1 Respóndeme cuando te invoco,
Dios, mi defensor, tú, que en la angustia me diste un desahogo: ten piedad de
mí y escucha mi oración.
2 Y ustedes, señores, ¿hasta cuándo
ultrajarán al que es mi Gloria, amarán lo que es falso y buscarán lo engañoso? 3 Sepan que el Dios de la Vida
hizo maravillas por su amigo: él me escucha siempre que lo invoco.
4 Tiemblen, y no pequen
más; reflexionen en sus lechos y guarden
silencio, 5
ofrezcan
solo los sacrificios que son debidos: renuncia de lo vano y conmiseración por
los afligidos, y tengan confianza en el
Supremo Poder.
6 Hay muchos que preguntan: "¿Quién
nos mostrará la felicidad, si la luz de tu rostro, Padre, Luz del Universo, se
ha alejado de nosotros?"
7 Pero tú has puesto en mi
corazón más alegría que cuando abundan el trigo y el vino. 8 Me acuesto en paz y en seguida
me duermo, porque sólo tú, Oh Dios benéfico, aseguras mi descanso y me guardas
con tus ángeles benditos.
9 Porque tú me liberas de las
angustias y me auxilias en mis necesidades. ¡Ah, Liberador mío, cuán grande es
tu poder!

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