sábado, 1 de noviembre de 2014

Los Libertadores Shophetim 16


Venganza de los israelitas

1 Conmovidos por lo que narraron los enviados del levita, todas las tribus de Yisraeil salieron como un solo hombre, de Shimeón, de Judá, de Efrayim, desde Dan hasta Beerseba de Shimeón y hasta la región de Galaad y se reunieron en asamblea en Mitspah de Benjamín. Una enorme multitud de hombres de a pie, armados de armas.

2 En tanto en Benjamín había preocupación por tanta gente armada en los confines de su tierra.

3 Los jefes de familia y de las tribus preguntaron al levita en Mitspah: “Queremos escuchar de tu boca cómo sucedió el crimen que hicieron contra ti en Guibeá de Benjamín”.

4 Entonces el levita se puso en medio de la asamblea y habló: “Yo junto con mi concubina, hoy muerta, llegamos a Guibeá de Benjamín para pasar la noche camino del lugar donde vivo. Nadie quiso darnos posada. 5 Solo un anciano de Efrayim se compadeció de nosotros y nos dio alojamiento; pero los vecinos de Guibeá faltaron al sagrado deber de hospitalidad y se reunieron, todos furiosos y profiriendo gritos, rodearon la casa del anciano con la intención de matarme, y abusaron de mi concubina, cada uno a su placer, tanto que le provocaron la muerte. 6 Recogí a mi concubina, desnuda ante la puerta y la llevé conmigo. Luego la corté en pedazos y enterré sus despojos en los cuatro puntos cardinales, porque se había cometido un abominable crimen y una infamia en Yisraeil. 7 Juzguen ustedes y tomen una determinación ahora para vengar este ultraje”.

8 Todo el pueblo se levantó como un solo hombre y exclamó: “Ninguno de nosotros irá a su campamento; nadie volverá a su casa, hasta que los ofensores no paguen con su sangre”. 9 Entonces los jefes de Yisraeil dijeron: “Escojamos hombres de fortaleza y hábiles con las armas para ir contra Guibeá y darle su merecido por la abominación que han cometido en Yisraeil.

Los benjaminitas rechazan las demandas de Yisraeil

10 Las tribus de Yisraeil enviaron emisarios a toda la tribu de Benjamín para exigirle: “¿Qué explicación nos darán del crimen que se cometió entre ustedes? 11 Entréguennos a esos hombres pervertidos de Guibeá que fueron capaces de intentar matar a un levita y violaron a su mujer. Ellos pagarán con sus cabezas el daño cometido contra todo Yisraeil y así limpiamos la vergüenza que ha caído sobre todos.

12 Los benjaminitas rechazaron las exigencias de las tribus de Yisraeil, diciéndoles: “No les toca a ustedes juzgar sobre Benjamín. Solo nosotros decidiremos si el crimen merece la muerte y solo nosotros pondremos las manos sobre Guibeá”.

13 Los jefes de las tribus que se habían levantado contra Benjamín se marcharon furiosos para Bethel, porque en aquel tiempo el Arca de la Alianza de Yah se encontraba allí,  y en Bethel volvieron a tener consejo y buscaron consultar a Yahvahé sobre cual tribu sería la que primero marcharía contra los benjaminitas. 14 Estando en estas consultas cuando los jefes de Iabés de Galaad de la media tribu de Menasheh, se negaron a combatir contra sus hermanos benjaminitas, diciendo: “¡Sea Benjamín quién juzgue! No nos convirtamos nosotros en instrumento de venganza de un hombre sin honor”.

15 Entonces los jefes de Yisraeil clamaron contra Iabés de Galaad diciendo: “Sea reo de muerte quien no nos acompañe en el juramento que hicimos en Mitspah”.

Los preparativos para el combate

16 Los benjaminitas de todas las ciudades se reunieron en Guibeá dispuestos a enfrentar a las tribus de Yisraeil que se levantaban contra ellos. En Guibeá oraron a Yahvahé pidiéndole que les condujera a la vitoria sobre sus hermanos israelitas. 17 Muchos fueron los benjaminitas que se reunieron en Guibeá y de toda su tropa, setecientos hombres eran guerreros adiestrados, ambidextros, y capaces de arrojar la piedra de su honda contra un cabello, sin errar el tiro.

18 Las tribus de Yisraeil reunidas en Bethel se preparaban para el combate y consultaron a Yahvahé por medio del sacerdote Pinejás, hijo de Finees, que era hijo de Eleazar, hijo de Aarón, el cual Finees había ganado el Sumo Sacerdocio por la sangre derramada con su propia mano de dos personas que consideraba causantes de una plaga que asolaba a los israelitas en tiempos de Moshé. 19 Y Pinejás, ¿acaso su nombre no significa “boca de serpiente’?, habló y dijo: “Yah, ha hablado y dice que Judá será el primero que ataque a Benjamín y obtendrá la victoria”.

