1 Había terminado de escribir las
revelaciones del Pastor, cuando Rapha’el volvió a presentarse ante mí,
diciéndome: “Acompáñame que quiero mostrarte una nueva visión”.
2 Y él me llevó a Arcadia, a cierta montaña
redondeada, y me puso en la cumbre de la montaña, y me mostró una gran llanura,
y alrededor de la llanura había doce montañas, y todas tenían un aspecto muy
diferente, la una de la otra. 3 Había desde una, negra como el hollín
hasta otra del todo blanca y de aspecto alegre; 4 desde
una montaña áspera y sin vegetación hasta otras con diferentes tipos de
vegetaciones; 5 desde la que estaba llena de espinos y
zarzas hasta la que tenía vegetación sonriente, y toda la montaña estaba en
condición próspera, y había ganado y aves de todas clases que se alimentaban en
esta montaña; 6 y cuanto más ganado y aves alimentaba,
más florecía la hierba de esta montaña.
7 Al ver tales diferencias entre unas y
otras montañas, pregunté curioso al Pastor: “Ahora pues, señor, explícame, ¿por
qué son tan diferentes en sus formas estas montañas y tienen tantas diferencias
es vegetación y aspecto unas de otras?”
8 Me dijo entonces el Pastor: “Estas doce
montañas representan a todas las naciones del mundo a donde fue llevada la
Palabra de Yehshua, el Hijo de Dios, por los apóstoles; 9 pero cada una la recibió según su
diferente entendimiento, según sus diferentes tradiciones, según sus propios
modos de interpretar las enseñanzas.
10 En algunas, la predicación resultó
estéril, porque no quisieron escuchar la Palabra y aun, hasta dieron muerte a
los predicadores de Yehshua.
11 Habrás visto una montaña llena de
barrancos por todas partes, algunos pequeños y otros grandes, y en las
hendiduras había vegetación, pero la hierba no era muy lozana, sino más bien
marchita; pues estas 12 son aquellos pueblo que dividieron la
doctrina recibida en diferente facciones y peleaban entre sí para imponer sus
propios credos.
13 También has visto aquella con la
vegetación medio mustia, la parte superior de la hierba era verde, pero la
parte cercana a las raíces, seca, y parte de la hierba se había marchitado,
siempre que el sol la había quemado. 14 Estos
son los pueblos que recibieron la Palabra, pero sustituyeron las enseñanzas del
Hijo de Dios por las enseñanzas de un falso profeta, 15 que predicando algunas verdades negaba la
Palabra del Kristo”.
16 Luego, el Pastor me mostró una gran roca
blanca que se levantaba sobre la llanura, en medio del valle. La roca era más elevada que las montañas, y
tenía cuatro lados, de modo que podía contener a todo el mundo. 17 Ahora bien, esta roca era antigua y tenía
una puerta excavada en ella; 18 pero la puerta me pareció haber sido
excavada muy recientemente.
19 Y la puerta brillaba más que el
resplandor del sol, de modo que me maravillé del brillo de la puerta.
20 Pregunté: “La roca que me muestras es del
todo muy antigua; pero en ella se ha abierto una puerta que, a no dudar, se ve
reciente, ¿cuál es el significado de esta visión?”
21 Rapha’el me respondió diciéndome:
“Escucha y entiende, hombre insensato. Tanto esa roca blanca como su luminosa
puerta es el Hijo de Dios, que vino al mundo para rescate de los hombres. 22 El Hijo de Dios, la roca cuya antigüedad
se deja ver, es anterior a todos los tiempos; anterior al mismo surgimiento del
universo y del inicio de la vida. 23 Desde
siempre, Él estaba en la Suprema Inteligencia y era el Verbo de su Sabiduría.
24 Kristo, Hijo de Dios, es la puerta que
conduce a la vida eterna, que conduce a la presencia del Padre de la Vida, 25 que ha sido manifestado en los últimos
tiempos de la consumación; por tanto, la puerta es hecha recientemente, 26 para que los que son salvos puedan entrar
por ella en la Gloria del Dios, Luz del Universo. Presta atención ahora, a lo
que verás”.
