Los mandatos: Duodécimo
mandato
1 Continuó hablando el ángel de mi guía:
“Ahora escucha cual es el nuevo mandato que te doy: Aparta de ti todo mal
deseo, y revístete del deseo que es bueno y santo; porque revestido de este
deseo podrás aborrecer el mal deseo, y le pondrás brida y lo dirigirás según
quieras. 2 Porque el mal deseo es salvaje, y sólo se
domestica con dificultad; porque es terrible, y por su tosquedad es muy costoso
a los hombres; 3 más especialmente, si uno de los hijos de
Dios se enreda en él y no tiene entendimiento, le es en extremo costoso.
Además, es costoso a los hombres que no están revestidos del buen deseo, sino
que están enzarzados en esta vida. 4 A
estos hombres, por tanto, los entrega a la muerte”.
5 Pregunté entonces: “¡Oh Señor!, ¿de qué
clase son las obras del mal deseo, que entrega al hombre a la muerte? Dame a
conocer estas obras para que pueda mantenerme alejado de ellas”.
Las
obras mortales del mal deseo
6 Me respondió, diciendo: “Escucha, a
través de qué obras el mal deseo acarrea muerte a los que son hijos de Dios.
Ante todo, el deseo lascivo por la esposa o el marido ajenos, y el ansia de los
extremos de riqueza, de los lujos innecesarios, de bebidas y otros excesos
embriagantes, muchos y necios. 7 ¿Acaso el lujo no es vacuidad y necedad
ante Dios?
8 Estos anhelos, estos deseos, son malos, y
causan la muerte a los que siguen a la Luz de Dios. Porque este mal deseo es un
engendro del espíritu del mal. 9 Por lo tanto, tenéis que absteneros de
los malos deseos, para que, absteniéndoos, podáis vivir para Dios.
10 Pero todos los que son dominados por esos
anhelos, y no los resisten, están expuestos a la muerte del todo; porque estos
deseos son mortales.
11 Tú, en cambio, revístete del anhelo por la
justicia, y habiéndote armado con la sabiduría y la justicia del Kristo y
Señor, resístelos. Porque tener el conocimiento de Dios reside en el buen
deseo. 12 Si el mal deseo te ve armado con la
sabiduría de Dios y le resistes, se irá lejos de ti y no le verás más, pues
teme tus armas. 13 Por tanto, tú, cuando seas recompensado
con la corona de victoria sobre él, ven al anhelo de justicia, y entrégale el
premio de vencedor que has recibido, y sírvele, según ha deseado. 14 Si tú sirves al buen deseo, y estás
sometido a él, tendrás poder para dominar al mal deseo, y someterle, según
quieras”.
Servir
al buen deseo
15 Le interrumpí para pedirle: “Me gustaría
saber, Señor, en qué formas debería servir al buen deseo”.
16 “Presta atención” me dijo; “practica la
justicia y la virtud, la verdad y la sabiduría que te concede la Suprema
Inteligencia, la fe y la mansedumbre, y otros actos buenos; así, 17 practicándolos, serás agradable a de Dios
como hijo suyo, y vivirás para El; sí, y todo el que sirve al buen deseo vivirá
para Dios”.
18 Así completó el ángel del arrepentimiento
los doce mandatos, y me dijo: “Tú tienes estos mandatos; anda en ellos, y
exhorta a los que te escuchan a que se arrepientan y sean puros durante el
resto de los días de su vida. Cumple este ministerio que te encargo, con toda
diligencia, hasta el fin, y habrás hecho mucho. 19 Porque
hallarás favor entre aquellos que están a punto de arrepentirse, y aceptarán
tus palabras. Porque estaré contigo, y yo les constreñiré a que te escuchen y
acojan”.
Guardar
los mandatos
20 Y yo le dije: “Señor, estos mandatos son
grandes y hermosos y gloriosos, y pueden alegrar el alma y espíritu del hombre
que es capaz de observarlos. Pero no sé si estos mandatos pueden ser guardados
por un hombre, porque son muy difíciles de cumplir”.
21 Él me contestó y me dijo: “Si te propones
guardarlos, los guardarás fácilmente, y no serán difíciles; pero si entran
alguna vez en tu mente que no pueden ser guardados por el hombre, no los
guardarás. 22 Pero ahora te digo: si no los guardas,
sino que los descuidas, no tendrás salvación, puesto que ya has pronunciado
juicio contra ti, al pensar y decir que estos mandatos no pueden ser guardados
por el hombre”.
23 Y me dijo estas cosas, muy enojado, de
modo que yo estaba consternado, y en extremo espantado; porque su aspecto
cambió, de modo que un hombre no podía soportar su ira.
