Los
mandatos: Noveno Mandato
1 Hizo una pausa el Pastor mientras yo
tomaba notas de lo que me comunicaba, luego dijo: “Aparta de ti todo ánimo
indeciso y no dudes en absoluto de si has de hacer suplicas a Dios, diciéndote
a ti mismo: ‘¿Cómo puedo pedir una cosa a nuestro Padre Eterno y recibirla
siendo así que he cometido tantos pecados contra Él?’ 2 No razones de esta manera, sino vuélvete
a Kristo nuestro Señor de todo corazón, y 3 no le
pidas al Dios de la Vida nada vacilando, y conocerás su gran compasión, pues
Él, sin duda, no te abandonará, sino que cumplirá la petición de tu alma.
4 Porque Dios, Luz del Universo, no es como
los hombres que guardan rencores, sino que Él mismo no es capaz de malicia y
tiene compasión por todas sus criaturas. 5
Limpia, pues, tu corazón de todas las vanidades de esta vida, y de las cosas
mencionadas antes; 6 y pide al Señor, para que recibas todas
las cosas, y no se te negará ninguna de todas tus peticiones cuando pides al
Señor Kristo sin vacilación y dudas.
Los
indecisos no reciben sus peticiones
7 Pero si en tu alma fluctúas entre la
confianza y la duda no recibirás ninguna de tus peticiones. Porque los que
vacilan respecto a Dios son los de ánimo indeciso, y éstos nunca obtienen sus
peticiones. 8 Pero los que están llenos en la fe, hacen
todas sus peticiones confiando en el Señor, y reciben porque piden sin
vacilación, sin dudar; 9 porque todo hombre de ánimo indeciso, si
no se arrepiente, difícilmente encontrará a Dios.
La fe
es fortaleza
10 ¿Qué has de hacer?: Arranca de tu ánimo
cualquier duda, y ten fe, porque la fe es tu fortaleza, y confía en Dios para
que recibas todas las peticiones que haces; 11 y si
después de pedir algo al Señor recibes tu petición con alguna demora, no
vaciles en tu ánimo porque no has recibido la petición de tu alma al instante; 12 tal vez alguna tentación te movió a hacer
tu petición o cometiste sin darte cuenta alguna transgresión, y, por eso, no
recibes lo que a Dios rogaste, sino con demora.
13 Por tanto, no ceses en hacer la petición
de tu alma, y la recibirás. Pero si te cansas, y dudas cuando pides, cúlpate a
ti mismo y no a Aquel que te concede lo que imploras.
La
indecisión es mala
14 Despójate de toda indecisión; porque es
mala y sin sentido, y desarraiga a muchos de la fe, sí, incluso a hombres
fieles y fuertes. 15 Porque verdaderamente si en tu ánimo se
presenta la duda es porque así la sembró el Maligno en tu espíritu, porque la
duda es hija del espíritu maligno y causa gran daño a los que siguen a la Luz. 16 Por tanto, hecha a un lado tus dudas y
domínalas, armándote con la fe, que es fuerte y poderosa. 17 La fe te promete y realiza todas las
cosas; pero el pensamiento indeciso de aquel que no tiene confianza en sí mismo,
falla en todas las obras que hace.
18 Ten presente que la fe es don de Dios y,
por tanto, posee gran fuerza; sin embargo cuando el ánimo se hace vacilante, su
origen no viene de lo elevado, sino del Maligno y, por ello carece de poder.
19 Por tanto, sirve a la fe que tiene poder,
y mantente lejos del ánimo vacilante, y vivirás para Dios; sí, y todos los que
piensan igual vivirán para Dios”.
Décimo
Mandato
20 Y continuó hablando el Pastor: “Escucha,
Hermas, el nuevo mandato que ahora te enseñaré, para que lo pongas en práctica
y lo enseñes a tus hermanos, hijos de Dios como tú: Ahuyenta de ti la tristeza
porque es la hermana del ánimo indeciso y el temperamento irascible”.
21 Aquellas palabras me hicieron dudar de su
exactitud; por tanto le pregunté: “Discúlpame Señor y aclárame esta duda, ¿cómo
puedes decir que la tristeza es hermana de estos? Para mí, el temperamento
irascible es una cosa; el ánimo vacilante, otra; la pena, la tristeza, otra”.
La
tristeza, peor que los malos espíritus
22 Me lanzó el Pastor una severa mirada y me
contestó: “Eres un necio, y no te das cuenta que la tristeza es peor que todos
los malos espíritus, y muy fatal para los hijos de Dios, porque, más que todos
los espíritus, destruye al hombre, y apaga al Espíritu Santo, y por otro lado
lo salva”.
