miércoles, 25 de febrero de 2015

AMPARO DEL PODER SUPREMO IX


Interrogantes de Dios a los pastores del pueblo

1 Hijo mío, ¿por qué te afanas por las riquezas? ¿Acaso crees que yo te colmare de bienes materiales solo porque alabas mi nombre? 2 ¿Quieres pastorear al rebaño de tu Dios por un salario y mientras los fieles se mantienen en la pobreza 3 tú debieras recibir caudales por tus servicios?

4 ¿Piensas que por servir a las enseñanzas prosperarás en todo lo que emprendas como los árboles que crecen a la orilla de una corriente de frescas aguas? 5 ¿Es esta, acaso, tu aspiración de servicio?

6 Yo te conmino a que respondas a mis preguntas, Yo, el Poder Supremo del Universo. 7 Quiero que respondas con limpia conciencia y con espíritu humilde, 8 con disposición desinteresada para abrir calzadas a mi pueblo.

Dios da sabiduría por gracia

9 Presta atención a mis palabras. Yo transmito por gracia mis enseñanzas 10 y le doy a raudales sabiduría al que me busca en espíritu y fe. 11 Yo te regalo el tesoro de la vida eterna solo a cambio de que cumplas con mis enseñanzas, 12 con alma limpia y mente dispuesta a la justicia y al amor 13 ¿Por qué buscas salario por lo que yo entrego como don?

14 Los que me veneran, respetan y son fieles a mi Palabra tendrán por siempre mi amparo. 15 Y esto también es concesión mía, sin pedirles sacrificios de animales ni holocaustos ni humo aromado de incienso. 16 Esta es mi promesa y a ella soy fiel.

Bendición de la riqueza justa

17 Por tu aplicación, esfuerzo e inteligencia ganas riquezas, sin emplear engaños, sin que te domine la ambición y sin que oprimas al desvalido, Yo bendigo tu riqueza, 18 y más la bendeciré si estás dispuesto a compartir tus caudales con los desamparados, con los enfermos, con los pobres y con los humildes.

19 Entonces te haré prosperar en todo lo que te empeñes.

Ayes contra los falsos pastores

20 Pero ¡Ay de los pastores que inducen a los fieles a poner su fe en la recompensa de riquezas materiales! 21 ¡Ay de los pastores que se enriquecen con las dádivas de los fieles! 22 ¡Ay de los pastores que pervierten mis palabras y las presentan como camino para los bienes materiales! 23 ¡Ay de los pastores que no se conmueven con la pobreza de los humildes y se muestran ante ellos como señores poderosos! 24 ¡Ay de esos falsos pastores, porque ellos recibirán su recompensa!

Las alabanzas que quiere Dios

25 No quiero alabanzas solo de palabras. Alabanzas quiero que nacen de un alma pura. 26 Yo no bendeciré al ambicioso, pero colmaré de bendiciones al que se labra su vida con alma pura y fuerza de espíritu 27 que no se inclina ante el ídolo de la riqueza y el poder.

28 Bendita es la alabanza del que sufre, la alabanza del humilde, la alabanza del pobre y de aquel que carece de alimentos, 29 la alabanza que eleva a mí el que yace en su cama postrado por las enfermedades, a este yo le traeré alivio y consuelo.


30 Yo soy la Luz del Universo quien venga a mí con espíritu de humildad, ese verá la faz de los ángeles, 31 gozará mi luz y el disfrute de la vida en la esfera de la gloria.

martes, 24 de febrero de 2015

Palabras del Predicador (Kohelet) 8 y 9

Capítulo 8

1 ¿Quién como el sabio? ¿Quién conoce las respuestas? La sabiduría del hombre hace que resplandezca su rostro y se ablanden sus facciones.

2 En realidad, para todo lo que se hace hay un cuándo y un cómo, aunque el hombre tiene en su contra un gran problema: 3 que no sabe lo que está por suceder, ni hay quien se lo pueda decir. 4 No hay quien tenga poder sobre el aliento de vida, como para retenerlo, ni hay quien tenga poder sobre el día de su muerte. No hay licencias durante la batalla, ni la maldad deja libre al malvado.

