miércoles, 7 de enero de 2015

Vivir al amparo de Dios


1 Tú que vives al amparo del Altísimo y resides a la sombra del Todopoderoso, 2 di al Dios de la Vida: “Mi refugio y mi baluarte, mi Dios, en quien confío”.

3 Él te librará del lazo del cazador y del azote de la desgracia; 4 te cubrirá con sus plumas, y hallarás un refugio bajo sus alas.

5 No temerás los terrores de la noche, ni la flecha disparada de día, 6 ni la peste que acecha en las tinieblas, ni la plaga que devasta a pleno sol. 7 Aunque caigan mil hombres a tu izquierda y diez mil a tu derecha, tú estarás fuera de peligro: su lealtad será tu escudo y armadura; 9 porque hiciste de la Suprema Inteligencia tu refugio y pusiste como defensa al Altísimo.

10 La desgracia no te alcanzará ni la plaga se acercará a tu tienda, 11 porque él te encomendó a sus ángeles para que te guarden en todos tus caminos. 12 En sus manos te habrán de sostener para que no tropiece tu pie en piedra alguna; 13 caminarás sobre leones y víboras, pisotearás cachorros de león y serpientes.

14 “Pues a mí se acogió ─ dice el Padre del Universo ─, lo libraré, lo protegeré, pues mi Nombre conoció.

15 Si me invoca, yo le responderé, y en la angustia estaré junto a él, lo salvaré, le rendiré honores.


16 Alargaré sus días como lo desea y haré que pueda ver mi salvación”.

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