martes, 25 de noviembre de 2014

Revelaciones de Hermas 13


Los mandatos: Duodécimo mandato

1 Continuó hablando el ángel de mi guía: “Ahora escucha cual es el nuevo mandato que te doy: Aparta de ti todo mal deseo, y revístete del deseo que es bueno y santo; porque revestido de este deseo podrás aborrecer el mal deseo, y le pondrás brida y lo dirigirás según quieras. 2 Porque el mal deseo es salvaje, y sólo se domestica con dificultad; porque es terrible, y por su tosquedad es muy costoso a los hombres; 3 más especialmente, si uno de los hijos de Dios se enreda en él y no tiene entendimiento, le es en extremo costoso. Además, es costoso a los hombres que no están revestidos del buen deseo, sino que están enzarzados en esta vida. 4 A estos hombres, por tanto, los entrega a la muerte”.

5 Pregunté entonces: “¡Oh Señor!, ¿de qué clase son las obras del mal deseo, que entrega al hombre a la muerte? Dame a conocer estas obras para que pueda mantenerme alejado de ellas”.

Las obras mortales del mal deseo

6 Me respondió, diciendo: “Escucha, a través de qué obras el mal deseo acarrea muerte a los que son hijos de Dios. Ante todo, el deseo lascivo por la esposa o el marido ajenos, y el ansia de los extremos de riqueza, de los lujos innecesarios, de bebidas y otros excesos embriagantes, muchos y necios. 7 ¿Acaso el lujo no es vacuidad y necedad ante Dios?

8 Estos anhelos, estos deseos, son malos, y causan la muerte a los que siguen a la Luz de Dios. Porque este mal deseo es un engendro del espíritu del mal. 9 Por lo tanto, tenéis que absteneros de los malos deseos, para que, absteniéndoos, podáis vivir para Dios.

10 Pero todos los que son dominados por esos anhelos, y no los resisten, están expuestos a la muerte del todo; porque estos deseos son mortales.

11 Tú, en cambio, revístete del anhelo por la justicia, y habiéndote armado con la sabiduría y la justicia del Kristo y Señor, resístelos. Porque tener el conocimiento de Dios reside en el buen deseo. 12 Si el mal deseo te ve armado con la sabiduría de Dios y le resistes, se irá lejos de ti y no le verás más, pues teme tus armas. 13 Por tanto, tú, cuando seas recompensado con la corona de victoria sobre él, ven al anhelo de justicia, y entrégale el premio de vencedor que has recibido, y sírvele, según ha deseado. 14 Si tú sirves al buen deseo, y estás sometido a él, tendrás poder para dominar al mal deseo, y someterle, según quieras”.

Servir al buen deseo

15 Le interrumpí para pedirle: “Me gustaría saber, Señor, en qué formas debería servir al buen deseo”.

16 “Presta atención” me dijo; “practica la justicia y la virtud, la verdad y la sabiduría que te concede la Suprema Inteligencia, la fe y la mansedumbre, y otros actos buenos; así, 17 practicándolos, serás agradable a de Dios como hijo suyo, y vivirás para El; sí, y todo el que sirve al buen deseo vivirá para Dios”.

18 Así completó el ángel del arrepentimiento los doce mandatos, y me dijo: “Tú tienes estos mandatos; anda en ellos, y exhorta a los que te escuchan a que se arrepientan y sean puros durante el resto de los días de su vida. Cumple este ministerio que te encargo, con toda diligencia, hasta el fin, y habrás hecho mucho. 19 Porque hallarás favor entre aquellos que están a punto de arrepentirse, y aceptarán tus palabras. Porque estaré contigo, y yo les constreñiré a que te escuchen y acojan”.

Guardar los mandatos

20 Y yo le dije: “Señor, estos mandatos son grandes y hermosos y gloriosos, y pueden alegrar el alma y espíritu del hombre que es capaz de observarlos. Pero no sé si estos mandatos pueden ser guardados por un hombre, porque son muy difíciles de cumplir”.

21 Él me contestó y me dijo: “Si te propones guardarlos, los guardarás fácilmente, y no serán difíciles; pero si entran alguna vez en tu mente que no pueden ser guardados por el hombre, no los guardarás. 22 Pero ahora te digo: si no los guardas, sino que los descuidas, no tendrás salvación, puesto que ya has pronunciado juicio contra ti, al pensar y decir que estos mandatos no pueden ser guardados por el hombre”.

23 Y me dijo estas cosas, muy enojado, de modo que yo estaba consternado, y en extremo espantado; porque su aspecto cambió, de modo que un hombre no podía soportar su ira.

