sábado, 8 de noviembre de 2014

Eliyahu y Elisha 13


Yehú ungido como rey de Yisraeil

1 Yaho’el, el mensajero de la Luz que habita en la Luz se presentó en sueños a Elisha y le dijo: “Escucha, Elisha, varón de Dios. La Suprema Inteligencia me ha dado autoridad para que elija los medios adecuados de vengar la sangre de los nebiim y la sangre de todos los servidores del Dios de la Vida derramada por la mano de Jezabel. 2 Por la mano del ambicioso Yehú, el hijo de Josafat y nieto de Nimsi que se apoderará del trono de Yisraeil se cumplirá aquello que se le dijo a Eliyahu”.

3 Elisha al despertar, creyendo que Yaho’el había elegido a Yehú como rey, llamó a uno de la comunidad de nebiim profetas y le dijo: “Ajústate el cinturón, toma contigo esta redoma de aceite y ve a Ramot de Galaad. 4  Cuando llegues, busca allí a Yehú, hijo de Josafat, hijo de Nimsi. Luego entra, sácalo de en medio de sus hermanos y llévalo a la habitación más retirada. 5 Toma entonces la redoma de aceite, derrámala sobre su cabeza y di: El Dios del Universo te unge como rey de Yisraeil. Después, abre la puerta y escapa sin detenerte”.

6 El joven profeta partió en seguida para Ramot de Galaad.7 Al llegar, encontró reunidos a los principales jefes del ejército, así que dijo: “Traigo un mensaje para el príncipe”. “¿Para quién de nosotros?”, preguntó Yehú. Él respondió: “Para ti, príncipe”.

8 Yehú se levantó y entró en la casa; entonces el profeta derramó el aceite sobre su cabeza y le dijo: “El Dios del Universo te unge como rey de Yisraeil. Tú serás instrumento de justicia y cumplirás lo anunciado por Eliyahu: 9 ‘Los perros devorarán a Jezabel en la parcela de Jezreel, y nadie la sepultará’”. En seguida abrió la puerta y escapó.

10 Cuando Yehú salió a reunirse con los oficiales del rey Joram, le preguntaron: “¿Todo está bien? ¿Para qué vino a verte ese loco?” Yehú les respondió: “Ustedes ya saben cómo es esta gente, y las cosas que dicen”; 11 pero ellos le objetaron: “No nos mientas. Dinos qué te dijo”. Yehú entonces les dijo: “Me dijo solo algunas cosas. Entre ellas me dijo que el Dios del Universo me ungía como rey de Yisraeil”.

12 De inmediato, los oficiales se desprendieron de sus mantos y los tendieron  a los pies de Yehú y le hicieron sentar en un trono a la vez que hicieron sonar la trompeta y proclamar: “¡Yehú es el rey!”

13 Fue así como Yehú, el hijo de Josafat conspiró contra Joram, que por causa del rey Jazael de Aram que atacaba los territorios de Yisraeil, estaba con todos los israelitas protegiendo la ciudad de Ramot de Galaad, 14 aunque había regresado a Jezreel para curarse las heridas que los arameos le habían hecho en la batalla contra el rey Jazael de Aram. Yehú dijo: “Si ustedes están de acuerdo, que nadie escape de la ciudad, para que la noticia no se sepa en Jezreel”.

Yehú va en busca de Joram

15 Dicho esto, Yehú montó en su carro y se dirigió a Jezreel, donde Joram yacía enfermo. Allí también estaba el rey Ajazíah de Judá, que había ido a visitar a Joram su tío. 16 Cuando el atalaya que estaba en la torre de Jezreel vio venir la tropa de Yehú, gritó: “¡Veo acercarse a una tropa!” Entonces Joram ordenó: “Que un jinete vaya a su encuentro y les pregunte en que plan vienen”. 17 El jinete llegó ante la tropa y dijo: “El rey manda a decir si vienen en son de paz”. Yehú le respondió diciendo: ¿De qué paz vienes a preguntarme? Mejor únete a mi tropa”. Entonces el atalaya dio aviso, y dijo: “El mensajero ha llegado hasta ellos, pero no veo que regrese”.

