domingo, 18 de enero de 2015

JOB (38-41)


El poema de Job es quizá el más antiguo de los escritos del Tanaj, probablemente escrito en Egipto antes de Moshé. De aquí que hay referencias a animales, descritos con tintes un tanto mitológicos, como el Behemoth, referencia al hipopótamo, y el Leviatán o liwyatan en hebreo, próxima al cocodrilo; animales estos no presentes en la fauna de Mesopotamia.

Los conceptos sobre temas geográficos y meteorológicos que se tratan en estos capítulos corresponden a los conocimientos que se tenían en la época cuando se redactó el poema; sin embargo son expresiones para resaltar la grandiosidad de Dios como Padre de la Vida y del Universo. El caos inicial de la expansión de la materia es ordenado por Dios; es decir, Dios da un ordenamiento al caos como el constructor que levanta un edificio con los materiales preexistentes que tiene a su disposición y siguiendo un plan preconcebido de arquitectura universal.

Ahora, en estos capítulos del 38 al 41, el autor utiliza un recurso retórico que muestra a Dios hablándole directamente a Job desde el torbellino de una tempestad para interpelarle como un maestro haría con un alumno: “yo te preguntaré, y tú me responderás”; es como el método socrático de llegar a deducciones propias a partir de un interrogatorio.

Para Job y para la gran mayoría de los humanos la actuación divina en la formación del universo y de la Tierra así como el surgimiento de la vida en ella, más allá de los razonamientos científicos continúa siendo un misterio. Job solo conocía lo que la tradición oral le revelaba y así también, por siglos, los humanos solo conocen lo que la ciencia en sus limitaciones les explica y lo que está escrito en los libros sagrados interpretados según la letra.

Job no tiene respuestas al Poder de Dios y se inclina ante su Grandeza diciendo: “¿Va a ceder el que discute con el Todopoderoso? ¿Va a replicar el que reprueba a Dios?”


Interpelación inicial
1 Yahvahé respondió a Job desde la tempestad, diciendo: 2 ¿Quién es ese que oscurece mi designio con palabras desprovistas de sentido? 3 ¡Ajústate el cinturón como un guerrero: yo te preguntaré, y tú me responderás!

El señorío de Dios sobre la tierra y el mar

4 ¿Dónde estabas cuando yo fundaba la tierra? Indícalo, si eres capaz de entender. 5 ¿Quién fijó sus medidas? ¿Lo sabes acaso? ¿Quién tendió sobre ella la cuerda para medir? 6 ¿Sobre qué fueron hundidos sus pilares o quién asentó su piedra angular, 7 mientras los astros de la mañana cantaban a coro y aclamaban todos los hijos de Dios?

8 ¿Quién encerró con dos puertas al mar, cuando él salía a borbotones del seno materno, 9 cuando le puse una nube por vestido y por pañales, densos nubarrones? 10 Yo tracé un límite alrededor de él, le puse cerrojos y puertas, 11 y le dije: “Llegarás hasta aquí y no pasarás; aquí se quebrará la soberbia de tus olas”.

12 ¿Has mandado una vez en tu vida a la mañana, le has indicado su puesto a la aurora, 13 para que tome a la tierra por los bordes y sean sacudidos de ella los malvados?

14 Ella adquiere forma como la arcilla bajo el sello y se tiñe lo mismo que un vestido: 15 entonces, a los malvados se los priva de su luz y se quiebra el brazo que se alzaba. 16 ¿Has penetrado hasta las fuentes del mar y has caminado por el fondo del océano?

17 ¿Se te han abierto las Puertas de la Muerte y has visto las Puertas de la Sombra? 18 ¿Abarcas con tu inteligencia la extensión de la tierra? Indícalo, si es que sabes todo esto.

El señorío de Dios sobre los fenómenos meteorológicos

19 ¿Por dónde se va a donde habita la Luz y dónde está la morada de las tinieblas, 20 para que puedas guiarla hasta su dominio y mostrarle el camino de su casa? 21 ¡Seguro que lo sabes, porque ya habías nacido y es muy grande el número de tus días!

22 ¿Has penetrado hasta los depósitos de la nieve y has visto las reservas del granizo, 23 que yo guardo para los tiempos de angustia, para los días de guerra y de combate?

24 ¿Por qué camino se expande la luz y el viento del este se propaga sobre la tierra?

25 ¿Quién ha abierto un cauce al aguacero y un camino al estampido de los truenos, 26 para hacer llover sobre una tierra despoblada, sobre un desierto donde ningún hombre habita, 27 para regar los páramos desolados y hacer brotar una hierba en la estepa?

