Visión de la pitonisa Huldáh
1 Hilcías y los enviados por Yoshiyah buscaron a
una pitonisa con don de profecías que habitaba en la parte nueva de Jerusalén,
llamada Huldáh que era la esposa del encargado de los vestuarios del rey y le
transmitieron lo que pedía el rey. 2 Huldáh guardo silencio y mientras murmuraba
una plegaria a la Luz del Universo cayó en éxtasis. 3 Entonces vio envueltos dentro de una poderosa
luminiscencia a tres mensajeros de la Suprema Inteligencia, y uno de ellos que
desprendía llamaradas en torno suyo tomó la palabra y dijo: “Huldáh escucha lo
que la Suprema Inteligencia te quiere transmitir por intermedio nuestro. 4 Yo soy Yaho’el que habito en medio de la Luz y
estos que me acompañan son Gavri’el mensajero de las revelaciones y Mija’el,
brazo fuerte del Padre del Universo. Escucha nuestro mensaje para que se lo hagas
conocer al hombre que te buscó.
Dios no envía maldiciones
5 No es el Padre de la Vida el que envía las
maldiciones contenidas en el rollo que Hilcías, padre de Yirmiyahu, encontró,
sino las acciones que por decisión de los hombres han generado las causas que
determinan el bien o el mal futuro de los hombres y de las naciones. 6 Si Yoshiyah pudiera rectificar el pasado de
seguro se cambiaría el futuro de su nación. De cierto te digo que sobrevendrán
grandes males sobre todo Yisraeil y Judá; 7 mas ahora el rey debe actuar de acuerdo con la
justicia del Dios del Universo para evitar mayores desgracias”.
Pecados de Yisraeil y Judá
8 Habló entonces Gavri’el y dijo: “Esta nación
abandonó al Dios verdadero y han quemado incienso ante ídolos de la Sombra y
sus ángeles malditos, corrompiendo las enseñanzas de la Suprema Inteligencia. 9 Por inclinarse ante fantasías para darles
adoración, hicieron violencia sobre los pobres, sacrificaron niños al fuego de
Moloc, mancillaron la inocencia, derramaron sangre, mintieron y cometieron mil
impiedades, 10 se inclinaron
ante los vicios que corroen el alma, edificaron templos a la apetencia de las
riquezas y dieron muerte a los portadores de la Voz que les hablaron para que
se corrigieran. 11 De este modo han
llamado a su propia destrucción sin esperar la llegada del Tiempo de los
Tiempos y sin la piedad de la Suprema Inteligencia”.
12 Dijo Mija’el: “Por la espada y el fuego
intentaron lograr, sin poder, lo que debieron alcanzar por medio de la justicia
y el amor. Desecharon a la Luz del Universo para entregarse a la Sombra haciendo
todo lo malo. 13 Han entregado su
primogenitura a las huestes de los grigoris que se rebelaron contra la Suprema
Inteligencia, perdiendo con ello el derecho que se les dio de ser llamados
pueblo escogido del Dios del Universo. 14 Por esto, la espada jamás se envainará en
estas tierras”.
15 Habló de nuevo Yaho’el: “Al rey de Judá que ha
enviado mensajeros para consultar la palabra de la Suprema Inteligencia, le
dirás: Así dice la Luz del Universo, Dios sobre Yisraeil, acerca de las
palabras que le leyeron. 16 Como se conmovió y se humilló delante de Dios
al conocer las maldiciones del rollo encontrado y se llenó de temor conociendo
los malos actos que hicieron sus padres; como se ha humillado ante mí, rasgado
sus vestidos y ha llorado ante mí, yo le he escuchado. 17 Así le dirás a los mensajeros del rey: Dice el
Padre de la Vida: Serás recibido en paz en el sepulcro y tus ojos no verán las
calamidades que la falta de previsión de los que te antecedieron edificaron
sobre estas tierras y sus habitantes”.
18 Huldáh transmitió las palabras de los
mensajeros de la Luz a los enviados de Yoshiyah y estos se presentaron al rey y
le dijeron lo que había dicho la mujer. Pero Yoshiyah no se quedó tranquilo con
aquellas palabras y, más aún, sintió mayor angustia.