27 Y vi entonces a cinco hombres que llegaron,
altos y gloriosos y de aspecto semejante, y ellos llamaron a una gran multitud
de hombres. Y los que fueron llamados también eran altos y hermosos y
poderosos. 28 Y los cinco hombres les ordenaron que
edificaran una torre sobre la roca y la puerta. Y los cinco hombres ordenaron
que subieran piedras de cierto hoyo profundo. Y subieron diez piedras cuadradas
y pulimentadas, no labradas de una cantera.
29 Juntaron las piedras de modo que cubrían
toda la roca para que sirvieran de fundamento a la roca que se pretendía
levantar. 30 Y las trasladaron a través de la puerta,
tal como se les había ordenado, y las entregaron a los que levantaban la torre.
31 Después de estas diez piedras extrajeron
de la profundidad otras veinticinco piedras, y éstas fueron encajadas en el
edificio de la torre. 32 Y siguieron subiendo piedras hasta
pudieron colocar cuatro hileras en los fundamentos de la torre. 33 Y entonces los seis hombres ordenaron a
la multitud de gente que trajera piedras de las montañas para la edificación de
la torre. 34 Fueron traídas, pues, de todas las
montañas, de varios colores, labradas por los hombres.
35 Y cuando las distintas piedras fueron
colocadas en el edificio, se hicieron semejantes todas y blancas, y perdieron
sus muchos colores. 36 Pero algunas piedras fueron entregadas
por los hombres para el edificio, y éstas no se volvieron brillantes; sino que
tal como eran colocadas, así permanecían. 37
Entonces los cinco hombres vieron que las piedras eran impropias en el
edificio, y ordenaron que fueran quitadas y fueran llevadas abajo a su lugar
propio, de donde habían sido traídas.
38 Entonces me dijo el Pastor: “¿Viste que
las piedras que pasaron por la puerta han entrado en la edificación de la
torre, pero las que no pasaron por ella fueron echadas otra vez a su lugar?”
“Sí ─ le dije ─, acabo de verlo”.
39 Agregó entonces el ángel: “Así, pues,
nadie entrará en el reino de Dios a menos que haya recibido el nombre de su
Hijo. 40 Porque si tú quieres entrar en una
ciudad, y esta ciudad está amurallada por completo y sólo tiene una puerta,
¿puedes entrar en esta ciudad como no sea por medio de la puerta que tiene?”
41 Le pregunté: “¿cómo sería posible hacerlo
de otra manera?”
42 Dijo él: “Así pues, si no puedes entrar
en la ciudad salvo que sea a través de la puerta que tiene, lo mismo, 43 ninguno puede entrar en la gloria de Dios
excepto en el nombre de su Hijo que es amado por Él”.
44 Ese mismo día, el edificio quedó
terminado, pero la torre estaba inconclusa porque todavía tenía que ser
levantada un poco más. Los cinco hombres ordenaron a los constructores que
descansaran un poco y se interrumpió la construcción.
45 Y después que todos se hubieron retirado
y descansado, yo le dije al Pastor: “Señor, ¿por qué no ha sido completada la
edificación de la torre?”
46 Me contestó diciendo: “La torre no puede
ser completamente terminada hasta que su dueño venga y ponga a prueba este
edificio, con el fin de que, si hay algunas piedras que se desmenuzan, las
pueda cambiar 47 porque la torre es construida de acuerdo
con su voluntad”.
48 Yo había visto que alrededor de la puerta
había doce hermosas jóvenes. Cuatro estaban en los extremos que me resultaron
más hermosas que las restantes, aunque estas también eran bellas. 49 Las cuatros estaban de pie ante la puerta
y entre una y otra estaban colocadas en pareja las restantes jóvenes. 50 Aquellas hermosas doncellas participaban
en la construcción, porque ellas cargaron las primeras diez piedras que
trajeron los hombres. 51 Lo mismo sucedió con las restantes
piedras que eran entregadas a las bellas mujeres y estas las pasaban por la
puerta para hacerlas llegar a los constructores.