23 De nuevo alegué diciendo: “Discúlpame,
Señor, pero no alcanzo a comprender ni entra en mi entendimiento este, tu juego
de palabras. Porque ¿cómo puede la tristeza tener poder para destruir y para
salvar?, esto no lo comprendo”.
24 Me dijo entonces: “Escucha: Los que nunca
han buscado la verdad con ahínco ni han razonado con toda su inteligencia
respecto a la divinidad de la Suprema Inteligencia, sino simplemente creyendo
y, sin verdadero entendimiento, creen comprender lo que extraen de las
escrituras sagradas 25 sin darse cuenta, en su soberbia, que
solo han quedado en lo superficial, 26 ellos
no alcanzan a comprender los arcanos de la divinidad; porque han sido
entenebrecidos por sus acciones, y se han corrompido y hecho infructuosos.
27 Como las viñas buenas, que cuando se las
abandona y descuida se vuelven infructuosas por las zarzas y hierbas de todas
clases, lo mismo los hombres que, después de haber creído, no han profundizado
en la verdad, pierden su entendimiento y no comprenden nada en absoluto con
respecto a la justicia; 28 porque si oyen acerca de la divinidad y
la verdad, su mente está absorta en interpretaciones superficiales y en
razonamientos no inspirados en la espiritualidad.
Los
verdaderos seguidores de la Luz se entrenan en Sabiduría
29 Pero los que en verdad son seguidores de
la Luz, se adentran en espíritu en la verdad y en la grandeza de la divinidad,
y ponen toda su espiritualidad en Kristo, 30
perciben y entienden todo lo que se les dice más rápidamente, porque la verdad
de Dios está en ellos; porque donde reside la Luz del Universo, allí también
hay Sabiduría. 31 Adhiérete, pues, al Dios del Universo, y
comprenderás y advertirás todas las cosas”.
Como
la tristeza oprime al Espíritu Santo
32 Luego volvió a hablarme, y me dijo: “Escucha
ahora, hombre sin sentido porque voy a explicarte en qué forma la tristeza
oprime al Espíritu Santo y le apaga, y en qué forma salva.
33 Cuando el hombre de ánimo indeciso
emprende alguna acción, y fracasa en ella debido a su ánimo indeciso, la
tristeza entra en el hombre, y contrista a su espíritu y apaga la luz del
Espíritu Santo en él. 34 Luego, cuando el temple irascible se
adhiere al hombre con respecto a algún asunto, y está muy contrariado, de nuevo
la tristeza entra en su alma, porque la contrariedad produce tristeza, y la
tristeza le conduce a arrepentirse de haber obrado mal. 35 Esta tristeza, pues, parece traer
salvación, porque se arrepiente de haber hecho el mal.
36 Así pues, el ánimo indeciso entristece al
Espíritu, porque no consigue el asunto que quiere, y el temple irascible
también, puesto que hizo algo malo. 37 Por
consiguiente, los dos contristan al Espíritu: el ánimo indeciso y el temple
irascible.
38 Ahuyenta de ti, pues, tu tristeza, para
que no apartes de ti la Luz del Espíritu Santo y te aleje del camino a la vida,
porque el Paráclito, Espíritu de Dios, que se concedió para tu consuelo, no
soporta la tristeza ni el ser constreñido.
El
animoso obra y piensa bien
39 Por tanto, revístete de alegría y buen
ánimo, que siempre tiene favor delante de Dios, y le es aceptable, y regocíjate
en ellos. 40 Porque todo hombre animoso obra bien, y
piensa bien, y desprecia la tristeza; 41 pero
el hombre triste, por su ánimo de pena, cae en tentaciones, en angustias y
quebrantos. 42 Supera la tristeza cuando implores a
Dios, porque la intercesión de un hombre triste nunca tiene poder para ascender
hasta la gloria de Dios. 43 Si me preguntas por qué es así, te
contestaré: Porque la tristeza se aloja en su alma. 44 Por ello, la tristeza mezclada con la
intercesión no permite que la intercesión ascienda pura hasta la gloria de Dios.
45 Porque como el vinagre cuando se mezcla
con vino en el mismo vaso no tiene el mismo sabor agradable, así mismo, la
tristeza no produce la misma intercesión del Paráclito ante la gloria del Padre
que produciría el Espíritu Santo solo. 46
Recuerda que el Espíritu Santo es gozo, alegría, paz de espíritu, paciencia,
sabiduría, animosidad y amor. 47 No mezcles por tanto, la malvada tristeza
a tu plegaria para que se produzca la intercesión del Paráclito; 48 así alcanzarás la gracia del Dios
Todopoderoso, como así también todos aquellos que echan de sí la tristeza y se
revisten de buen ánimo y alegría”.

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