Sinrazones de la vida

5 Todo esto vi al dedicarme de lleno a conocer todo lo que se hace en esta vida: hay veces que el hombre domina sobre el hombre, para su mal. 6 Vi también a los malvados ser sepultados — los que solían ir y venir del lugar santo —; a ellos se les echó al olvido en la ciudad donde así se condujeron. ¡Y también esto es absurdo! 7 Cuando no se ejecuta rápidamente la sentencia de un delito, el corazón del pueblo se llena de razones para hacer lo malo.

8 El pecador puede hacer lo malo cien veces, y vivir muchos años; pero sé también que le irá mejor a quien honra a Dios y le guarda reverencia. 9 En cambio, a los malvados no les irá bien ni vivirán mucho tiempo. Serán como una sombra, porque no guardan respeto por Dios.

10 En la tierra suceden cosas absurdas, pues hay hombres justos a quienes les va como si fueran malvados, y hay malvados a quienes les va como si fueran justos. ¡Y yo digo que también esto es absurdo! 11 Por tanto, celebro la alegría, pues no hay para el hombre nada mejor en esta vida que comer, beber y divertirse, pues sólo eso le queda de tanto afanarse en esta vida que Dios le ha dado.

12 Al dedicarme al conocimiento de la sabiduría y a la observación de todo cuanto se hace en la tierra, sin que pudiera conciliar el sueño ni de día ni de noche, 13 pude ver todo lo hecho por Dios. ¡El hombre no puede comprender todo lo que Dios ha hecho en esta vida! Por más que se esfuerce por hallarle sentido, no lo encontrará; aun cuando el sabio diga conocerlo, no lo puede comprender.

Capítulo 9


La misma suerte para todos

1 Sí, yo me puse a pensar en todo esto y vi que los justos, los sabios y sus acciones están en las manos de Dios. Pero el hombre ni siquiera sabe si es objeto de amor o de odio. Todo lo que está ante él es vaciedad, 2 porque para todos les espera la misma suerte: Para el justo y para el impío, para el bueno y para el malo,  para el puro y el impuro,  para el que ofrece sacrificios y para el que no los ofrece; lo mismo le pasa al bueno y al pecador, al que jura y al que teme hacer un juramento.

3 Hay un mal en todo lo que se hace en esta vida: que todos tienen un mismo final. Además, el corazón del hombre rebosa de maldad; la locura está en su corazón toda su vida, y su fin está entre los muertos. 4 ¿Por quién, pues, decidirse? Entre todos los vivos hay esperanza, pues vale más perro vivo que león muerto. 5 Porque los vivos saben que han de morir, pero los muertos no saben nada ni esperan nada, pues su memoria cae en el olvido. 6 Se han esfumado sus amores, sus odios y sus rivalidades, y nunca más podrán compartir todo lo que se hace bajo el sol.

El único consuelo para el hombre

7 Anda, entonces, come tu pan con alegría y bebe tranquilamente tu vino, porque a Dios ya le agradaron tus obras. 8 Que sean siempre blancos tus vestidos y nunca falte el perfume en tu cabeza.

9 Goza de la vida con la mujer que amas, mientras dure esa vana existencia que Dios te concede bajo el sol, porque es lo que te toca en la vida por el esfuerzo que has realizado bajo el sol.

10 Y todo lo que te venga a la mano, hazlo con todo empeño; porque en el sepulcro, adonde te diriges, no hay trabajo ni planes ni conocimiento ni sabiduría. 11 Me fijé que en esta vida la carrera no la ganan los más veloces, ni ganan la batalla los más valientes; que tampoco los sabios tienen qué comer, ni los inteligentes abundan en dinero, ni los instruidos gozan de simpatía, porque en todo interviene el tiempo y el azar.

12 El hombre no sabe cuándo llega su hora: como los peces atrapados en la red fatal, como los pájaros aprisionados por el lazo, así los hombres se ven sorprendidos por la adversidad cuando cae de improviso sobre ellos.