24 Y cuando vio que yo estaba perturbado y confundido, empezó a hablar de modo más amable y jovial, y me dijo: “Necio, vacío de entendimiento y de ánimo indeciso, ¿no te das cuenta de la gloria de Dios, lo grande y poderosa y maravillosa que es, que ha generado todo lo que existe en el mundo por amor al hombre, 25 y le ha sometido todo lo existente, y le ha dado toda autoridad para que se enseñoree sobre todas las especies que están sobre la tierra?

26 Si el hombre es señor de todas las especies originadas por el aliento de Dios y domina todas las cosas, ¿no puede también dominar estos mandatos? 27 Sí, el hombre que tiene a Dios en su mente y en su alma puede dominar todas las cosas y también todos estos mandatos. 28 Pero los que tienen a Dios solo en sus labios, mientras que su mente y su alma están endurecidos y lejos de la Luz del Universo, para ellos estos mandatos son duros e inaccesibles.


29 Por tanto, vosotros los que sois vacíos y volubles en la fe, poned a vuestro Dios en vuestra alma y en vuestra mente, y os daréis cuenta que no hay nada más fácil que estos mandatos, ni más dulce ni más agradable. 30 Convertíos los que andáis según los mandamientos del Ahrimán, del Maligno, cuyos mandamientos son difíciles y amargos y extremosos y disolutos; 31 y no temáis al Maligno, porque no hay poder en él contra vosotros. 32 Porque yo estaré con vosotros, yo, el ángel del arrepentimiento, que tiene dominio sobre él. 33 El Ahrimán sólo inspira temor, pero este temor no es fuerza. No le temáis, pues, y huirá de vosotros”.

El Maligno no puede dominar a los hijos de Dios

34 Y yo le dije: “Señor, escúchame unas pocas palabras”. “Di lo que quieras”, me contestó. “Señor”, le dije, “el hombre está ansioso de guardar el pacto y las enseñanzas de Dios, y no hay uno solo que no pida al Padre de la Vida que le corrobore en sus mandamientos, y sea sometido a ellos; pero el Maligno es duro y se enseñorea de ellos”.

35 “No puede enseñorearse de los hijos de Dios”, dijo él, “cuando ponen su esperanza en El,  con toda su inteligencia y toda su fe. 36 El Maligno puede luchar contra ellos, pero no puede vencerlos. 37 Así pues, si le resistís, será vencido, y huirá de vosotros avergonzado.

38 Pero todos cuantos sean por completo vacíos, que teman al Maligno como si él tuviera poder. 39 Cuando un hombre ha llenado suficiente número de jarras de buen vino, y entre estas jarras hay unas pocas que han quedado vacías, él se llega a las jarras, y no examina las llenas, porque sabe que están llenas; sino que examina las vacías, temiendo que se hayan vuelto agrias. 40 Porque las jarras vacías pronto se vuelven agrias, y echan a perder el sabor del vino. Así también el Sama’el-Zebut viene a todos los hijos de Dios para tentarles. 41 Todos los que tienen una fe completa, se le oponen con poder, y él los deja, no teniendo punto por el cual pueda entrar en ellos.  42Así que va a los otros que están vacíos y, hallando un lugar, entra en ellos, y además hace lo que quiere en ellos, y pasan a ser sus esclavos sumisos.

No temer al demonio

43 Pero yo, Rapha’el, el ángel del arrepentimiento, os digo: No temáis al demonio; porque yo fui enviado para estar con vosotros los que os arrepentís de todo corazón, y para confirmaros en la fe. 44 Creed, pues, en Dios, vosotros los que por razón de vuestros pecados habéis desesperado de vuestra vida, y estáis añadiendo a vuestros pecados, y haciendo que se hunda vuestra vida; 45 porque si os volvéis a Kristo de todo corazón, y obráis justicia los días que os quedan de vida, y le servís rectamente según su voluntad, Él os sanará de vuestros pecados anteriores y tendréis poder para dominar las obras del Maligno.

46 Pero no hagáis ningún caso de las amenazas de Sama’el el Maligno; porque sus tendones son impotentes, como los de un muerto. 47 Oídme, pues, y reverenciad a Aquel que puede hacer todas las cosas para salvar y para destruir, y observad estos mandatos y viviréis para Dios”.

48 Y yo le dije: “Señor, ahora me siento fortalecido en todas las ordenanzas del Dios del Universo, porque tú estás conmigo; y sé que tú vas a aplastar todo el poder de Ahrimán, y nos enseñorearemos de él y prevaleceremos sobre todas sus obras. Y espero, Señor, que ahora seré capaz de guardar estos mandamientos que tú has mandado, capacitado por Dios”.


49 “Los guardarás”, me dijo, “si tu alma y tu mente son puras ante Dios, sí, y los guardarán todos cuantos purifiquen sus mentes de los deseos vanos de este mundo y vivan para Dios”.

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