28 ¿Acaso la lluvia tiene un padre, y quién ha engendrado las gotas del rocío? 29 ¿Del vientre de quién sale el hielo, y quién da a luz la escarcha del cielo, 30 cuando las aguas se endurecen como piedra y se congela la superficie del océano?

31 ¿Anudas tú los lazos de las Pléyades o desatas las cuerdas del Orión? 32 ¿Haces salir las Híadas a su tiempo y guías a la Osa y sus cachorros?

33 ¿Conoces las leyes del universo? ¿Regulas su dominio sobre la tierra? 34 ¿Puedes alzar tu voz hasta las nubes para que te cubra una masa de agua? 35 ¿Parten los relámpagos cuanto tú los envías y ellos te dicen: “Aquí estamos”?

36 ¿Quién puso en el ibis la sabiduría o quién dio al gallo la inteligencia?

37 ¿Quién cuenta las nubes sabiamente y quién inclina los odres del cielo, 38 cuando el polvo se funde en una masa y los terrones se pegan entre sí?

El señorío de Dios sobre los animales

39 ¿Cazas tú la presa para la leona y aplacas el hambre de sus cachorros, 40 cuando se agazapan en sus guaridas y están al acecho en la espesura? 41 ¿Quién prepara las provisiones para el cuervo, cuando sus pichones claman a Dios y andan errantes por falta de alimento?

Capítulo 39

1 ¿Sabes tú cómo dan a luz las cabras monteses? ¿Observas el parto de las ciervas? 2 ¿Cuentas los meses de su gravidez y conoces el tiempo de su alumbramiento? 3 Ellas se agachan, echan sus crías y depositan sus camadas. 4 Sus crías se hacen robustas y crecen, se van al campo y no vuelven más.

5 ¿Quién dejó en libertad al asno salvaje y soltó las ataduras del onagro? 6 Yo le di la estepa como casa y como morada, la tierra salitrosa. 7 Él se ríe del tumulto de la ciudad, no oye vociferar al arriero. 8 Explora las montañas en busca de pasto, va detrás de cada brizna verde.

9 ¿Aceptará servirte el toro salvaje y pasará la noche junto a tu establo? 10 ¿Lo mantendrás sobre el surco con una rienda y trillará los valles detrás de ti? 11 ¿Contarías con él porque tiene mucha fuerza o podrías encomendarle tus trabajos? 12 ¿Confías acaso que él volverá para reunir los granos en tu era?

13 El avestruz bate sus alas alegremente, pero no tiene el plumaje de la cigüeña. 14 Cuando abandona sus huevos en la tierra y deja que se calienten sobre el polvo, 15 olvida que un pie los puede pisar y que una fiera puede aplastarlos.

16 Es cruel con sus crías, como si no fueran suyas, y no teme que sea vana su labor, 17 porque Dios le negó la sabiduría y no le concedió la inteligencia. 18 Pero apenas se levanta y toma impulso, se ríe del caballo y de su jinete.

19 ¿Le das tú la fuerza al caballo y revistes su cuello de crines? 20 ¿Lo haces saltar como una langosta? ¡Es terrible su relincho altanero! 21 Él piafa de contento en la llanura, se lanza con brío al encuentro de las armas: 22 se ríe del miedo y no se asusta de nada, no retrocede delante de la espada. 23 Por encima de él resuena la aljaba, la lanza fulgurante y la jabalina. 24 Rugiendo de impaciencia, devora la distancia, no se contiene cuando suena la trompeta. 25 Relincha a cada toque de trompeta, desde lejos olfatea la batalla, las voces de mando y los gritos de guerra.

26 ¿Es por tu inteligencia que se cubre de plumas el halcón y despliega sus alas hacia el sur?

27 ¿Por una orden tuya levanta vuelo el águila y pone su nido en las alturas? 28 La roca es su morada de día y de noche, la peña escarpada es su fortaleza. 29 Desde allí está al acecho de su presa y sus ojos miran a lo lejos. 30 Sus pichones se hartan de sangre; donde hay cadáveres, allí está ella.


Capítulo 40

El desafío de Yahvahé y la respuesta de Job

1 Yahvahé se dirigió a Job, y le dijo: 2 ¿Va a ceder el que discute con el Todopoderoso? ¿Va a replicar el que reprueba a Dios?

3 Y Job respondió a Yahvahé: 4 ¡Soy tan poca cosa! ¿Qué puedo responderte? Me taparé la boca con la mano. 5 Hablé una vez, y no lo voy a repetir; una segunda vez, y ya no insistiré.