La sabiduría no reconocida

13 También vi en este mundo un notable caso de sabiduría: 14 Había una pequeña ciudad, con pocos habitantes; un rey poderoso la atacó, la cercó, construyó a su alrededor una impresionante maquinaria de asalto. 15 En esa ciudad había un hombre, pobre pero sabio, que con su sabiduría podría haber salvado a la ciudad, ¡pero nadie se acordó de aquel hombre pobre!


16 Entonces pensé: vale más maña que fuerza, aun cuando se menosprecie la sabiduría del pobre y no se preste atención a sus palabras. 17 Más se atiende a las palabras tranquilas de los sabios que a los gritos del jefe de los necios. 18 Vale más la sabiduría que las armas de guerra. Un solo error acaba con muchos bienes.

ENSEÑANZAS DEL MAESTRO 17


1 Dios no hizo dualidad dentro del hombre como para dar alojo a la fe y a la hipocresía al mismo tiempo.

2 ¡Oh, hombres! Recuerden las bondades que el Padre de la Vida ha tenido con ustedes. ¿Acaso hay otro Padre Germinador fuera de la Suprema Inteligencia que les sustente bajo el cielo y sobre la tierra? 3 No hay nada ni nadie que merite ser adorado salvo el Dios del Universo. ¿Por qué entonces se apartan de sus enseñanzas?

4 ¡Oh, hombres! Cierta y segura es la promesa que Dios nos ha dado. No se dejen alucinar por la vida de placeres, y que el Seductor, el Padre de la Mentira no les engañe respecto a la verdad de la Luz del Universo cayendo en errores y pecados.

5 Ciertamente Sama’el es para ustedes un enemigo, tómenlo pues, como un enemigo; él seduce a sus seguidores para arrastrarles al foso de las sombras 6 y sean contados entre los ángeles maldecidos.

7 Y dicen los que niegan al Dios vivo: “No existe otra vida más que la vivida en este mundo, viviremos y moriremos una sola vez, y sólo el transcurso del tiempo es lo que nos hace perecer”. 8 Pero en verdad no poseen un conocimiento certero sobre lo que dicen, y no hacen más que conjeturar, 9 porque se fundan en las apariencias de la dimensión de lo relativo.

10 Los incrédulos tendrán que recorrer nuevos ciclos de vida; y los creyentes que obren rectamente obtendrán el perdón y la recompensa de la vida eterna en cuerpo astral. 11 ¿Acaso piensan aquellos cuyas almas están enfermas que la Suprema Inteligencia no sacará a la luz el odio que sienten por la Verdad?

12 Quien anhela el poder y la fuerza sobre los hombres, debe entender que no hay poder mayor que el poder de Dios y 13 Él puede aplastar el poder humano con solo un gesto.

14 No se equipara el ciego con el vidente. Ni las tinieblas con la luz. 15 Hay hombres, animales y rebaños y todos son diferentes entre sí; pero los hombres que más veneran y honran a Dios son los más sabios de entre los hijos de Dios. 16 Como el ganado manso que sirve al hombre recibe de la mano de él cuidado, protección y alimento, 17 el hombre que sirve  la obra de la Divinidad en el mundo recibe de Dios, cuidado y amparo y el alimento de la Sabiduría cuando eleva su espiritualidad. 18 En verdad Dios es Poderoso, Justo y Absolvedor y da a cada uno aliento de vida y esperanza de renovación.

19 No se equipara obrar el bien y obrar el mal. Si eres maltratado responde con una buena actitud, 20 y entonces verás que aquel a quien tenías como enemigo reconsiderará su proceder y llegará a ser tu amigo. 21 Pero si insiste en sus ofensas, tu buen proceder acumulará fuego sobre su frente. 22 Quien obre rectamente, lo hará en beneficio propio, y quien obre el mal, lo hará en contra de sí mismo.