52 Mi curiosidad crecía, así que le pregunté
al ángel que me guiaba: “Quisiera saber qué es esta torre; quiénes son estas
bellas doncellas y por qué la piedras que se extraían iban siendo colocadas por
grupos, primero de diez, luego veinticinco, luego treinta y cinco y,
finalmente, cuarenta”.
53 Él me dijo: “Si no eres dominado por una
curiosidad vana, conocerás todas estas cosas. Porque después de unos pocos días
vendremos aquí, y verás lo que a continuación ocurrirá a esta torre y
entenderás todas las parábolas con exactitud”.
54 Y después de unos días volvimos al lugar
en que nos habíamos sentado, y él me dijo: “Vayamos a la torre, porque viene el
dueño de la torre para inspeccionarla”.
55 Fuimos hasta la torre y no había nadie
cerca de ella, solo estaban las hermosas mujeres que antes había visto ayudando
en la edificación. 56 El Pastor preguntó a las hermosas
doncellas si el dueño de la torre había llegado. Y ellas le dijeron que
llegaría pronto para inspeccionar el edificio. 57 Y he
aquí, después de poco vi un despliegue de muchos hombres que venían, y en medio
de ellos estaba un hombre de una estatura tal que sobrepujaba la torre. Y los cinco
hombres que habían dirigido la edificación andaban con él a su derecha y a su
izquierda. 58 Las hermosas jóvenes que vigilaban la
torre se adelantaron y le besaron, y empezaron a caminar a su lado alrededor de
la torre.
59 Aquel hombre majestuoso inspeccionó la
obra minuciosamente, golpeando con una vara cada una de las piedras colocadas
en el edificio. 60 Al ser tocadas con la vara, algunas de
las piedras se volvían negras como hollín, otras mohosas, otras se
resquebrajaban, otras se rompían, otras no se volvían ni blancas ni negras, otras
deformes y no encajaban con las otras piedras, y otras mostraban muchas manchas
61 por lo que le parecieron al hombre que no
eran adecuadas para la construcción de la torre.
62 Ordenó el dueño que retiraran esas
piedras y trajeran otras, pero ninguna traída de las montañas, sino que mandó
que fueran traídas de cierta llanura que había muy cerca. Cavaron en la llanura
señalada.
63 Todas las piedras encontradas en aquella
llanura fueron traídas, y fueron introducidas a través de la puerta por las
hermosas mujeres que yo había visto antes.
64 Y las piedras cuadradas fueron labradas y
puestas en el lugar de las que habían sido quitadas; pero las redondeadas no
fueron colocadas en el edificio, porque era difícil darles forma, y el trabajo
en ellas era lento. 65 Así que fueron colocadas al lado de la
torre, como si se intentara darles forma y colocarlas en el edificio; porque
eran muy brillantes.
66 El dueño de la torre llamó al Pastor y le
ordenó: “Limpia cuidadosamente las piedras que se quitaron de la torre, y las
que encajen con las que se mantienen en la torre ponlas en el edificio; 67 pero las que no puedan encajar, échalas
lejos de la torre.
68 Cuando todos se habían marchado y solo
quedábamos las mujeres que guardaban la torre, el Pastor y yo, el Pastor me
dijo: “¿Ves estas piedras que se pusieron afuera? Yo mismo daré forma a la
mayor parte de estas piedras y las pondré en el edificio, y encajarán con las
piedras restantes. 69 Las que resulten pequeñas, las pondré en
medio de la torre; las mayores serán colocadas cerca del exterior, y se
enlazarán con las otras”.
70 Con estas palabras, el Pastor me dijo: “Vayámonos,
y después de dos días volvamos y limpiemos estas piedras y pongámoslas en el
edificio; porque todas las cosas alrededor de la torre deben limpiarse, 71 no sea que el dueño venga súbitamente y encuentre
los alrededores de la torre sucios y se enoje, y resulte que estas piedras no
entren en la edificación de la torre y yo sea tenido por descuidado a los ojos
del que es el dueño”.

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