6 Yahvahé respondió a Job desde la tempestad, diciendo: 7 ¡Ajústate el cinturón como un guerrero: yo te preguntaré, y tú me harás saber! 8 ¿Quieres realmente anular mi sentencia, y condenarme a mí, para justificarte? 9 ¿Tienes acaso un brazo como el de Dios y truena tu voz como la de él?

10 ¡Adórnate entonces de magnificencia y altivez, revístete de esplendor y majestad! 11 Da libre curso a los desbordes de tu ira y humilla al orgulloso con tu sola mirada. 12 Con una mirada, doblega al arrogante, aplasta a los malvados allí donde están. 13 ¡Húndelos a todos juntos en el polvo, enciérralos en la prisión subterránea! 14 Entonces, yo mismo te alabaré por la victoria obtenida con tu mano.


Behemoth, el hipopótamo

15 Mira ante ti a Behemoth: de mi aliento nació, lo mismo que tú, él se alimenta de pasto como un buey. 16 ¡Cuánta fuerza hay en sus riñones, qué vigor en los músculos de su vientre! 17 Endereza su cola como un cedro, los nervios de sus muslos están bien entrelazados. 18 Sus huesos son tubos de bronce: sus miembros, como barras de hierro.

19 Él es el principio de los caminos de Dios; el que lo hizo puede hacer que su espada a él se acerque, 20 porque las montañas le aportan un tributo, y también las fieras que retozan en ellas. 21 Él se recuesta bajo los lotos, en lo oculto de los cañaverales y pantanos. 22 Los lotos lo cubren con su sombra, los sauces del torrente lo rodean. 23 Si el río se enfurece, no se perturba; está sereno, aunque un Jordán le llegue a la garganta. 24 ¿Lo tomará alguno cuando está vigilante, y horadará su nariz?

Leviatán, el cocodrilo

25 Y a Leviatán ¿podrás pescarlo con un anzuelo y sujetar su lengua con una cuerda? 26 ¿Le meterás un junco en las narices o perforarás con un garfio sus mandíbulas? 27 ¿Acaso te hará largas súplicas o te dirigirá palabras tiernas? 28 ¿Hará un pacto contigo y lo tomarás como esclavo para siempre? 29 ¿Jugarás con él como con un pájaro y lo atarás para entretenimiento de tus hijas?

30 ¿Traficarán con él los pescadores y se lo disputarán los comerciantes? 31 ¿Acribillarás con dardos su piel y su cabeza a golpes de arpón?

32 Prueba a ponerle la mano encima: piensa en el combate y desistirás.

Capítulo 41

1 Tu esperanza se vería defraudada: con sólo mirarlo quedarías aterrado. 2 ¿No es demasiado feroz para excitarlo? ¿Quién podría resistir ante él? 3 ¿Quién lo enfrentó, y quedó sano y salvo? ¡Nadie debajo de los cielos!

4 No dejaré de mencionar sus miembros, hablaré de su fuerza incomparable. 5 ¿Quién rasgó el exterior de su manto o atravesó su doble coraza? 6 ¿Quién forzó las puertas de sus fauces? ¡En torno de sus colmillos reina el terror!

7 Su dorso es una hilera de escudos, trabados por un sello de piedra. 8 Se aprietan unos contra otros, ni una brisa pasa en medio de ellos. 9 Están adheridos entre sí, forman un bloque y no se separan.

10 Su estornudo arroja rayos de luz, sus ojos brillan como los destellos de la aurora. 11 De sus fauces brotan antorchas, chispas de fuego escapan de ellas. 12 Sale humo de sus narices como de una olla que hierve sobre el fuego. 13 Su aliento enciende los carbones, una llamarada sale de su boca.

14 En su cerviz reside la fuerza y cunde el pánico delante de él.

15 Sus carnes son macizas: están pegadas a él y no se mueven. 16 Su corazón es duro como una roca, resistente como una piedra de molino. 17 Cuando se yergue, tiemblan las olas, se retira el oleaje del mar.

18 La espada lo toca, pero no se clava, ni tampoco la lanza, el dardo o la jabalina. 19 El hierro es como paja para él, y el bronce, como madera podrida. 20 Las flechas no lo hacen huir, las piedras de la honda se convierten en estopa. 21 La maza le parece una brizna de hierba y se ríe del estruendo del sable.

22 Tiene por debajo tejas puntiagudas, se arrastra como un rastrillo sobre el barro.

23 Hace hervir las aguas profundas como una olla, convierte el mar en un pebetero. 24 Deja detrás de él una estela luminosa: el océano parece cubierto de una cabellera blanca.


25 No hay en la tierra nadie igual a él, ha sido hecho para no temer nada. 26 Mira de frente a los más encumbrados, es el rey de las bestias más feroces.

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