Yaho’el
y David
1 Después de colocar a su hijo Shalomom en
el trono, David cayó en un estado de inconsciencia, a nadie recibía, a nadie
conocía, solo la joven Abisag le acompañaba y le atendía. 2 Y Yaho’el, el mensajero de la Luz que
habita en la luz se le apareció en una visión.
3 Y habló Yaho’el: “David, hijo de Isaí,
siempre tuviste mi protección y por ti combatí a Sama’el que se sentaba a tu
derecha; porque así lo ordenaba la Suprema Inteligencia. 4 Pero cometiste errores. Aceptaste por
esposa a la mujer de tu lujuria, la que fue esposa de Urías y manchaste de
sangre tus manos con la sangre inocente de Urías que te era fiel. 5 Se te dio advertencia por medio de Nathán
para que corrigieras tu pecado y fuiste advertido que la espada nunca se
envainaría en tu casa pero mantuviste en tu lecho a Bathsheba a quien debiste
repudiar. 6 Hubo disensión entre tus hijos, los que
tuviste con tus muchas esposas, pero eso no lo dictó el Supremo Saber, fueron
tus obras, porque el destino es el propio hombre quien lo construye, su propio
karma, que brota de la energía emanante de sus acciones acertadas o erradas.
7 Por intrigas de Bathsheba, torciste el
derecho que Adoniyah tenía de heredar tu corona y pusiste sobre el trono al
hijo de fornicación. 8 El no escuchará consejos de visionarios,
ni ningún mensajero de la Luz le atenderá, será su propia inteligencia quien le
conduzca. 9 Gozará de grandes riquezas y disfrutará
del poder; pero con él declinará la fortuna de tu reino y tu reino se dividirá
y habrá por siempre disputas entre Yisraeil y Judá. 10 Palabra es de la Suprema Inteligencia,
Luz del Universo, que tú has derramado mucha sangre, y has hecho grandes
guerras y esa sangre por ti derramada siempre estará presente ante tu Dios;
porque la Suprema Inteligencia no es Dios de guerra sino que su nombre es
Pacificador entre los Hombres.
11 Ante el Dios del Universo tus errores no
te condenarán, porque siempre fuiste fiel a su nombre; porque no te inclinaste
para dar adoración a los ídolos; porque amaste la justicia; porque supiste
perdonar a tus enemigos luego de ser vencidos por tu brazo fuerte, y esto pesa
mucho a tu favor. 12 Pero tu alma guardará por la llegada del
Hijo de la Luz para ser rescatada y conducida a la gloria de los
bienaventurados”.
13 Lloró David ante el mensajero de la Luz y
entregó su espíritu.

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