1 Mariam de Magdala predicaba en Jerusalén
entre los judíos y los conversos al Camino, diciendo: “Así nos dijo el Rabbi
sagrado: ‘No busquen al hijo del hombre donde alguno diga: Helo aquí o helo
allá; porque él está dentro de ustedes; síganlo. Los que lo busquen en espíritu
lo hallarán’. 2 Entonces antes de ascender a la Gloria
del Padre, nos ordenó a los que éramos sus testigos a salir y proclamar la
buena palabra del reino espiritual, 3 exigiéndonos no imponer más preceptos que los que había
establecido para nosotros, 4 y sin dar ninguna ley, como el
legislador, para no ser atenazados por ella”.
Visión
de Mariam de Magdala
5 Y vio Mariam en una visión al
Bienaventurado Yehshua y le dijo: “¡Oh, Señor, te estoy viendo en esta visión!”
6 Y le dijo el Señor: “Bienaventurada eres,
pues no te has turbado al verme, pues allí donde está la sabiduría, allí está
el tesoro”. 7 Mariam entonces preguntó: “Señor, ahora,
cuando veo esta visión ¿la veo en alma o en espíritu?”
8 El Salvador respondió y dijo: “No la ves
ni en alma ni en espíritu, sino que es la Sabiduría, el conocimiento de lo
profundo, que se halla en medio del alma y del espíritu, la que ve la visión, y
es la que habla e instruye”.
9 Y muchos se convertían a Yehshua, hombres
y mujeres, por las palabras de Mariam que les parecían cargadas de Sabiduría y
les hablaba con tanta o más autoridad que el resto de los apóstoles.
Los
sacerdotes se quejan de Paulo ante Festo
10 Porcio Festo, el nuevo procurador tras el
mandato de Félix, llegó a Jerusalén dos años después del confinamiento de Paulo
en Cesárea. 11 Entonces los principales sacerdotes y los
fariseos más influyentes se presentaron ante él para alegar en contra de Paulo.
12 Ellos le solicitaron a Festo que
remitiera a Paulo a Jerusalén para ahí ser juzgado, escondiendo el propósito
que realmente tenían de asesinarle en el camino. 13 Festo, no obstante, rechazó la petición
diciendo: “Regreso en algunos días a Cesárea donde ese, al que ustedes acusan,
se encuentra bajo custodia. 14 Si es del interés de ustedes acompáñenme
a Cesárea y allá depongan las acusaciones que tienen contra él”.
15 Al siguiente día de su llegada a Cesárea,
tomó asiento en el pretorio y ordenó que trajeran a Paulo. 16 Cuando
éste llegó, lo rodearon los fariseos que habían venido de Jerusalén,
presentando contra él muchas y graves acusaciones, las cuales no podían probar.
17 Alegó Paulo ante las numerosas
acusaciones: “Escucha Porcio Festo: Nadie puede probar que he violado la ley de
los judíos, ni demostrar que he profanado el Templo, donde tengo derecho, como
fariseo que soy, a presentar mis ofrendas; mucho menos pueden demostrar que he
cometido faltas contra el César”.
Paulo
apela al César
18 Pero Festo, buscando contemporizar con los
fariseos, le preguntó a Paulo: “¿No
preferirías ir a Jerusalén, entre los tuyos para ser juzgado allí en mi
presencia?” 19
Paulo respondió con firmeza:
“Ante el tribunal de César estoy, donde debo ser juzgado. A los judíos no les
he hecho ningún agravio, como tú sabes muy bien. 20 Porque
si algún agravio, o cosa alguna digna de muerte he hecho, no rehúso morir; pero
si nada hay de las cosas de que éstos me acusan, nadie puede entregarme a
ellos. Al Emperador apelo”.
21 Festo, después de haber consultado con su
Consejo, respondió: “Ya que apelaste al Emperador, comparecerás ante él”.
Marco
Julio Agripa desea escuchar a Paulo
26 Pasados algunos días, el rey Marco Julio
Agripa y su hermana Berenice llegaron a Cesárea para saludar a Festo. 27 Y como estuvieron allí muchos días, Festo
le relató al rey todo lo relacionado con Paulo y las acusaciones que contra él
formulaban los sacerdotes y los ancianos de los judíos. 28 Le dijo además a Agripa: “Frente a mí sus
acusadores presentaron sus cargos y ninguno eran los cargos que yo sospechaba; 29 solo sus acusaciones se referían a no sé
qué cuestiones de su religión y sobre uno llamado Yehshua, ya muerto, pero del
cual Paulo asegura que está vivo. 30 Yo,
dudando en cuestiones que desconozco, le pregunté si quería ir a Jerusalén y
allá ser juzgado por estas cosas; 31 sin
embargo, Paulo, como ciudadano romano, apeló al Emperador. Ordené entonces que
se le mantuviera bajo custodia hasta que fuera enviado a Roma”.
32 Entonces Agripa dijo a Festo: “Yo también
quisiera oír a ese hombre”. Y él le dijo: “Mañana le escucharás”.