23 Ciertamente todos son hermanos entre sí; reconcilien pues a los hermanos que estén en discordia, y honren al Padre de la Vida para que Él tenga misericordia por ustedes. 24 No se difamen ni se pongan apodos ofensivos. 25 En verdad, el más honrado de ustedes ante Dios es aquel que sea más piadoso. 26 Pero el que alcanza la Sabiduría es ensalzado.


27 Dios está más cerca de los hombres que su propia vena yugular. 28 Dos ángeles registran sus obras, uno a la derecha y otro a la izquierda. 29 Ellos les protegen y les guían: ¡Escúchenles! 30 Tras la muerte el alma de cada hombre se presentará acompañada por un ángel que la conduzca  y otro que será testigo de sus obras. 31 Y se dictará sentencia por los ángeles y unos irán al foso de los lamentos en espera del Tiempo de los Tiempos; 32 a otros se les condenará a reiniciar un nuevo ciclo de vida y otros, los justos y benevolentes, los que veneran a Dios y acatan su Pacto irán a la esfera luminosa. 33 Esto es lo que se había prometido para quienes se arrepintieran con sinceridad, fueran fieles al Pacto de Dios y veneraran y honraran a la Suprema Inteligencia.

domingo, 22 de febrero de 2015

Libro de la Buena Noticia del Bendecido Yehshua (5)

Según Yojanán Marcos discípulo de Kefa


El endemoniado gadareno

1 Fueron a la otra orilla del mar, a la región de los gadarenos.  2 Y cuando salió él de la barca, en seguida vino a su encuentro, de los sepulcros, un hombre con un espíritu inmundo, 3 que tenía su morada en los sepulcros, y nadie podía atarle, ni aun con cadenas. 4 Porque muchas veces había sido atado con grillos y cadenas, mas las cadenas habían sido hechas pedazos por él, y desmenuzados los grillos; y nadie le podía dominar. 5 Y siempre, de día y de noche, andaba dando voces en los montes y en los sepulcros, e hiriéndose con piedras.

6 Cuando vio, pues, a Yehshua de lejos, corrió, y se arrodilló ante él. 7 Y clamando a gran voz, dijo: “¿Qué tienes conmigo, Yehshua, Hijo del Dios Altísimo? Te conjuro por Dios que no me atormentes”. 8 Porque le decía: “Sal de este hombre, espíritu inmundo”.

9 Y le preguntó: “¿Cómo te llamas?” Y respondió diciendo: “Legión me llamo; porque somos muchos”. 10 Y le rogaba mucho que no los enviase fuera de aquella región.

11 Estaba allí cerca del monte un gran hato de cerdos paciendo. 12 Y le rogaron todos los demonios, diciendo: “Envíanos a los cerdos para que entremos en ellos”.

13 Y luego Yehshua les dio permiso. Y saliendo aquellos espíritus inmundos, entraron en los cerdos, los cuales eran como dos mil; y el hato se precipitó en el mar por un despeñadero, y en el mar se ahogaron. 14 Y los que apacentaban los cerdos huyeron, y dieron aviso en la ciudad y en los campos. Y salieron a ver qué era aquello que había sucedido.

15 Vienen a Yehshua, y ven al que había sido atormentado del demonio, y que había tenido la legión, sentado, vestido y en su juicio cabal; y tuvieron miedo. 16 Y les contaron los que lo habían visto, cómo le había acontecido al que había tenido el demonio, y lo de los cerdos. 17 Y comenzaron a rogarle que se fuera de sus contornos.

18 Al entrar él en la barca, el que había estado endemoniado le rogaba que le dejase estar con él. 19 Mas Yehshua no se lo permitió, sino que le dijo: “Vete a tu casa, a los tuyos, y cuéntales cuán grandes cosas el Señor ha hecho contigo, y cómo ha tenido misericordia de ti”. 20 Y se fue, y comenzó a publicar en Decápolis cuán grandes cosas había hecho Yehshua con él; y todos se maravillaban.

