Los
mandatos: Undécimo mandato
1 El ángel de mi guía me hizo observar una
visión. Y me mostró a unos hombres de aspecto grave sentados en un diván, y a
otro hombre sentado en una silla. Cuando me los mostraba me preguntó: “¿Ves a
éstos que están sentados en el diván?” “Sí, les veo”, contesté. 2 Me dijo entonces: “Esos que allí ves son
los que han alcanzado la Sabiduría y alaban la gloria de la Suprema
Inteligencia. Ellos dan frutos de saber y de espiritualidad; 3 en cambio, aquel que está sentado en la
silla es un falso profeta, que destruye la mente de los hijos de Dios; es
decir, de aquellos de ánimo vacilante, no de los fieles, los que tienen fuerza
en la fe y en la verdad.
El
falso profeta
4 Los débiles en el conocimiento de Dios,
los vacilantes, van donde ese hombre solitario para indagar lo que les
sucederá. Entonces, el falso profeta, sin el poder del Espíritu Santo, habla
con ellos en concordancia con sus propias ideas y con el caudal de sus errores.
5 Vacío es él con su falsa sabiduría por
tanto sus respuestas son vacías adornadas con muchas palabras para los
inquiridores vacíos; 6 porque a toda pregunta que se le haga,
responde en conformidad con lo vacío del hombre.
7 Pero, observa bien, porque él de su falsa
sabiduría sacará algunas palabras de sabiduría y algunas verdades, que no el espíritu
divino es quien las inspira, sino Sama’el, el Maligno, 8 por si le fuera posible abatir la fe de
algunos justos y convertirles en fanáticos de una falsa verdad.
9 Así pues, todos los que son fuertes en la
fe del Señor, revestidos de sabiduría y de la verdad, no se unen a estos predicadores
de mentiras, sino que se mantienen a distancia de ellos; 10 pero aquellos que buscan a tientas la
verdad de Dios o son de vacilante ánimo y cambian de opinión con frecuencia, se
dejan arrastrar por el falso profeta y acarrean sobre ellos mayor pecado que
los idólatras. 11 Porque el que cree a un profeta falso,
que le vaticina un futuro que ni siquiera conoce, se hace a sí mismo un
idólatra y está exento de verdad, de sabiduría y de sentido.
12 Así también aquellos que buscan a los
adivinos, también falsos profetas, caen en los mismos errores, porque a ningún
Espíritu dado por Dios hay necesidad de consultarle, sino que, teniendo la
sabiduría que le concede la Luz del Universo, dice todas las cosas de sí mismo,
porque ese poder procede de las alturas, a saber, del poder del Paráclito,
Espíritu divino. 13 Pero el espíritu que es consultado, y
habla en conformidad con los deseos de los hombres, es terreno y voluble y
carente de poder; y no habla en absoluto, a menos que sea consultado”.
Para
distinguir al falso profeta
14 Pregunté entonces: “¿Cómo, pues, señor,
podemos distinguir a un profeta de un falso profeta?”
15 Me contestó, el Pastor: “Escucha,
respecto a estos dos profetas; y, como te diré, así pondrás a prueba al profeta
y al falso profeta. Por medio de su vida pon a prueba al hombre que tiene el
Espíritu divino. 16 En primer lugar, el que tiene el Espíritu,
que es de las alturas, es manso y tranquilo y humilde, y se abstiene de toda
maldad y vano deseo de este mundo presente, y se considera inferior a todos los
hombres. 17 El habla, sin imponer; no repite
enseñanzas de hombres como si fueran enseñanzas divinas; no carga con
obligaciones a los hombres no nacidas del amor y de la justicia de Dios; 18 no juzga sino aconseja con piedad y
compasión. De esta manera, pues, el Espíritu de Dios será manifestado.
19 Oye ahora, respecto al espíritu terreno y
vano, que no tiene poder, sino que es necio. En primer lugar, este hombre que
parece tener un espíritu, se exalta a sí mismo, y desea ocupar un lugar
principal, e inmediatamente es imprudente y desvergonzado y charlatán 20 y habla familiarizado en la práctica del
engaño y recibe dinero por su actividad profética, y si no lo recibe, anatematiza
al que no lo haga.
21 En segundo lugar, nunca se acerca a una
asamblea de justos que no sea la asamblea de los confundidos que en él creen;
sino que los evita, 22 y busca con asiduidad a los de ánimo
indeciso y vacíos, y profetiza para ellos, y los engaña, diciéndoles toda clase
de cosas en vaciedad, para gratificar sus deseos; porque también son vacíos
aquellos a los que contesta.
23 Y esto es así, porque el vaso vacío es
colocado junto con el vacío, y no se rompe, sino que están de acuerdo el uno
con el otro. 24 Pero cuando este hombre entra en una
asamblea llena de justos, que tienen el Espíritu de la Sabiduría y hablan con
la verdad del amor de Dios y estos le enfrentan sus errores, ese hombre se
queda mudo y se queda desconcertado, sin poder decir una sola palabra, porque
no tiene el auxilio de aquellos que le dictan sus enseñanzas de hombres. 24 Porque si colocas vino o aceite en una
alacena, y pones una vasija vacía entre ellos, y luego deseas vaciar la
alacena, la vasija que habías colocado allí vacía la vas a sacar vacía. 25 Del mismo modo, también, los profetas
vacíos, siempre que se ponen en contacto con los espíritus de los justos,
después quedan igual que antes, porque se aferran a sus enseñanzas de hombres y
no de Dios.
Por la
vida y las obras se distinguen los profetas
26 Te he mostrado la vida de las dos clases
de profetas. Por lo tanto, pon a prueba, por su vida y sus obras, al hombre que
dice que es movido por el Espíritu. Así pues, 27
confía en el Espíritu que viene de la Luz y tiene poder; pero en el espíritu
terreno y vacío no pongas confianza alguna; 28
porque en él no hay poder, puesto que viene del poder de la Sombra. 29 Escucha
pues la comparación que te diré. Toma una piedra y échala hacia arriba al
cielo, ve si puedes alcanzarlo; o también, lanza un chorro de agua hacia el
cielo, y mira si puedes penetrar en el cosmos”.
30 Y le dije: “Señor, ¿cómo pueden hacerse
estas cosas? Porque las dos cosas que has mencionado están más allá de nuestro
poder”.
31 “Bien, pues”, me dijo, del mismo modo que
estas cosas están más allá de nuestro poder, igualmente los espíritus terrenos
no tienen poder y son débiles”.
32 Ahora toma el poder que viene de lo alto.
El granizo es una piedrecita pequeña y, con todo, cuando cae sobre la cabeza de
un hombre, ¡cuánto dolor causa! O, también, toma una gota que cae del tejado al
suelo y hace un hueco en la piedra. 33 Ves,
por consiguiente, que las cosas pequeñas de arriba caen sobre la tierra con
gran poder. De la misma manera, el Espíritu divino, viniendo de arriba, es
poderoso. 34 Confía, pues, en este Espíritu, pero
mantente lejos del otro”.

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