Para los Seguidores de la Luz la adoración
a la Suprema Inteligencia, al Padre de la Vida es una relación espiritual e íntima
entre el creyente y Dios en comunión individual. El hombre no necesita
intermediario para comunicarse con la Luz del Universo; no necesita de guías
para establecer el vínculo espiritual con el Espíritu Universal, Padre, Hijo y
Paráclito Espíritu Santo.
Se llega a Dios por medio del conocimiento
de sus enseñanzas, tal como son captadas por la inteligencia de cada cual, y fundándose
en los principios del carácter divino: amor, piedad, justicia, derecho y
tolerancia.
Por lo general, en las diferentes
comunidades cristianas, existe el guía de las enseñanzas. El Pastor o el
sacerdote expresa su interpretación o la interpretación de su iglesia sobre las
enseñanzas de Dios. Ellos, de cierta manera, imponen su interpretación a los
fieles a quienes dirigen sus sermones y homilías. No es malo en absoluto la
prédica de la Palabra; pero esa prédica no deja espacio para la libre
interpretación de cada cual. Toda la enseñanza por medio de esa prédica se
congela en fórmulas, dogmas y reglamentos.
El encuentro de los Seguidores de la Luz
puede hacerse bajo techo; pero es preferible realizarlo al aire libre, en un lugar
de paz, a orillas del mar, en medio de la campiña, sobre una colina o un monte;
en cualquier lugar donde se respire la naturaleza, obra del Dios del Universo.
No hay obligación de hacer el encuentro en días fijos, pero puede acordarse
determinados días para volver a encontrarse.
El culto de los Seguidores de la Luz, si
se pudiera llamar así, es sencillo, carente de ritos y ceremonias para expresar
la adoración al Espíritu Universal. Se inicia con una plegaria dirigida al
Espíritu Santo implorando su iluminación para la interpretación de la Palabra;
a cada cual según su inteligencia y según su saber.
A continuación se hace la lectura de un
pasaje del Libro y concluida esta lectura, que debe hacerse pausadamente para
que todos accedan a la Palabra. Concluida la lectura, el presbites dirá las
siguientes palabras.
“Oremos
hermanos y meditemos en la Palabra de Dios. Acerquémonos en comunión espiritual
al Espíritu Universal donde mora la Luz”.
En silencio cada uno medita en la verdad
de Dios buscando la comunicación espiritual, absorto en sus pensamientos y con
la mente fija en la Luz del Universo. Bastarán diez minutos para completar este
acercamiento a Dios.
Luego, todos de pie entonarán himnos
cristianos al Dios de la Vida y finalmente el presbites invitará a todos a orar
en silencio, diciendo: “Oremos hermanos,
por nuestra vida, por nuestras familias, por nuestras necesidades y demos
gracias a Dios”.
Luego de un tiempo prudencial para que
cada uno haga sus oraciones en secreto, el presbites llamará a la oración de
despedida.
Esta oración puede hacerse por uno o
varios de los presentes y se dedicará bien a implorar por la unidad del
cristianismo, bien por los pobres y por los enfermos, bien por las necesidades
y preocupaciones de la comunidad donde se vive o bien por cualquier otra que se
considere.
Terminadas las oraciones, el presbites
dirá: “Bendito, hermanos, sea el Nombre
del Padre de la Vida, el Nombre de Kristo el Señor y el Nombre del Paráclito.
Despidámonos ahora deseándonos la Paz de Kristo. Amén”.
Adoración
en la intimidad del hogar
Cualquier lugar es apropiado para rendir
tributo al Dios que nos separó de la bestia y nos dio alma, conciencia, razón e
inteligencia. El seguidor de la Luz puede rendir culto en la intimidad de su
hogar.
Si en el hogar se ha dedicado un lugar
para darle altar a la Suprema Inteligencia y se cuenta con un candelabro de
siete brazos, se iniciará la adoración encendiendo las velas. Luego el creyente
pedirá el auxilio del Paráclito para alcanzar sabiduría; hará una lectura del Libro
y meditará en la enseñanza.
Entonces se entregará a la oración, dando
primero gracias al Espíritu Universal.

No hay comentarios:
Publicar un comentario