sábado, 1 de noviembre de 2014

Libro del Buen Mensaje del Señor Yehshua (4)

Libro de Yojanán Apóstol


Yehshua y la samaritana

1 Cuando, Yehshua se enteró de que los fariseos habían oído decir que él bautizaba y hacía más discípulos que Yojanán 2 (aunque Yehshua no bautizaba, sino sus discípulos), 3 salió de Judea, y se fue otra vez a Galilea. 4 Y le era necesario pasar por Samaria.

5 Vino, pues, a una ciudad de Samaria llamada Sicar, junto a la heredad que Ya’acov dio a su hijo Joseph. 6 Y estaba allí el pozo de Ya’acov. Entonces Yehshua, cansado del camino, se sentó así junto al pozo. Era como la hora sexta. 7 Vino una mujer de Samaria a sacar agua; y Yehshua le dijo: “Dame de beber”. 8 Pues sus discípulos habían ido a la ciudad a comprar de comer. 9 La mujer samaritana le dijo: “¿Cómo tú, siendo judío, me pides a mí de beber, que soy mujer samaritana? Porque judíos y samaritanos no se tratan entre sí”.

10 Respondió Yehshua y le dijo: “Si conocieras el don de Dios, y quién es el que te dice: Dame de beber; tú le pedirías, y él te daría agua viva”.

11 La mujer le dijo: “Señor, no tienes con qué sacarla, y el pozo es hondo. ¿De dónde, pues, tienes el agua viva?  12 ¿Acaso eres tú mayor que nuestro padre Ya’acov, que nos dio este pozo, del cual bebieron él, sus hijos y sus ganados?

13 Respondió Yehshua y le dijo: “Cualquiera que bebiere de esta agua, volverá a tener sed; 14 mas el que bebiere del agua que yo le daré, no tendrá sed jamás; sino que el agua que yo le daré será en él una fuente de agua que salte para vida eterna”.

15 La mujer le dijo: “Señor, dame esa agua, para que no tenga yo sed, ni venga aquí a sacarla”.

16 Yehshua le dijo: “Ve, llama a tu marido, y ven acá”.

17 Respondió la mujer y dijo: “No tengo marido”. Yehshua le dijo: “Bien has dicho: No tengo marido; 18 porque cinco maridos has tenido, y el que ahora tienes no es tu marido; esto has dicho con verdad”.

19 Le dijo la mujer:” Señor, me parece que tú eres profeta. 20 Nuestros padres adoraron en este monte, y vosotros decís que en Jerusalén es el lugar donde se debe adorar”.

21 Yehshua le dijo: “Mujer, créeme, que la hora viene cuando ni en este monte ni en Jerusalén adoraréis al Padre. 22 Vosotros adoráis lo que no sabéis; nosotros adoramos lo que sabemos; porque la salvación viene de los judíos. 23 Mas la hora viene, y ahora es, cuando los verdaderos adoradores adorarán al Padre en espíritu y en verdad; porque también el Padre tales adoradores busca que le adoren.  24 Dios es Espíritu; y los que le adoran, en espíritu y en verdad es necesario que adoren”.

25 Le dijo la mujer: “Sé que ha de venir el Mashíaj, llamado el Kristo; cuando él venga nos declarará todas las cosas”.

26 Yehshua le dijo: “Yo soy, el que habla contigo”.

27 En esto vinieron sus discípulos, y se maravillaron de que hablaba con una mujer; sin embargo, ninguno dijo: ¿Qué preguntas? o, ¿Qué hablas con ella? 28 Entonces la mujer dejó su cántaro, y fue a la ciudad, y dijo a los hombres: 29 “Venid, ved a un hombre que me ha dicho todo cuanto he hecho. ¿No será él Kristo?”

30 Entonces salieron de la ciudad, y vinieron a él. 31 Entre tanto, los discípulos le rogaban, diciendo: “Rabbi, come”.

La comida de Yehshua

32 Él les dijo: “Yo tengo una comida que comer, que vosotros no sabéis”.

33 Entonces los discípulos decían unos a otros: “¿Le habrá traído alguien de comer?”

34 Yehshua les dijo: “Mi comida es que haga la voluntad del que me envió, y que acabe su obra. 35 ¿No decís vosotros: Aún faltan cuatro meses para que llegue la siega? He aquí os digo: Alzad vuestros ojos y mirad los campos, porque ya están blancos para la siega. 36 Y el que siega recibe salario, y recoge fruto para vida eterna, para que el que siembra goce juntamente con el que siega. 37 Porque en esto es verdadero el dicho: Uno es el que siembra, y otro es el que siega. 38 Yo os he enviado a segar lo que vosotros no labrasteis; otros labraron, y vosotros habéis entrado en sus labores.

39 Y muchos de los samaritanos de aquella ciudad creyeron en él por la palabra de la mujer, que daba testimonio diciendo: Me dijo todo lo que he hecho. 40 Entonces vinieron los samaritanos a él y le rogaron que se quedase con ellos; y se quedó allí dos días.

41 Y creyeron muchos más por la palabra de él, 42 y decían a la mujer: Ya no creemos solamente por tu dicho, porque nosotros mismos hemos oído, y sabemos que verdaderamente éste es el Salvador del mundo, el Kristo. 43 Dos días después, salió de allí y fue a Galilea. 44 Porque Yehshua mismo dio testimonio de que el profeta no tiene honra en su propia tierra.

45 Cuando vino a Galilea, los galileos le recibieron, habiendo visto todas las cosas que había hecho en Jerusalén, en la fiesta; porque también ellos habían ido a la fiesta.

Yehshua sana al hijo de un oficial del rey

46 Vino, pues, Yehshua otra vez a Caná de Galilea, donde había convertido el agua en vino. Y había en Kapurneum un oficial del rey, cuyo hijo estaba enfermo. 47 Este, cuando oyó que Yehshua había llegado de Judea a Galilea, vino a él y le rogó que descendiese y sanase a su hijo, que estaba a punto de morir.

48 Entonces Yehshua le dijo: “Si no viereis señales y prodigios, no creeréis”.

49 El oficial del rey le dijo: “Señor, desciende antes que mi hijo muera”.

50 Yehshua le dijo: “Ve, tu hijo vive”. Y el hombre creyó la palabra que Yehshua le dijo, y se fue. 51 Cuando ya él descendía, sus siervos salieron a recibirle, y le dieron nuevas, diciendo: “Tu hijo vive”.

52 Entonces él les preguntó a qué hora había comenzado a estar mejor. Y le dijeron: “Ayer a las siete le dejó la fiebre”.

53 El padre entonces entendió que aquella era la hora en que Yehshua le había dicho: “Tu hijo vive”; y creyó él con toda su casa.


54 Esta segunda señal hizo Yehshua, cuando fue de Judea a Galilea.

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