domingo, 2 de noviembre de 2014

2 DAVID 9


Yaho’el y David

1 Después de colocar a su hijo Shalomom en el trono, David cayó en un estado de inconsciencia, a nadie recibía, a nadie conocía, solo la joven Abisag le acompañaba y le atendía. 2 Y Yaho’el, el mensajero de la Luz que habita en la luz se le apareció en una visión.

3 Y habló Yaho’el: “David, hijo de Isaí, siempre tuviste mi protección y por ti combatí a Sama’el que se sentaba a tu derecha; porque así lo ordenaba la Suprema Inteligencia. 4 Pero cometiste errores. Aceptaste por esposa a la mujer de tu lujuria, la que fue esposa de Urías y manchaste de sangre tus manos con la sangre inocente de Urías que te era fiel. 5 Se te dio advertencia por medio de Nathán para que corrigieras tu pecado y fuiste advertido que la espada nunca se envainaría en tu casa pero mantuviste en tu lecho a Bathsheba a quien debiste repudiar. 6 Hubo disensión entre tus hijos, los que tuviste con tus muchas esposas, pero eso no lo dictó el Supremo Saber, fueron tus obras, porque el destino es el propio hombre quien lo construye, su propio karma, que brota de la energía emanante de sus acciones acertadas o erradas.

7 Por intrigas de Bathsheba, torciste el derecho que Adoniyah tenía de heredar tu corona y pusiste sobre el trono al hijo de fornicación. 8 El no escuchará consejos de visionarios, ni ningún mensajero de la Luz le atenderá, será su propia inteligencia quien le conduzca. 9 Gozará de grandes riquezas y disfrutará del poder; pero con él declinará la fortuna de tu reino y tu reino se dividirá y habrá por siempre disputas entre Yisraeil y Judá. 10 Palabra es de la Suprema Inteligencia, Luz del Universo, que tú has derramado mucha sangre, y has hecho grandes guerras y esa sangre por ti derramada siempre estará presente ante tu Dios; porque la Suprema Inteligencia no es Dios de guerra sino que su nombre es Pacificador entre los Hombres.

11 Ante el Dios del Universo tus errores no te condenarán, porque siempre fuiste fiel a su nombre; porque no te inclinaste para dar adoración a los ídolos; porque amaste la justicia; porque supiste perdonar a tus enemigos luego de ser vencidos por tu brazo fuerte, y esto pesa mucho a tu favor. 12 Pero tu alma guardará por la llegada del Hijo de la Luz para ser rescatada y conducida a la gloria de los bienaventurados”.


13 Lloró David ante el mensajero de la Luz y entregó su espíritu.

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