Victoria inicial de los benjaminitas

20 Los israelitas avanzaron de madrugada para acampar frente a Guibeá 20 y salir a luchar contra Benjamín. Los hombres de Yisraeil se dispusieron en orden de batalla frente a la ciudad, y los de Judá se lanzaron los primeros al ataque. 21 Y corrió la sangre, sangre de la tribu de Benjamín y sangre de su tribu hermana de Judá. 22 Y uno y otro bando clamaba la ayuda de Yahvahé.

23 Resistieron firmes los de Benjamín y aplastaron el empuje de Judá dejando muchos muertos en la ladera de la montaña. Y desesperados, los israelitas huyeron hasta Bethel y 24 sus jefes pidieron Pinejás que consultara a Yah, preguntando: “¿Tenemos que entablar un nuevo combate con los hijos de nuestro hermano Benjamín?” Pero Dios guardó silencio.

25 Entonces Sama’el, espíritu del mal puso sus palabras en la mente de Pinejás y este dijo: “Benjamín ofendió a un hombre de la casta de Leví, consagrada al Dios de las alturas; por tanto debe pagar con sangre esta ofensa. 26 Marchen contra Benjamin y atáquenle sin piedad. Esto es palabra de Yah”.

27 De esta manera, la tropa israelita recobró el valor y volvió a disponer sus filas para el combate en el mismo lugar que el primer día. Los israelitas se acercaron por segunda vez a los benjaminitas, 28 pero también aquel segundo día Benjamín les salió al encuentro desde Guibeá, y fue violento el combate y caían los hombres destrozados por las espadas y la ladera se manchó de sangre hermana.

29 Entonces los israelitas huyeron a Bethel y allí se lamentaron, sentados delante del Arca de la Alianza: ayunaron todo el día hasta la tarde y ofrecieron holocaustos y sacrificios de comunión. 30 De nuevo pidieron consejo a Pinejás para que consultara a Yahvahé y les respondiera: “¿Tenemos que salir otra vez a luchar contra los hijos de nuestro hermano Benjamín, o debemos desistir?”

31 Y habló Pinejás, hijo de Finees, hijo de Eleazar, hijo de Aarón y dijo: “¡Ah, cobardes! ¿Cómo pueden creer que Yah les de la victoria si el temor alienta en sus espíritus? Ahora vayan, levántense, contra Benjamín porque Adonai ha hablado y les asegura que mañana los entregará en las manos de ustedes”.

La derrota de Benjamín

32 Fueron los de la alianza contra Benjamín y colocaron una emboscada alrededor de Guibeá y dispusieron sus filas contra Guibeá, como las otras veces.

33 Los benjaminitas les salieron al encuentro, dejándose arrastrar lejos de la ciudad, y comenzaron como las otras veces a matar gente por los senderos que suben, uno a Bethel y el otro a Gabaón. Así mataron a unos treinta hombres de la alianza, sobre el campo raso. 34 Y se dijeron los de Benjamín: “Ya los tenemos derrotados como la primera vez”. Pero las tribus atacantes habían acordado simular que huían ante Benjamín, para atraerlos hasta los caminos lejos de la ciudad.

35 Cuando los de Benjamín estaban lejos de la ciudad persiguiendo a sus atacantes, los emboscados contra Guibeá, 36 se desplegaron rápidamente y atacaron a la ciudad, y sin piedad arrasaron la ciudad desprotegida pasando a todos sus habitantes al filo de la espada.

37 La gente de las tribus aliadas se había puesto de acuerdo con los que estaban emboscados, para que estos levantaran una humareda desde la ciudad, 38 y entonces ellos presentarían batalla. Cuando Benjamín comenzó a matar a algunos de sus atacantes, unos treinta hombres en total, pensó: “Ya los tenemos completamente derrotados, como en el primer combate”. 39 Pero la columna de humo empezó a levantarse desde la ciudad, y Benjamín, al mirar atrás, vio que la ciudad entera subía en llamas hacia el cielo.

40 Entonces fue tremendo el ataque que se lanzara contra los desconcertados benjaminitas. 41 Los benjaminitas retrocedieron en dirección al desierto, pero se vieron acosados por sus agresores, y los que venían de la ciudad los atacaron tomándolos entre dos frentes. 42 Así encerraron a los hombres de Benjamín, los persiguieron sin darles tregua y siguieron derrotándolos hasta llegar a Guebá por el oriente.

43 Fue grande la pérdida de hombres de Benjamín, todos muertos a espada, y solo lograron escapar de la matanza seiscientos benjaminitas que huyeron al desierto hasta la Roca de Rimón, y allí estuvieron durante cuatro meses.


44 No hubo piedad para Benjamín. No se detuvo el brazo asesino levantado contra los hermanos de la misma sangre. 45 Los hombres de las tribus levantadas contra Benjamín pasaron al filo de la espada a los varones de las ciudades, al ganado y a todo lo que encontraron, y también incendiaron a su paso todas las ciudades.

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