Compasión
de los israelitas por la tribu de Benjamín
1 Luego de haber asolado a Benjamín,
incendiado sus ciudades, pasado a cuchillo a mujeres, hombres y todo ser
viviente en las poblaciones que asaltaron los israelitas de la alianza de
tribus contra Benjamín, juraron en Mitspah: “Ninguno de nosotros dará su hija
en matrimonio a los benjaminitas”.
2 Luego fueron a Bethel y se sentaron ante
el Arca de la Alianza y sintieron remordimiento y lloraron y gimieron diciendo:
“¡Ah, bendito Yahvahé!, ¿por qué ha ocurrido esta guerra en medio de Yisraeil?
¡Hoy se ha perdido una de las tribus de Yisraeil!” 3 Y contaron sus muertos, y lloraron por
todos los que habían perdido un brazo o una pierna en los combates.
4 Al día siguiente, toda la multitud de
guerreros se levantó de madrugada, y levantaron allí un altar ofreciendo
holocaustos y sacrificios de comunión.
5 El sacerdote Pinejás, hijo de Finees,
habló entonces: “Escuchen varones de Yisraeil. Todos hicimos juramento ante
Yahvahé que morirían aquellos que no se unieran al juramento de Mitspah; 6 pues bien, ninguno de Iabés de Galaad de
la media tribu de Menasheh se unió al juramento que allí se hizo que ninguno de
nosotros regresaría a su campamento; nadie volvería a su casa, hasta que los
ofensores no hubieran pagado con su sangre. 7 No se
angustien ustedes diciéndose unos a otros: ‘¿Qué haremos para proveer de
mujeres a los que han sobrevivido en Benjamín, cuando todas sus mujeres han
sido exterminadas y nosotros hemos jurado por Yah no darles como esposas a
nuestras hijas?’ 8 Envíen hombres fuertes a Iabés de Galaad
y pasen al filo de la espada a todos sus habitantes, incluidas las mujeres y
los niños. 9 Ustedes actuarán de esta manera:
consagrarán al exterminio a todos los varones y a las mujeres que hayan
convivido con hombres, pero dejarán con vida a las vírgenes”.
Las
vírgenes de Iabés de Galaad entregadas a los benjaminitas
10 Así lo hicieron y fueron y pasaron a
cuchillo a todos los habitantes de Iabés de Galaad, perdonándole la vida solo a
cuatrocientas jóvenes vírgenes, que no habían convivido con ningún hombre, y
las llevaron al campamento de Silo, que está en el país de Canaán. 11 Los jefes de Yisraeil enviaron mensajeros
a los benjaminitas que se habían refugiado en la Roca de Rimón para anunciarles
la paz.
12 Entonces los seiscientos benjaminitas que
se refugiaban en el desierto regresaron y los hombres de Yisraeil les dieron
las mujeres que habían dejado con vida en Iabés de Galaad, pero no alcanzaron
para todos.
13 Los ancianos de la comunidad dijeron: “No
todos los hombres de Benjamín han alcanzado esposas; sin embargo, está cerca la
fiesta de Adonai que todos los años se celebra en Silo, al norte de Bethel,
vayamos con los benjaminitas para instruirles en qué hacer”. 14 Fueron entonces y les dijeron: “Vayan y
tiendan una celada entre las viñas. 15 Estén
alerta, y cuando las jóvenes de Silo salgan a danzar en coros, ustedes saldrán
de las viñas y raptarán cada uno a una de las jóvenes de Silo. Luego se irán al
país de Benjamín. 16 Y si sus padres o hermanos vienen a
protestar contra nosotros, les diremos: ‘Sean condescendientes con ellos, ya
que no hemos podido capturar en la guerra una mujer para cada uno. Además,
ustedes no hubieran podido dárselas, porque en ese caso se habrían hecho
culpables, porque hemos jurado que nadie en Yisraeil dará su hija como esposa a
un benjaminita’”.
17 Así lo hicieron los benjaminitas: entre
las jóvenes danzantes que habían secuestrado, tomaron las mujeres que
necesitaban. Después se fueron de vuelta a su herencia. 18 Al mismo tiempo, los israelitas se regresaron
cada uno a su tribu y a su clan; partieron de allí, y se fue cada uno a su
herencia.

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