1 El universo proclama la
gloria de Dios; de su grandeza nos hablan los astros y los planetas. 2 Aunque no se escuchan
palabras ni se oye voz alguna, 4 el mensaje llega a toda la tierra y hasta el
último confín del universo.
3 Como el Sol que se asoma por
el oriente y se pone por occidente sin que nada pueda escapar a su calor, 4 así es perfecta la enseñanza
del Padre de la Vida; porque da nueva existencia. El mandato del Supremo Saber
es fiel, porque hace sabio al hombre sencillo.
5 Los preceptos de Adonai son
justos, porque traen alegría al corazón. El mandamiento de Yah es puro y llena
los ojos de luz.
6 El amor del Padre de la Vida
es limpio y permanece para siempre. Los decretos de Dios son verdaderos, todos
ellos son justos, 7 ¡son de más valor que el oro
fino, más dulces que la miel del panal!
8 Son también advertencias a
este humilde hijo tuyo, y le es provechoso obedecerlas.
9 ¿Quién se da cuenta de sus
propios errores? ¡Perdona, Padre, mis faltas ocultas! 10 Quítale el orgullo a tu siervo;
no permitas que el orgullo me domine. Así seré un hombre sin tacha y estaré
libre de gran pecado.
11 Sean aceptables a tus ojos mis
palabras y mis pensamientos, oh Dios eterno y fiel, refugio y libertador mío.

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