24 Y cuando vio que yo estaba perturbado y
confundido, empezó a hablar de modo más amable y jovial, y me dijo: “Necio,
vacío de entendimiento y de ánimo indeciso, ¿no te das cuenta de la gloria de
Dios, lo grande y poderosa y maravillosa que es, que ha generado todo lo que
existe en el mundo por amor al hombre, 25 y le
ha sometido todo lo existente, y le ha dado toda autoridad para que se
enseñoree sobre todas las especies que están sobre la tierra?
26 Si el hombre es señor de todas las especies
originadas por el aliento de Dios y domina todas las cosas, ¿no puede también
dominar estos mandatos? 27 Sí, el hombre que tiene a Dios en su mente
y en su alma puede dominar todas las cosas y también todos estos mandatos. 28 Pero los que tienen a Dios solo en sus
labios, mientras que su mente y su alma están endurecidos y lejos de la Luz del
Universo, para ellos estos mandatos son duros e inaccesibles.
29 Por tanto, vosotros los que sois vacíos y
volubles en la fe, poned a vuestro Dios en vuestra alma y en vuestra mente, y
os daréis cuenta que no hay nada más fácil que estos mandatos, ni más dulce ni
más agradable. 30 Convertíos los que andáis según los
mandamientos del Ahrimán, del Maligno, cuyos mandamientos son difíciles y
amargos y extremosos y disolutos; 31 y no
temáis al Maligno, porque no hay poder en él contra vosotros. 32 Porque yo estaré con vosotros, yo, el
ángel del arrepentimiento, que tiene dominio sobre él. 33 El Ahrimán sólo inspira temor, pero este
temor no es fuerza. No le temáis, pues, y huirá de vosotros”.
El
Maligno no puede dominar a los hijos de Dios
34 Y yo le dije: “Señor, escúchame unas
pocas palabras”. “Di lo que quieras”, me contestó. “Señor”, le dije, “el hombre
está ansioso de guardar el pacto y las enseñanzas de Dios, y no hay uno solo
que no pida al Padre de la Vida que le corrobore en sus mandamientos, y sea
sometido a ellos; pero el Maligno es duro y se enseñorea de ellos”.
35 “No puede enseñorearse de los hijos de
Dios”, dijo él, “cuando ponen su esperanza en El, con toda su inteligencia y toda su fe. 36 El Maligno puede luchar contra ellos,
pero no puede vencerlos. 37 Así pues, si le resistís, será vencido, y
huirá de vosotros avergonzado.
38 Pero todos cuantos sean por completo
vacíos, que teman al Maligno como si él tuviera poder. 39 Cuando un hombre ha llenado suficiente
número de jarras de buen vino, y entre estas jarras hay unas pocas que han
quedado vacías, él se llega a las jarras, y no examina las llenas, porque sabe
que están llenas; sino que examina las vacías, temiendo que se hayan vuelto
agrias. 40 Porque las jarras vacías pronto se
vuelven agrias, y echan a perder el sabor del vino. Así también el Sama’el-Zebut
viene a todos los hijos de Dios para tentarles. 41 Todos
los que tienen una fe completa, se le oponen con poder, y él los deja, no
teniendo punto por el cual pueda entrar en ellos. 42Así
que va a los otros que están vacíos y, hallando un lugar, entra en ellos, y
además hace lo que quiere en ellos, y pasan a ser sus esclavos sumisos.
No
temer al demonio
43 Pero yo, Rapha’el, el ángel del
arrepentimiento, os digo: No temáis al demonio; porque yo fui enviado para
estar con vosotros los que os arrepentís de todo corazón, y para confirmaros en
la fe. 44 Creed, pues, en Dios, vosotros los que
por razón de vuestros pecados habéis desesperado de vuestra vida, y estáis
añadiendo a vuestros pecados, y haciendo que se hunda vuestra vida; 45 porque si os volvéis a Kristo de todo
corazón, y obráis justicia los días que os quedan de vida, y le servís
rectamente según su voluntad, Él os sanará de vuestros pecados anteriores y
tendréis poder para dominar las obras del Maligno.
46 Pero no hagáis ningún caso de las
amenazas de Sama’el el Maligno; porque sus tendones son impotentes, como los de
un muerto. 47 Oídme, pues, y reverenciad a Aquel que
puede hacer todas las cosas para salvar y para destruir, y observad estos mandatos
y viviréis para Dios”.
48 Y yo le dije: “Señor, ahora me siento
fortalecido en todas las ordenanzas del Dios del Universo, porque tú estás
conmigo; y sé que tú vas a aplastar todo el poder de Ahrimán, y nos
enseñorearemos de él y prevaleceremos sobre todas sus obras. Y espero, Señor,
que ahora seré capaz de guardar estos mandamientos que tú has mandado,
capacitado por Dios”.
49 “Los guardarás”, me dijo, “si tu alma y
tu mente son puras ante Dios, sí, y los guardarán todos cuantos purifiquen sus mentes
de los deseos vanos de este mundo y vivan para Dios”.


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