domingo, 2 de noviembre de 2014

Ten piedad de mí, oh Dios


1 Ten piedad de mí, oh Dios, conforme a tu misericordia; conforme a la multitud de tus piedades borra mis rebeliones.

2 Lávame más y más de mi maldad, y límpiame de mi pecado.

3 Porque yo reconozco mis rebeliones, y mi pecado está siempre delante de mí.

4 Contra ti, contra ti solo he pecado, y he hecho lo malo delante de tus ojos; para que seas reconocido justo en tu palabra, y tenido por puro en tu juicio.

5 He aquí, en maldad he sido formado, y en pecado me concibió mi madre.

6 He aquí, tú amas la verdad en lo íntimo, y en lo secreto me has hecho comprender sabiduría.

7 Purifícame con hisopo, y seré limpio; lávame, y seré más blanco que la nieve.

8 Hazme oír gozo y alegría, y se recrearán los huesos que has abatido.

9 Esconde tu rostro de mis pecados, y borra todas mis maldades.

10 Crea en mí, oh Dios, un corazón limpio, y renueva un espíritu recto dentro de mí.

11 No me eches de delante de ti, y no quites de mí tu santo Espíritu.

12 Vuélveme el gozo de tu salvación, y espíritu noble me sustente.

13 Entonces enseñaré a los transgresores tus caminos, y los pecadores se convertirán a ti.

14 Líbrame de homicidios, oh Dios, Dios de mi salvación; cantará mi lengua tu justicia.

15 Señor, abre mis labios, y publicará mi boca tu alabanza.

16 Porque no quieres sacrificio, que yo lo daría; no quieres holocausto.


17 Los sacrificios que ama Dios son los que consagran los espíritus quebrantados; al corazón contrito y humillado no despreciarás tú, oh Luz del Universo: Tú les darás consuelo. 

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