Roboam
fortalece ciudades de Judá
1 Roboam se mantuvo fuerte en Judá sin
disminuir los tributos impuestos por su padre Shalomom, y logró mantener bajo
su control las ciudades de las tribus de Judá y de Benjamín. 2 Pudo hacerlo porque protegió y fortaleció
algunas ciudades hasta el punto de convertirlas en fortalezas. 2 Además de construir fuertes murallas
alrededor de ellas, puso en cada ciudad a jefes del ejército, y los armó con
escudos y lanzas. Además, almacenó en las ciudades suficiente comida, aceite y
vino.
3 Tal y como su padre hiciera, Roboam se
alejó del culto a Yahvahé y adoró a los dioses que antes adorara Shalomom. 4 E hizo lo contrario de lo que hiciera Yarobham,
pues mientras este eligió la adoración de un dios único como imagen
distorsionada del Dios del Universo, Roboam levantó altares e hizo sacrificios
a Ishtar, a Quemós y a Moloc.
Sheshonk
aplasta a Judá
5 Por ese tiempo Sheshonk, el nesu de
Egipto emprendió una campaña de reconquista sobre los territorios de Canaán y
sobre los territorios que habían formado el reino de David. 6 Y entró en los territorios con mil
doscientos carros, y con sesenta mil hombres de a caballo: mas las tropas
vasallas de Egipto, esto es, de libios, suquienos, y etíopes, no tenía número.
7 Pero por la amistad que tenía con Yarobham,
respetó al reino de Yisraeil y se arrojó sobre Judá donde reinaba Roboam. Y Sheshonk
tomó las ciudades fortificadas de Judá, y llegó hasta Jerusalén imponiéndole
vasallaje a Roboam. 6 Entonces saqueó los tesoros del Templo y
los de Shalomom.
8 Y ya no hubo jamás paz entre el reino de
Judá y el reino de Yisraeil, los reinos divididos del reino de David.

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