jueves, 15 de enero de 2015

El Camino de los Apóstoles 19


Paulo y Claudio Lisias

1 Cuando Paulo entró en la fortaleza Antonia escoltado por los soldados romanos, le dijo Claudio Lisias, el tribuno: “¿Me permites decirte algo?” Y le preguntó: “¿Sabes griego? 2 ¿Acaso no eres tú ese visionario egipcio que hace pocos días provocó un motín y se fue al desierto con cuatro mil sicarios?”

3 Paulo le dijo entonces: “Yo soy judío, originario de Tarso, ciudadano de una importante ciudad de Cilicia. No soy lo que pretenden  de mí esos que afuera vociferan, agitan sus mantos y arrojan polvo al aire. 4 Ellos me golpean y quieren mi muerte por el amor que tengo por la verdad que proclamó la Voz de mi Dios. No soy forajido ni sicario, sino hombre que busca la paz”.

5 Entonces Claudio Lisias para calmar la agitación de los fariseos y sadoqueos ordenó que lo azotaran.

Paulo se presenta como ciudadano romano

6 Cuando lo sujetaron con las correas, Paulo dijo al centurión de turno: “¿Les está permitido azotar a un ciudadano romano sin haberlo juzgado? Esa es la ley romana que ningún ciudadano romano sea sometido a flagelación”.

7 Al escuchar lo que Paulo le dijera, el centurión fue a informar al tribuno y le dijo: “¿Qué vas a hacer? Este hombre es ciudadano romano”. 8 Claudio Lisias fue de inmediato ante Paulo y le preguntó: “¿Realmente eres tú ciudadano romano?” Al contestarle Paulo afirmativamente, 9 respondió el tribuno: “Yo tuve que pagar mucho para adquirir esta ciudadanía”. Paulo le contestó: “Nada tuve que pagar para mi ciudadanía romana porque soy ciudadano de nacimiento”.

10 Al día siguiente, ya sin ataduras Paulo, fue ante él el tribuno diciéndole: “Quiero conocer exactamente de qué te acusan los sacerdotes por eso les he hecho venir para que depongan ante mi todo lo que tengan contra ti”.

Paulo ante el Sanedrín

11 Cuando los miembros del Sanedrín llegaron a la fortaleza, Paulo se enfrentó a ellos mirándoles directamente a las caras y les dijo: “Varones hermanos, yo con toda buena conciencia he vivido delante de Dios hasta el día de hoy y cumplo con las enseñanzas de su hijo, Yehshua, que fuera crucificado por ustedes en tiempos de Poncio Pilato”.

12 Al escuchar lo que Paulo acababa de decir el sumo sacerdote Hananyah ordenó entonces a los que estaban junto a él, que le golpeasen en la boca.

13 Entonces Paulo que le había escuchado dar la orden, le dijo: “¡Dios te golpeará a ti, pared blanqueada! ¿Estás tú sentado para juzgarme conforme a la ley, y quebrantando la ley me mandas golpear? 

14 Los que estaban presentes dijeron: “¿Al sumo sacerdote de Dios injurias?”

Paulo provoca disensión entre los miembros del Sanedrín

15 Paulo les dijo entonces: “No conocía quien ahora está encargado de la cátedra de Moshé. No he querido ofender la dignidad del Sumo Sacerdote al que no conocía, hermanos, sino que no es justo que se me abofetee cuando no he dicho nada inapropiado”. 16 Entonces percatándose que entre los miembros presentes del Sanedrín unos eran de los fariseos y otros de los sadoqueos, levantó su voz por encima de los gritos que proferían sus acusadores y dijo: “Varones hermanos, yo soy fariseo, hijo de fariseo; sostengo la esperanza de la resurrección de los muertos y esto es lo que he predicado, ¿acaso por predicar esta esperanza se me juzga?”

17 Cuando dijo esto, se produjo disensión entre los fariseos y los sadoqueos, y la asamblea se dividió. 18 Porque los sadoqueos dicen que no hay resurrección, ni ángel, ni espíritu; pero los fariseos afirman estas cosas. 19 Y hubo un gran vocerío; y levantándose los escribas de la parte de los fariseos, contendían, diciendo: “Ningún mal hallamos en este hombre; que si un espíritu le ha hablado, o un ángel, no resistamos a Dios”.

20 Como se produjo un gran altercado y unos a otros se gritaban y todos pronunciaban gritos que no podía entender el tribuno pues lo hacían en su idioma, Claudio Lisias ordenó que bajasen los soldados para que protegieran a Paulo y le llevaran al interior.

Sicarios celotes preparan asesinato de Paulo

21 Algunos sicarios de la secta de los kananay-yah o conocidos también por el nombre de celotes, se presentaron ante Hananyah y le dijeron: “Pídele al tribuno que lleve a ese hombre de los nazarenos ante el Sanedrín para considerar con más detenimiento su causa; nosotros estaremos preparados para matarle en el camino”.

22 Pero aquella conversación fue escuchada accidentalmente por un guardia del Templo, que en secreto seguía las enseñanzas de los apóstoles, y de inmediato se presentó ante la fortaleza Antonia para advertir al tribuno de la conspiración que había en contra de la vida de Paulo.

Lisias transfiere a Paulo ante Félix

23 Al conocer lo que se preparaba por los kananay-yah, Lisias decidió enviar cuanto antes a Paulo ante Félix el gobernador que residía en Cesárea, enviándole una carta escrita en estos términos; 24 “Claudio Lisias al excelentísimo gobernador Félix: Salud. Aquí te envío a este hombre llamado Paulo de Tarso que fue detenido por los judíos. 25 Al conocer que querían matarle de acuerdo con sus leyes y enterado que era ciudadano romano, intervine con mis soldados y pude rescatarlo.

26 Queriendo conocer de qué le acusaban lo presenté frente al Senado de ellos 27 y pude conocer entonces que le acusaban por cuestiones religiosas de la ley de ellos, comprendí que por la ley de Roma no ha cometido delito por lo que merezca la muerte o la prisión. 28 Al ser avisado de que los judíos tramaban su asesinato en una emboscada, al punto le he enviado a ti, intimando también a los acusadores que traten delante de ti lo que tengan contra él. Pásalo bien”.

29 Entonces el tribuno llamando a dos centuriones, mandó que preparasen para la hora tercera de la noche doscientos soldados, setenta jinetes y doscientos lanceros, para que fuesen hasta Cesárea escoltando a Paulo.   30 Y los soldados, tomando a Paulo como se les ordenó, le llevaron de noche a la ciudad de Antípatris, camino de Cesárea. 31 Y al día siguiente, dejando a los jinetes que fuesen con él, volvieron a la fortaleza.

32 Cuando finalmente llegaron a Cesárea, el centurión que comandaba a los jinetes le entregó al gobernador y presentó a Paulo ante él.


33 Félix, luego de haber leído la carta de Lisias, le preguntó a Paulo de qué provincia era y cuando este le aseguró que era de Cilicia, 34 le dijo: “Te oiré cuando vengan tus acusadores”. Y mandó que le custodiasen en el pretorio de Herodes.

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