Profecía de Yirmiyahu
19 Entonces fue a donde Yirmiyahu, hijo de Hilcías,
quien era considerado como profeta, preguntándole porque se volcaría la ira de
Yahvahé contra Judá; y él le contestó: “Porque Judá se ha encaminado por los
caminos de la maldad. 20 Así dice Adonai: ¿Qué injusticia encontraron
en mí sus padres para que se alejaran de mí y fueran detrás de ídolos vanos,
volviéndose así vanos ellos mismos? 21 Mi pueblo ha cometido dos maldades: me
abandonaron a mí, la fuente de agua viva, para cavarse cisternas, cisternas
agrietadas, que no retienen el agua. 22 ¡Que su propia maldad le corrija y sus
apostasías le sirvan de escarmiento! Reconozca, entonces, y mire qué cosa tan
mala y amarga es abandonar al Supremo Poder, tu Dios, y dejar de honrarle”.
23 Y dijo Yoshiyah: “Voy a levantar mi mano
contra todo lo que quede de adoración a los ídolos, y terminaré con la
destrucción de sus centros de adoración, quizá así se calme la ira de Yahvahé”.
Yoshiyah destruye los santuarios a los ídolos
24 Luego de esto, hizo venir a Jerusalén a todos
los sacerdotes de las ciudades de Judá y destruyó todos los santuarios de las
lomas donde habían ofrecido sacrificios, desde Beerseba, en el sur, hasta
Guebá, en el norte. Derribó el santuario de las puertas que estaba a la entrada
de la puerta de Yehoshúa, gobernador de la ciudad. Estaba ubicado al lado
izquierdo de la puerta de entrada a la ciudad.
25 Enseguida ordenó cerrar el santuario de Tofet
en el valle de Ben-Hinnom donde se sacrificaban niños al odioso grigori Moloc,
prohibiendo que de nuevo se hicieran esos detestables sacrificios y cumplir con
lo que Yirmiyahu le había mostrado como palabra del Dios del Universo: 26 “Así me habló la Luz del Universo ─ dijo
Yirmiyahu ─: han edificado los lugares altos del Tofet, que está en el valle de
Ben-Hinnom, para quemar al fuego a sus hijos y a sus hijas, cosa que Yo no les
mandé, ni subió en mi corazón. Por tanto, he aquí vendrán días en que no se
diga más Tofet, ni valle de Ben-Hinnom, sino Valle de la Matanza; y serán
enterrados en Tofet, por no haber lugar”.
27 Había altares que los reyes de Judá habían
construido en el techo del palacio del perverso rey Ajaz quien se humilló ante Tiglath-Pileser,
rey de Asiria diciéndole “Soy tu hijo y tu vasallo” y sacrificó a su propio
hijo en las hogueras de Moloc. También
había altares levantados por Manasés abuelo del rey en los dos patios de templo.
Yoshiyah los hizo destruir todos y reducirlos a polvo, y los escombros se
tiraron al torrente Cedrón.
28 Fue Yoshiyah contra los santuarios que estaban
en las lomas frente a Jerusalén, al sur del monte de los Olivos. Que se decía
habían sido levantados por Salomón hijo de David dedicado a Astarté, ídolo de
los sidonios, para Kamós, ídolo de Moab, y para Milcom, ídolo de los amonitas.
Y puso aquellos santuarios bajo fuego y destruidos todas sus imágenes.
La falsa profecía de Yirmiyahu
29 Mirando por todos lados en Be-tel, Yoshiyah
divisó tumbas en el cerro; ordenó sacar los huesos y los quemó en el altar. 30 Este acto fue resaltado por Yirmiyahu cuando
escribió el libro que trataba sobre los reyes, diciendo: “Así se cumplió la
palabra de Yahvahé, que un hombre de Dios había proclamado cuando Jeroboam
estaba junto al altar durante una fiesta”. 31 Porque el profeta quería que se recordara a
Yoshiyah como el más virtuoso de los reyes de Judá y porque quería romper el
vasallaje hacia Asiria y Egipto. 32 Así había escrito en su primer libro hablando
de un hombre de Dios sin nombre, de tiempos de Jeroboam, rey de Yisraeil quien exclamó ante el altar
levantado por Jeroboam: “Altar, altar, en la familia de David va a nacer un
niño cuyo nombre será Yoshiyah. El matará sobre este altar a los sacerdotes que
quemaron incienso en él. Y manchará el altar quemando sobre él huesos humanos”.
33 Pero Yoshiyah no sería el Mashíaj y el pueblo
tendría que seguir aguardando por su llegada; porque Yirmiyahu no fue inspirado
por la Luz y hablaba por obediencia al rey.

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