Venganza de los israelitas
1
Conmovidos por lo que narraron los enviados del levita, todas las tribus de
Yisraeil salieron como un solo hombre, de Shimeón, de Judá, de Efrayim, desde Dan
hasta Beerseba de Shimeón y hasta la región de Galaad y se reunieron en
asamblea en Mitspah de Benjamín. Una enorme multitud de hombres de a pie,
armados de armas.
2 En
tanto en Benjamín había preocupación por tanta gente armada en los confines de
su tierra.
3 Los
jefes de familia y de las tribus preguntaron al levita en Mitspah: “Queremos
escuchar de tu boca cómo sucedió el crimen que hicieron contra ti en Guibeá de
Benjamín”.
4
Entonces el levita se puso en medio de la asamblea y habló: “Yo junto con mi
concubina, hoy muerta, llegamos a Guibeá de Benjamín para pasar la noche camino
del lugar donde vivo. Nadie quiso darnos posada. 5 Solo
un anciano de Efrayim se compadeció de nosotros y nos dio alojamiento; pero los
vecinos de Guibeá faltaron al sagrado deber de hospitalidad y se reunieron,
todos furiosos y profiriendo gritos, rodearon la casa del anciano con la
intención de matarme, y abusaron de mi concubina, cada uno a su placer, tanto
que le provocaron la muerte. 6
Recogí a mi concubina, desnuda ante la puerta y la llevé conmigo. Luego la
corté en pedazos y enterré sus despojos en los cuatro puntos cardinales, porque
se había cometido un abominable crimen y una infamia en Yisraeil. 7
Juzguen ustedes y tomen una determinación ahora para vengar este ultraje”.
8 Todo
el pueblo se levantó como un solo hombre y exclamó: “Ninguno de nosotros irá a
su campamento; nadie volverá a su casa, hasta que los ofensores no paguen con
su sangre”. 9 Entonces los jefes de
Yisraeil dijeron: “Escojamos hombres de fortaleza y hábiles con las armas para
ir contra Guibeá y darle su merecido por la abominación que han cometido en
Yisraeil.
Los benjaminitas rechazan las demandas de
Yisraeil
10 Las
tribus de Yisraeil enviaron emisarios a toda la tribu de Benjamín para
exigirle: “¿Qué explicación nos darán del crimen que se cometió entre ustedes? 11
Entréguennos a esos hombres pervertidos de Guibeá que fueron capaces de
intentar matar a un levita y violaron a su mujer. Ellos pagarán con sus cabezas
el daño cometido contra todo Yisraeil y así limpiamos la vergüenza que ha caído
sobre todos.
12 Los
benjaminitas rechazaron las exigencias de las tribus de Yisraeil, diciéndoles:
“No les toca a ustedes juzgar sobre Benjamín. Solo nosotros decidiremos si el
crimen merece la muerte y solo nosotros pondremos las manos sobre Guibeá”.
13 Los
jefes de las tribus que se habían levantado contra Benjamín se marcharon
furiosos para Bethel, porque en aquel tiempo el Arca de la Alianza de Yah se
encontraba allí, y en Bethel volvieron a
tener consejo y buscaron consultar a Yahvahé sobre cual tribu sería la que
primero marcharía contra los benjaminitas. 14
Estando en estas consultas cuando los jefes de Iabés de Galaad de la media
tribu de Menasheh, se negaron a combatir contra sus hermanos benjaminitas,
diciendo: “¡Sea Benjamín quién juzgue! No nos convirtamos nosotros en
instrumento de venganza de un hombre sin honor”.
15
Entonces los jefes de Yisraeil clamaron contra Iabés de Galaad diciendo: “Sea
reo de muerte quien no nos acompañe en el juramento que hicimos en Mitspah”.
Los preparativos para el combate
16 Los
benjaminitas de todas las ciudades se reunieron en Guibeá dispuestos a
enfrentar a las tribus de Yisraeil que se levantaban contra ellos. En Guibeá
oraron a Yahvahé pidiéndole que les condujera a la vitoria sobre sus hermanos
israelitas. 17 Muchos fueron los
benjaminitas que se reunieron en Guibeá y de toda su tropa, setecientos hombres
eran guerreros adiestrados, ambidextros, y capaces de arrojar la piedra de su
honda contra un cabello, sin errar el tiro.
18 Las
tribus de Yisraeil reunidas en Bethel se preparaban para el combate y
consultaron a Yahvahé por medio del sacerdote Pinejás, hijo de Finees, que era hijo
de Eleazar, hijo de Aarón, el cual Finees había ganado el Sumo Sacerdocio por la
sangre derramada con su propia mano de dos personas que consideraba causantes
de una plaga que asolaba a los israelitas en tiempos de Moshé. 19 Y
Pinejás, ¿acaso su nombre no significa “boca de serpiente’?, habló y dijo:
“Yah, ha hablado y dice que Judá será el primero que ataque a Benjamín y
obtendrá la victoria”.