La hija de Jairo, y la mujer que tocó el manto de Yehshua

21 Pasando otra vez Yehshua en una barca a la otra orilla, se reunió alrededor de él una gran multitud; y él estaba junto al mar. 22 Y vino uno de los principales de la sinagoga, llamado Jairo; y luego que le vio, se postró a sus pies, 23 y le rogaba mucho, diciendo: “Mi hija está agonizando; ven y pon las manos sobre ella para que sea salva, y vivirá”. 24 Fue, pues, con él; y le seguía una gran multitud, y le apretaban.

25 Pero una mujer que desde hacía doce años padecía de flujo de sangre, 26 y había sufrido mucho de muchos médicos, y gastado todo lo que tenía, y nada había aprovechado, antes le iba peor, 27 cuando oyó hablar de Yehshua, vino por detrás entre la multitud, y tocó su manto. 28 Porque decía: Si tocare tan solamente su manto, seré salva.

29 Y en seguida la fuente de su sangre se secó; y sintió en el cuerpo que estaba sana de aquel azote. 30 Luego Yehshua, conociendo en sí mismo el poder que había salido de él, volviéndose a la multitud, dijo: “¿Quién ha tocado mis vestidos?”

31 Sus discípulos le dijeron: “Ves que la multitud te aprieta, y dices: ¿Quién me ha tocado?” 32 Pero él miraba alrededor para ver quién había hecho esto. 33 Entonces la mujer, temiendo y temblando, sabiendo lo que en ella había sido hecho, vino y se postró delante de él, y le dijo toda la verdad. 34 Y él le dijo: “Hija, tu fe te ha hecho salva; ve en paz, y queda sana de tu azote”.

35 Mientras él aún hablaba, vinieron de casa del principal de la sinagoga, diciendo: “Tu hija ha muerto; ¿para qué molestas más al Rabbi?” 36 Pero Yehshua, luego que oyó lo que se decía, dijo al principal de la sinagoga: “No temas, cree solamente”. 37 Y no permitió que le siguiese nadie sino Kefa, Ya’acov, y Yojanán hermano de Ya’acov.


38 Y vino a casa del principal de la sinagoga, y vio el alboroto y a los que lloraban y lamentaban mucho. 39 Y entrando, les dijo: ¿Por qué alborotáis y lloráis? La niña no está muerta, sino duerme. 40 Y se burlaban de él. Mas él, echando fuera a todos, tomó al padre y a la madre de la niña, y a los que estaban con él, y entró donde estaba la niña.


41 Y tomando la mano de la niña, le dijo: Talita cumi; que traducido es: “Niña, a ti te digo, levántate”. 42 Y luego la niña se levantó y andaba, pues tenía doce años. Y se espantaron grandemente. 43 Pero él les mandó mucho que nadie lo supiese, y dijo que se le diese de comer. 

sábado, 21 de febrero de 2015

El Camino de los Apóstoles 25


Andras se une a Yojanán

1 Andras, el primer discípulo, hermano de Kefa, había ido en su predicación hasta donde muchos no se atrevían a incursionar, a la Escitia salvaje, la tierra de Magog, donde quería llevar el misterio y la enseñanza de la cruz. 2 Su palabra valiente fue recibida por algunos de los rudos y fieros habitantes de Escitia, pero los escitas le expulsaron del país.

3 Entonces, viajando en solitario se fue al Ponto Euxino, haciendo muchos conversos, para luego llegar a Ephesos donde se encontraba Yojanán Zebebdi.

4 Sucedió que estando con Yojanán, vinieron algunos de los seguidores del Camino para pedirle a Yojanán que escribiera las enseñanzas de Yehshua; 5 pero Yojanán no se consideraba adecuado para escribir el libro de la Buena Nueva y dijo a los hermanos: “Que sea el Señor quien nos guíe. 6 Ayunen conmigo a partir de hoy durante tres días, y después hablaremos unos con otros sobre la revelación que hayamos tenido, ya sea en pro o en contra”.

Encomienda a Yojanán escribir el libro de la Buena Noticia

7 En la noche Andras soñó que se presentaba Yehshua ante él, diciendo: “Andras, fiel apóstol mío, ¿por qué duda Yojanán? Nadie mejor que él para escribir el libro de la Buena Noticia. 8 Si después de escribir el libro, aún tiene dudas, dile que junto con los hermanos revisen lo escrito”.

