Todos somos hermanos
1 Hermanos míos, así les llamo porque todos somos hermanos
en Dios. El Padre de la Vida no hace acepción de personas: Todos somos hijos de
Dios. 2 Yehshua se llamó a sí
mismo Hijo del Hombre, porque él vino al mundo encarnado en cuerpo humano,
igualándose a la misma humilde condición del hombre. 3 Él era el Hijo de Dios; en él residía el espíritu de la
Suprema Inteligencia. Así lo dijo Dios hablando por medio de Ieshaiá: “Yo he puesto mi espíritu sobre él para que
lleve el derecho a las naciones”.
4 Profetizando la figura humana del Mashíaj, dijo Ieshaiá:
“El Espíritu de Adonay está sobre mí,
porque él me ha ungido”. Yehshua, hombre; Kristo, Dios.
5 Yehshua es hermano nuestro por su humana condición y nos
hace hijos de Dios al mismo tiempo. Su sangre fue el bautizo que nos hizo hijos
de Dios. 6 Se colocó como servidor
de los hombres, de sus hermanos terrenales, al lavar los pies de sus
discípulos.
7 Yehshua el más humilde de los hombres con el levado de
los pies de sus discípulos nos liberó de la condición de siervos; 8 ahora el ser humano alcanzaría una nueva dimensión: de
siervo de Dios pasaba a ser hijo de Dios.
El privilegio concedido
por Dios
9 Pero ser llamados hijos de Dios es el privilegio que nos
concede la Suprema Inteligencia y ese privilegio debemos conservarlo con
nuestro acatamiento a las enseñanzas de Yehshua-Kristo; cumpliendo su mandato:
“Les doy un mandamiento nuevo: ámense los
unos a los otros. Así como yo los he amado, ámense también ustedes los unos a
los otros”.
10 Así, entonces, ¿por qué solo llamas hermano a quienes
comparten tu credo y desconoces a los demás que aceptan a Kristo como Dios
verdadero? 11 Como hermanos debemos
amar a nuestros congéneres sin importar nada que pueda diferenciarnos.
12 Dios ama por igual al justo y al pecador, al fiel y al
infiel. Hay cantos de alabanzas cuando los pecadores se arrepienten de sus
pecados y los infieles se convierten, 13 pues como dijera Yehshua: “habrá más alegría en el reino del Padre por un solo pecador que se
convierta que por noventa y nueve justos que no tengan necesidad de conversión”.
14 Cuando llamamos hermanos a solo aquellos que comparten
nuestro credo hacemos acepción de personas y no cumplimos ese mandato del Padre
de la Vida: No hacer acepción de persona.
Los hijos de Dios no son
esclavos
15 Ciertamente hay aquellos que aferrándose a las
ambiciones y al ansia de poder cometen crímenes abominables para Dios y, de
hecho, 16 renuncian a la condición
de hijos de Dios para convertirse, sin importar riquezas y poder, en esclavos
del pecado e hijos de la Sombra. 17 De estos debemos apartarnos; porque los hijos de Dios,
nos hemos liberado del pecado que conlleva la muerte 18 y somos más libres en tanto más nos acerquemos a la
Verdad de Dios.
19 ¿Quién posee la Verdad de Dios? Nadie puede asegurar que
está en la Verdad, porque todos tenemos una verdad parcial del arcano que es
Dios para la mente humana; 20 por tanto no permitamos
que la soberbia nos domine considerándonos los únicos que, por nuestra manera
de entender a Dios y a Kristo, podremos ser salvos.
El siervo y el hijo
21 El siervo, el esclavo, no participa de la herencia del que
es Señor; pero el hijo del Padre puede alcanzar la herencia que el Padre ha
prometido a sus hijos. 22 Dios nos ha concedido ser
libres. Tenemos la opción de elegir y nuestra elección puede ser correcta o
errada. 23 Si escogemos el error
cargaremos con nuestra culpa; pero si escogemos seguir las enseñanzas que nos
ha transmitido el Padre y nos mantenemos en su camino como obedientes hijos
tenemos la esperanza cierta de alcanzar la herencia prometida.
24 ¿Quién es el padre que dice: “Quiero engendrar hijos
para que ellos sean mis servidores y cumplan todos mis deseos y por mí hagan
sacrificios y ofrendas para que puedan participar de mi herencia”? 25 El Buen Padre es aquél que ama a sus hijos, atiende a
sus necesidades, los corrige, los educa, los encamina en la vida para que sean
prósperos y, si son merecedores, les hace herederos de su hacienda.
26 Así es el Padre de la Vida. Él no necesita siervos
porque Él es todopoderoso y todo el Universo y sus ángeles le sirven y
obedecen.
27 Cuando la Suprema Inteligencia nos escogió de entre
todas las especies nos concedió alma, razón e inteligencia y se complació en su
elección viéndonos como la cumbre de su obra, como hijos preferidos surgidos de
su aliento de vida. 28 Él nos hizo hijos suyos.
Hijos obedientes
29 Seamos pue hijos obedientes del Padre; hijos que aman al
Padre y no se apartan de sus enseñanzas, porque sus enseñanzas son para nuestro
bien. 30 No abandonemos la casa
paterna para hacernos hijos adoptivos del Maligno; 31 porque el Maligno no es padre de amor, sino Señor del
atropello, del engaño, de los vicios; 32 porque él no busca hijos sino siervos y esclavos de su
voluntad y su casa es casa de sombras. 33 Él es odio y es mentira; es la serpiente maligna que devora
y asesina a quienes le eligieron como padre. 34 Sus siervos no recibirán herencia alguna, su destino es
la muerte.

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