Paulo
presentado ante Agripa y Berenice
33 Al otro día, se presentaron ante la
audiencia Agripa y su hermana Berenice rodeados de gran pompa y seguidos por
los tribunos y los hombres distinguidos de Cesárea. Cuando tomaron asiento en
sus sitiales, Festo ordenó que trajeran a Paulo y cuando este llegó, 34 el tribuno tomó la palabra y dijo: “Marco
Julio Agripa, y todos los que están aquí presentes, este es el hombre a quien
los sacerdotes, los fariseos y los escribas entre los judíos le acusan de actos
por los cuales me han reclamado, en Jerusalén y aquí, que sea condenado a
morir. 35 Al escucharle, no he encontrado en él
ninguna cosa digna de muerte y como él mismo apeló al Emperador, he determinado
enviarle a él. 36
Como no tengo nada que pueda
ser tomado como evidencias ante el César, le pongo delante de ustedes y
principalmente ante ti, rey Agripa para que después de examinarle, pueda yo
escribir un acta de su caso; 37
porque me parece fuera de
razón enviar un preso, y no informar de los cargos que haya en su contra”.
Alegato
de Paulo ante Agripa
38 Entonces Agripa dijo a Paulo: “Puedes
hablar en tu defensa”. Paulo extendiendo la mano, comenzó así su alegato: 39 “Bienaventurado me considero, rey Marco
Julio Agripa, de poder hablar en mi defensa delante de ti. 40 Y me considero así principalmente porque
tú conoces las costumbres y las disputas que hoy se presenta entre los judíos;
por lo cual te ruego que me oigas con paciencia. 41 Para nadie es desconocido cómo he vivido
desde los primeros días de mi juventud, en medio de mi pueblo y en la misma
Jerusalén. 42 Los que me acusan, me conocen y saben que
siempre viví como fariseo. 43 Sin embargo, ahora se levantan contra mí
tan solo porque he manifestado la confianza de que se cumplirá la promesa de
nuestro Dios: La resurrección de los muertos que se ha confirmado con la
resurrección del nabí Yehshua después de haber muerto sobre una cruz.
44 Yo mismo, antes de encontrarme en visión
con Yehshua el Señor, perseguía implacablemente a sus seguidores. Llevando
cartas de los sacerdotes fui a Damasco para perseguir a los seguidores del
Camino 45 cuando vi una luz más brillante que el
sol, que venía desde lo alto y me envolvía a mí y a los que me acompañaban en
medio de aquella luz se escuchó una potente voz que me preguntaba: ‘¿Por qué me
persigues Saulo?’ Y aquella voz me dijo también: 46 ‘Yo soy Yehshua a quien tú persigues;
pero te he escogido para que vayas a los goyim y se conviertan de las tinieblas
a la luz, acepten al verdadero Dios, y obtengan el perdón de los pecados y su
parte en la herencia de los santos, por su fe a mi nombre’.
47 Desde entonces me he mantenido fiel a esa
visión dirigiéndome primero a los habitantes de Damasco, luego a los de
Jerusalén y de todo el país de Judea, y finalmente a los goyim adoradores de
ídolos, 48 les prediqué que era necesario
arrepentirse y convertirse a Dios, manifestando su conversión con obras dignas
de arrepentimiento. 49 Por esta fe que tengo, los sadoqueos y
los fariseos me agredieron en el templo con la intención de matarme.
50 Pero Dios me ha dado fuerza y
perseverancia hasta el día de hoy, y he podido dar testimonio a pequeños y a
grandes, no diciendo nada fuera de las cosas que desde Moshé se anunciaron que
habían de suceder: 51
que el Mashíaj había de padecer,
y ser el primero de la resurrección de los muertos, para anunciar luz al pueblo
y a los goyim”.
52 Cuando acababa de decir estas cosas,
Festo le dijo: “¡Ah Paulo! Parece que tus muchos estudios te han vuelto loco”.
53 A lo que Paulo respondió: “No estoy loco,
excelentísimo Festo, sino que digo la verdad y hablo con sensatez. 54 El rey está al corriente de todas estas
cosas, por eso me dirijo a él con toda confianza: no creo que ignore nada de
esto, porque no son cosas que sucedieron en un lugar oculto. 55 ¿Crees en los profetas, rey Agripa? Yo sé
que crees en ellos”.
56 Agripa contestó a Paulo: “¡Un poco más, y
me convences que me haga cristiano!”
57 “No importa que se necesite poco o mucho
para lograrlo, dijo Paulo. ¡Quiera Dios que no sólo tú, sino todos los que me
escuchan hoy, lleguen a ser como yo..., pero sin estas cadenas!”
58 Después de esto, Agripa y su comitiva se
retiraron de la audiencia junto con Festo. Agripa dijo a Festo: “Este hombre no
ha hecho nada que merezca la muerte o la prisión. Considero que podría ser
puesto en libertad, si él mismo no hubiera apelado al Emperador”.

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