacerdotes y los fariseos gritaban: “Si lo sueltas, no eres amigo del César, porque el que se hace rey se opone al César”. 13 Al oír esto, Pilato sacó afuera a Jesús y lo hizo sentar sobre un estrado, en el lugar llamado el Empedrado, en hebreo, Gábata.

14 Era el día de la Preparación de la Pascua, alrededor del mediodía. Pilato dijo a los judíos: “Aquí tienen a su rey”. 15 Ellos vociferaban: “¡Fuera! ¡Fuera! ¡Crucifícalo!” Pilato les dijo: “¿Voy a crucificar a su rey?” Los sumos sacerdotes respondieron: “No tenemos otro rey que el César”.

16 Entonces Pilato se lo entregó para que lo crucificaran, y ellos se lo llevaron.

Crucifixión


17 Yehshua, cargando sobre sí la cruz, salió de la ciudad para dirigirse al lugar llamado "del Cráneo", en hebreo, Gulgaltá. 18 Allí lo crucificaron; y con él a otros dos, uno a cada lado y Yehshua en el medio.

19 Pilato redactó una inscripción que decía: “Yehshua de Natzeret, rey de los judíos”, y la hizo poner sobre la cruz. 20 Muchos de los habitantes de Jerusalén leyeron esta inscripción, porque el lugar donde Jesús fue crucificado quedaba cerca de la ciudad y la inscripción estaba en hebreo, latín y griego. 21 Los sumos sacerdotes dijeron a Pilato: “No escribas: El rey de los judíos, sino: Este ha dicho: Yo soy el rey de los judíos". 22 Pilato respondió: “Lo escrito, escrito está”.

El sorteo de las vestiduras

23 Después que los soldados crucificaron a Yehshua, tomaron sus vestiduras y las dividieron en cuatro partes, una para cada uno. Tomaron también la túnica, y como no tenía costura, porque estaba hecha de una sola pieza de arriba abajo, 24 se dijeron entre sí: “No la rompamos. Vamos a sortearla, para ver a quién le toca”. Así se cumplió la Escritura que dice: “Se repartieron mis vestiduras y sortearon mi túnica”.  Esto fue lo que hicieron los soldados.

Yehshua y Mariam

25 Junto a la cruz de Yehshua, estaba su madre y la hermana de su madre, Mariam, mujer de Cleofás, y Mariam de Magdala. 26 Al ver a la madre y cerca de ella al discípulo a quien él amaba, Yehshua le dijo: “Mujer, ahí tienes a tu hijo”. 27 Luego dijo al discípulo: “Ahí tienes a tu madre”. Y desde aquella hora, el discípulo la recibió en su casa.

Muerte de Yehshua

28 Después, sabiendo que ya todo estaba cumplido, y para que la Escritura se cumpliera hasta el final, Yehshua dijo: “Tengo sed”. 29 Había allí un recipiente lleno de vinagre; empaparon en él una esponja, la ataron a una rama de hisopo y se la acercaron a la boca. 30 Después de beber el vinagre, dijo Yehshua: “Todo se ha cumplido” E inclinando la cabeza, entregó su espíritu.

La herida del costado

31 Era el día de la Preparación del Pesaj. Los sacerdotes pidieron a Pilato que hiciera quebrar las piernas de los crucificados y mandara retirar sus cuerpos, para que no quedaran en la cruz durante el Shabbat, porque ese Shabbat era muy solemne. 32 Los soldados fueron y quebraron las piernas a los dos que habían sido crucificados con Yehshua. 33 Cuando llegaron a él, al ver que ya estaba muerto, no le quebraron las piernas, 34 sino que uno de los soldados le atravesó el costado con la lanza, y en seguida brotó sangre y agua.

35 El que vio esto lo atestigua: su testimonio es verdadero y él sabe que dice la verdad, para que también ustedes crean. 36 Esto sucedió para que se cumpliera la profecía que dice: “No le quebrarán ninguno de sus huesos”. 37 Y otro pasaje que decía: “Verán al que ellos mismos traspasaron”.

Sepultura de Yehshua

38 Después de esto, Joseph de Armathajim, que era discípulo de Yehshua — pero secretamente, por temor a los fariseos y sadoqueos — pidió autorización a Pilato para retirar el cuerpo de Yehshua. Pilato se la concedió, y él fue a retirarlo. 39 Fue también Nicodemo, el mismo que anteriormente había ido a verlo de noche, y trajo una mezcla de mirra y áloe, que pesaba unos treinta kilos.


40 Tomaron entonces el cuerpo de Yehshua y lo envolvieron con vendas, agregándole la mezcla de perfumes, según la costumbre de sepultar que tienen los judíos. 41 En el lugar donde lo crucificaron había una huerta y en ella, una tumba nueva, en la que todavía nadie había sido sepultado. 42 Como era para los judíos el día de la Preparación y el sepulcro estaba cerca, pusieron allí a Yehshua.

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