lunes, 19 de enero de 2015

El Camino de los Apóstoles 20


Defensa de Paulo

1 Cinco días después de ser presentado Paulo ante Félix, llegaron el Sumo Sacerdote Hananyah, con algunos de los ancianos y escribas y se acompañaban de un orador que presentaría la acusación. 2 Y acusaron a Paulo de numerosos delitos; de promotor de sediciones entre los judíos dispersos por todo el mundo; le presentaron como el cabecilla de la secta de los nazarenos y de haber pretendido profanar el templo.

3 Escuchada la acusación, Félix le hizo señal a Paulo para que hablase en su defensa; y dijo Paulo: “Esto puedo alegar en mi defensa ante ti Félix: 4 Te resultará fácil cerciorarte que hacen apenas doce días que llegué a Jerusalén para adorar a mi Dios. 5 Ninguno de los que me acusan puede asegurar que me encontraron disputando con alguno o amotinando a la multitud, ni en el templo, ni en las sinagogas ni en la ciudad; 6 ni te pueden probar las cosas de que ahora me acusan.

7 Pero sí te confieso que sirvo al Dios de mis padres, siguiendo el Camino que mis acusadores consideran una blasfemia. Creo en las enseñanzas que se guardan en la Torá y lo que dijeron los nabí portadores de la Voz, 8 y tengo la misma esperanza en Dios que ellos tienen: la esperanza de que habrá una resurrección de justos y pecadores. 9 Por eso trato de conservar siempre una conciencia irreprochable delante de Dios y de los hombres. 10 Después de unos cuantos años de estar lejos de Jerusalén, vine a traer limosnas a mis hermanos y a presentar ofrendas. 11 Así fue cómo algunos judíos de la provincia de Anatolia me encontraron en el Templo: yo me había purificado y no estaba provocando ninguna clase de amotinamiento ni de tumulto. 12 Son ellos los que hubieran debido presentarse ante ti para acusarme, si tenían alguna queja contra mí. 13 Por lo menos, que digan los que están aquí de qué delito me encontraron culpable cuando comparecí delante del Sanedrín. 14 A no ser que se trate de lo único que dije, puesto de pie en medio de ellos: ‘Hoy ustedes me juzgan a causa de la resurrección de los muertos’”.

15 Félix, que estaba muy bien informado de todo lo concerniente al Camino del Señor, postergó la causa, diciendo: “Cuando venga de Jerusalén el tribuno Lisias, acabaré de conocer sobre este en este asunto”. 

16 Después ordenó al centurión que custodiara a Paulo, pero dejándole una cierta libertad y sin impedir que sus amigos lo atendieran.

Paulo ante el Procurador Félix y Drusila

17 Algunos días después, se presentó Félix con su mujer la princesa Drusila, hija del rey de Mauritania, que era judía. Él mandó a llamar a Paulo y lo oyó hablar acerca de la fe en el Kristo Yehshua.

18 Pero cuando Paulo se puso a tratar sobre la justicia, la continencia y el juicio futuro, Félix, lleno de temor, le respondió: “Por ahora puedes irte; te volveré a llamar en la primera ocasión”.

19 Esperaba también con esto, que Paulo le diera dinero para que le soltase; por lo cual muchas veces lo hacía venir y hablaba con él. 20 Al cabo de dos años, Porcio Festo sucedió a Félix; y como éste quería congraciarse con los judíos, dejó a Paulo en la prisión.

El sueño de Ya’acov

21 Ya’acov tuvo noticias de que Paulo había sido llevado a Cesárea y que el procurador Félix le tenía puesto en prisión. Entonces fue al huerto de los olivos donde acostumbraba Yehshua a orar con sus discípulos, 22 y estuvo allí orando con fervor, pidiendo el amparo del Señor para Paulo. Cuando estuvo un largo rato orando se quedó dormido y vio en sueños al Rabbi rodeado de una intensa luz. 23 El Señor le dijo: “Ya’acov, hijo de Alfeo, hombre justo y discípulo fiel, no te apartes de tu obra que por Paulo me ocupo yo y he querido que vaya a Roma, porque de Roma nacen los caminos para expandir la verdad y a él le encomiendo que sirva de apoyo a Kefa. 24 Pero tú no te angusties cuando estés sometido a las pruebas, como ahora está sometido Paulo; porque la fe, al ser probada, genera la paciencia”.

Ya’acov y la justificación por la fe

25 En Jerusalén los hermanos estaban inquietos por la suerte de Paulo; entonces Ya’acov les dijo: “Escuchen hermanos lo que es enseñanza de nuestro Rabbi y Señor, Yehshua. 26 No se atormenten por las pruebas a las que está sometido el hermano Paulo. El las soportará. 27 Feliz aquel que soporta las pruebas porque después de haberlas superado, recibirá la corona de Vida, don que regala el Señor a los que le aman”.

28 Entonces dijo uno: “Cierto es que la fe permite superar las pruebas, pues solo por la fe somos justificados”. Ya’acov habló y dijo en respuesta: 29 “¿Solo la fe; la fe sin obras? ¿De qué le sirve a uno, hermanos míos, decir que tiene fe, si no tiene obras? ¿Acaso esa fe puede salvarlo? 30 ¿De qué sirve si uno de ustedes, al ver a un hermano o una hermana desnudos o sin el alimento necesario, les dice: ‘Vayan en paz, caliéntense y coman’, y no les da lo que necesitan para su cuerpo? 31 Lo mismo pasa con la fe: si no va acompañada de las obras, está completamente muerta.

32 Sin embargo, alguien puede objetar: ‘Uno tiene la fe y otro, las obras’. A ese habría que responderle: ‘Muéstrame, si puedes, tu fe sin las obras. Yo, en cambio, por medio de las obras, te demostraré mi fe’. 33 ¿Tú crees que hay un solo Dios? Haces bien. Los demonios también creen, y sin embargo, tiemblan. 34 ¿Quieres convencerte de que la fe sin obras es estéril? Hasta nuestro padre Abraham fue justificado por las obras y por la fe actuando conjuntamente, confiando en la Suprema Inteligencia y haciendo las obras que le pedía. 35 ¿Ves cómo la fe no estaba separada de las obras, y por las obras alcanzó su perfección? 36 Como ven, el hombre no es justificado sólo por la fe, sino también por las obras. 37 Tengan esto por cierto: De la misma manera que un cuerpo sin alma está muerto, así está muerta la fe sin las obras”.

Mariam de Magdala y la Sabiduría


38 Y Mariam, la de Magdala, seguidora del Señor, que estaba presente se puso de pie y habló: “Bien ha dicho Ya’acov el Justo, de la familia del Señor y discípulo suyo. 39 ¿De qué sirve la fe sino se acompaña de las obras? La fe puede deformarse por la ignorancia, porque el Maligno incita al error y las obras por sí solas pueden ser inspiradas por la vanidad. 40 Hasta los goyim hacen buenas obras pero les falta la fe; sus buenas obras no les justifican si además adoran ídolos y falsos dioses. 41 El pecado surge de la ignorancia de Dios; para redimirnos necesitamos el conocimiento; 42 la Sabiduría que proviene del Paráclito y de la Luz de Nuestro Señor Yehshua. La Sabiduría es el receptáculo donde se justifican la fe y las obras. 43 Entonces hermanos, a la fe hay que unir las obras y a las obras hay que unir la Sabiduría del Eterno”.

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