18 Joram envió un nuevo jinete que llegó hasta la tropa de Yehú y repitió la misma pregunta que el rey había ordenado hacer al primer jinete. Yehú le dijo a este: “No preguntes por paz y ven, únete a mi tropa”. 19 El atalaya volvió a dar aviso: “El mensajero no regresa… Por la manera de conducir, me parece que quien viene al frente en el carro es Yehú hijo de Josafat, pues conduce como un loco”.

20 Joram ordenó entonces que prepararan su carro. Y cuando estuvo listo, partieron juntos el rey Joram de Yisraeil y el rey Ajazíah de Judá, aunque cada uno en su carro, y fueron al encuentro de Yehú, al que hallaron en el campo que había pertenecido a Nabot de Jezreel.

Yehú mata a Joram

21 Cuando Joram vio a Yehú le preguntó: “Dime Yehú si vienes en paz”. Y Yehú le ripostó: “¿Qué paz puede haber Joram con tantas prostituciones y hechicerías de tu madre Jezabel?” 22 Entonces Joram dio vuelta a su carro y emprendió la huida, mientras decía a Ajazíah: “¡Nos han traicionado, Ajazíah!”

23 Pero Yehú tensó su arco y le clavó una flecha a Joram por la espalda; y la saeta le salió por el corazón, y cayó muerto en su carro. 24 Yehú le dijo a Bidcar, su capitán: “Tómalo, y arrójalo en un extremo del campo que fue de Nabot de Jezreel. Acuérdate que cuando tú y yo íbamos juntos con la gente de Ahab, su padre, un hombre de Dios dijo que la sangre de Ahab sería lamida por los perros en el mismo lugar donde fue asesinado Nabot de Jezreel, que este tenga idéntico destino: Tómalo y arrójalo en el que fue campo de Nabot”.

Yehú ordena la muerte del rey de Judá

25 Cuando el rey Ajazíah de Judá vio esto, huyó por el camino de Bet Hagen, seguido de Yehú, que decía: “Hieran también a éste, sobrino de Joram que va en el carro porque estuvo en alianza con la sangre de Jezabel”. Y en la subida de Gur, junto a Ibleam, Ajazíah fue herido. Por eso huyó a Megido, donde murió. 26 Sus oficiales lo llevaron a Jerusalén en un carro, y allá, en la ciudad de David, lo sepultaron en su propio sepulcro, junto a sus antepasados.

Muerte de Jezabel


27 Después Yehú se fue a Jezreel, y cuando Jezabel lo supo, se pintó los ojos con antimonio y se atavió la cabeza, y se asomó a la ventana. 28 En el momento en que Yehú entró a la ciudad, ella gritó: “¿Cómo le va a Zimrí, asesino de su rey?”, haciendo alusión al usurpador del trono que asesinara a Elah, su rey.

29 Yehú levantó la vista hacia la ventana, y preguntó: “¿Hay alguien ahí que esté de mi parte?” Tres eunucos se inclinaron ante él, 30 y él les dijo: “Arrojen a la maldita por la ventana”. Ellos la lanzaron por la ventana, y parte de su sangre salpicó la pared y los caballos, y Yehú la arrolló. 31 Luego, entró y comió y bebió, y más tarde dijo: “Ahora vayan a ver a esa maldita mujer, y sepúltenla, pues después de todo era hija de un rey”.


32 Pero cuando fueron para sepultarla, no hallaron de ella más que la calavera, los pies y las palmas de las manos. 33 Volvieron entonces a decirle esto a Yehú, y él sentenció: “Así fue profetizado y todo ha sido cumplido, Jezabel tenía que ser devorada por los perros”. 

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