Victoria inicial de los benjaminitas
20 Los
israelitas avanzaron de madrugada para acampar frente a Guibeá 20 y
salir a luchar contra Benjamín. Los hombres de Yisraeil se dispusieron en orden
de batalla frente a la ciudad, y los de Judá se lanzaron los primeros al
ataque. 21 Y corrió la sangre, sangre de
la tribu de Benjamín y sangre de su tribu hermana de Judá. 22 Y uno
y otro bando clamaba la ayuda de Yahvahé.
23
Resistieron firmes los de Benjamín y aplastaron el empuje de Judá dejando
muchos muertos en la ladera de la montaña. Y desesperados, los israelitas
huyeron hasta Bethel y 24 sus
jefes pidieron Pinejás que consultara a Yah, preguntando: “¿Tenemos que
entablar un nuevo combate con los hijos de nuestro hermano Benjamín?” Pero Dios
guardó silencio.
25
Entonces Sama’el, espíritu del mal puso sus palabras en la mente de Pinejás y
este dijo: “Benjamín ofendió a un hombre de la casta de Leví, consagrada al
Dios de las alturas; por tanto debe pagar con sangre esta ofensa. 26
Marchen contra Benjamin y atáquenle sin piedad. Esto es palabra de Yah”.
27 De
esta manera, la tropa israelita recobró el valor y volvió a disponer sus filas
para el combate en el mismo lugar que el primer día. Los israelitas se
acercaron por segunda vez a los benjaminitas, 28 pero
también aquel segundo día Benjamín les salió al encuentro desde Guibeá, y fue
violento el combate y caían los hombres destrozados por las espadas y la ladera
se manchó de sangre hermana.
29 Entonces
los israelitas huyeron a Bethel y allí se lamentaron, sentados delante del Arca
de la Alianza: ayunaron todo el día hasta la tarde y ofrecieron holocaustos y
sacrificios de comunión. 30 De
nuevo pidieron consejo a Pinejás para que consultara a Yahvahé y les
respondiera: “¿Tenemos que salir otra vez a luchar contra los hijos de nuestro
hermano Benjamín, o debemos desistir?”
31 Y
habló Pinejás, hijo de Finees, hijo de Eleazar, hijo de Aarón y dijo: “¡Ah,
cobardes! ¿Cómo pueden creer que Yah les de la victoria si el temor alienta en
sus espíritus? Ahora vayan, levántense, contra Benjamín porque Adonai ha
hablado y les asegura que mañana los entregará en las manos de ustedes”.
La derrota de Benjamín
32 Fueron
los de la alianza contra Benjamín y colocaron una emboscada alrededor de Guibeá
y dispusieron sus filas contra Guibeá, como las otras veces.
33 Los
benjaminitas les salieron al encuentro, dejándose arrastrar lejos de la ciudad,
y comenzaron como las otras veces a matar gente por los senderos que suben, uno
a Bethel y el otro a Gabaón. Así mataron a unos treinta hombres de la alianza,
sobre el campo raso. 34 Y se
dijeron los de Benjamín: “Ya los tenemos derrotados como la primera vez”. Pero
las tribus atacantes habían acordado simular que huían ante Benjamín, para
atraerlos hasta los caminos lejos de la ciudad.
35
Cuando los de Benjamín estaban lejos de la ciudad persiguiendo a sus atacantes,
los emboscados contra Guibeá, 36 se
desplegaron rápidamente y atacaron a la ciudad, y sin piedad arrasaron la
ciudad desprotegida pasando a todos sus habitantes al filo de la espada.
37 La
gente de las tribus aliadas se había puesto de acuerdo con los que estaban
emboscados, para que estos levantaran una humareda desde la ciudad, 38 y
entonces ellos presentarían batalla. Cuando Benjamín comenzó a matar a algunos de
sus atacantes, unos treinta hombres en total, pensó: “Ya los tenemos
completamente derrotados, como en el primer combate”. 39 Pero
la columna de humo empezó a levantarse desde la ciudad, y Benjamín, al mirar
atrás, vio que la ciudad entera subía en llamas hacia el cielo.
40
Entonces fue tremendo el ataque que se lanzara contra los desconcertados
benjaminitas. 41 Los benjaminitas
retrocedieron en dirección al desierto, pero se vieron acosados por sus
agresores, y los que venían de la ciudad los atacaron tomándolos entre dos
frentes. 42 Así encerraron a los hombres
de Benjamín, los persiguieron sin darles tregua y siguieron derrotándolos hasta
llegar a Guebá por el oriente.
43 Fue
grande la pérdida de hombres de Benjamín, todos muertos a espada, y solo
lograron escapar de la matanza seiscientos benjaminitas que huyeron al desierto
hasta la Roca de Rimón, y allí estuvieron durante cuatro meses.
44 No
hubo piedad para Benjamín. No se detuvo el brazo asesino levantado contra los
hermanos de la misma sangre. 45 Los
hombres de las tribus levantadas contra Benjamín pasaron al filo de la espada a
los varones de las ciudades, al ganado y a todo lo que encontraron, y también
incendiaron a su paso todas las ciudades.

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