9 Andras fue donde Yojanán y le dijo: “Escribe. No dudes. Tuve un sueño revelador donde el Rabbi me decía: ‘Nadie mejor que Yojanán’, y si continuas dudando, que los hermano revisen lo que escribas”.


10 Y Yojanán se apartó de todos para meditar. Mientras meditaba, recibía la inspiración y dijo Yojanán: “¡Oh, Señor! Tú eres la Palabra del Dios del Universo; 11 Tú siempre estuviste con el Padre y eres desde siempre Dios verdadero”. 12 Entonces comenzó a escribir y cuando los hermanos revisaban lo que escribía lo encontraron inspirado y verdad del Espíritu Santo.

Predicación de Andras en Patrae

13 Enterado Kefa de que su hermano Andras se encontraba en Ephesos, envió una carta pidiéndole que partiera para Roma a fin de fortalecer la predicación que ya se llevaba en la ciudad.

14 Se dispuso Andras viajar a Roma; así que se embarcó con dirección al Peloponeso con el propósito de continuar su viaje hasta Roma saliendo de la ciudad de Patrae. 15 Pero a Patrae no había llegado la predicación de Paulo. Gobernaba por entonces en la ciudad el prefecto Egeas, un hombre cruel e inescrupuloso.

16 Andras comenzó a predicar diciendo: “La cruz que es señal de castigo y muerte se ha convertido en símbolo de gozo y vida; 17 porque a ella fue atado el Hijo de Dios, para traer paz al mundo y esperanza de salvación para todas las generaciones”. Y muchos le escuchaban y le creían y recibían el bautismo.

Andras ante el prefecto Egeas

18 Algunos de los principales de la ciudad, molestos por la predicación de la Cruz que hacía Andras y porque hablaba de alimentarse de la carne y la sangre de Yehshua, 19 fueron ante el prefecto y le reclamaron: “Este judío está trastornando las buenas costumbres, adora a la cruz y propone prácticas insanas”.

20 Egeas entonces ordenó que trajeran a Andras ante su presencia y le conminó a que renunciara al culto que profesaba por la cruz. 21 Andras le dijo entonces: “Oh Egeas; si tú quisieses conocer este misterio de la cruz, y cómo el Padre del Universo quiso que su hijo muriera en el madero para salvar al hombre, 22 seguramente creerías en él y le adorarías”.

23 Pero Egeas no quiso escucharle y le dijo: “Predicas cosas perversas. Te ordeno que vayas ante el Templo y hagas sacrificios a los dioses, quizá ellos tengan piedad de ti”.

24 Andras le replicó: “Solo hay un solo Dios, un Dios de Vida por quien se formó todo lo existente. 25 Yo, en cambio, cada día ofrezco a Dios todopoderoso un sacrificio vivo, no el humo del incienso, ni la sangre de los cabritos, ni la sangre de los toros; 26 mi ofrenda es el Cordero sin mancha, cuya carne es verdadera comida, y cuya sangre es verdadera bebida con que se alimenta el pueblo creyente; y, a pesar de esto, 27 después de la inmolación persevera vivo y entero, como antes de ser sacrificado”.

Martirio de Andras

28 Furioso, Egeas hizo que le flagelaran; pero Andras se mantuvo firme, sin proferir quejas aunque el dolor le descomponía el rostro. 29 Luego Egeas ordenó: “Si tanto ama a la cruz, que sea atado a una cruz hasta que muera”.


30 Llevaron a Andras a las afuera de la ciudad y le ataron a una cruz en forma de aspa. Cuando Andras vio la cruz, dijo: “Dichoso soy, porque me ponen ante una cruz. Te venero cruz porque me recuerdas la cruz donde murió mi Divino Rabbi. 31 Me complace imitarlo a Él en este martirio. Dichosa hora esta cuando al ser recibido en tus brazos me llevarás junto al Divino Rabbi, Yehshua, el Kristo”.

Alaben a la Luz del Universo


1 ¡Aleluya! Alaben a la Luz del Universo desde las altas esferas universales, alábenlo en las alturas; 2 alábenle, todos sus ángeles, alábenlo, todo su coro angelical.

3 Alábenle, sol y luna, alábenle, astros luminosos; 4 alábenle, espacios estelares y las moléculas que conforman el universo.

5 Alaben el nombre del Dios del Universo, porque él lo ordenó, y fue formado por su impulso; 6 y lo afianzó para siempre, estableciendo una ley que no pasará.

7 Alaben a la Luz del Universo desde la tierra, los cetáceos y los abismos del mar; 8 el rayo, el granizo, la nieve, la bruma, y el viento huracanado que obedece a sus órdenes.

9 Las montañas y todas las colinas, los árboles frutales y todos los cedros; 10 las fieras y los animales domésticos, los reptiles y los pájaros alados.

11 Los que gobiernan en la tierra y todas las naciones, los legisladores y los gobernantes de la tierra; 12 los ancianos, los jóvenes y los niños, 13 alaben el nombre del Dios del Universo. Porque sólo su Nombre es sublime; su gloria está sobre todas las galaxias y sobre la tierra, 14 y él exalta la fuerza de su pueblo. ¡A él, la alabanza de todos sus fieles, y el pueblo de sus amigos!


 ¡Aleluya! 

viernes, 20 de febrero de 2015

Libro de la Sabiduría de Yehshua ben Sirac VII


La conducta en la vida pública

1 No hagas el mal, y el mal no se apoderará de ti; 2 apártate de la injusticia, y ella se apartará de ti. 3 No siembres, hijo mío, en los surcos de la injusticia, no sea que coseches siete veces más.

4 No pidas a Dios un puesto importante ni al poderoso un sitial de honor. 5 No quieras pasar por justo delante de Dios ni te hagas el sabio delante del poderoso.

6 No ofendas a la asamblea de la ciudad ni te degrades delante de la multitud. 8 No incurras dos veces en pecado, porque ni uno solo quedará impune.

9 No digas: “El Padre apreciará la multitud de mis dones; cuando los presente al Dios Altísimo, él los aceptará”. 10 No dejes de orar confiadamente ni te olvides de dar limosna.

11 No te burles del hombre que está amargado, porque hay Alguien que humilla y también exalta.

12 No urdas mentiras contra tu hermano ni lo hagas tampoco contra un amigo. 13 No digas nunca una mentira, porque esa costumbre no conduce a nada bueno.

14 No hables demasiado en la asamblea de los ancianos ni repitas las palabras en tu oración.

15 No detestes los trabajos penosos ni el trabajo del campo, creado por el Altísimo.

16 No te agregues a la multitud de los pecadores: recuerda que Dios te juzgará.

17 Sé profundamente humilde, porque fuego y gusanos son el castigo del impío.

Deberes hacia los amigos y familiares

18 No cambies a un amigo por dinero ni a un verdadero hermano por el oro de Ofir. 19 No te apartes de una mujer sabia y buena, porque su encanto vale más que el oro.

20 No maltrates al servidor que trabaja fielmente ni al jornalero que se da por entero.

Deberes de los padres y los hijos

21 Si tienes hijos, edúcalos y exígeles obediencia desde su niñez. 22 Si tienes hijas, cuídalas para que sean castas y no te muestres demasiado blando con ellas.

22 Glorifica a tu padre de todo corazón y no olvides los dolores de tu madre; 28 acuérdate que les debes la vida: ¿cómo les retribuirás lo que hicieron por ti?

Deberes hacia los pobres

23 Tiende la mano también al pobre, y serás plenamente bendecido; 24 sé generoso con todos los vivientes y no niegues tu piedad a los muertos; 24 no des la espalda a los que lloran y comparte la aflicción de los que sufren; 25 no dejes de visitar al enfermo: con tales obras te harás amar.


26 En todas tus acciones, acuérdate de tu fin y no pecarás jamás.

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