viernes, 7 de noviembre de 2014

En el Camino de los Seguidores de la Luz


Para los Seguidores de la Luz la adoración a la Suprema Inteligencia, al Padre de la Vida es una relación espiritual e íntima entre el creyente y Dios en comunión individual. El hombre no necesita intermediario para comunicarse con la Luz del Universo; no necesita de guías para establecer el vínculo espiritual con el Espíritu Universal, Padre, Hijo y Paráclito Espíritu Santo.

Se llega a Dios por medio del conocimiento de sus enseñanzas, tal como son captadas por la inteligencia de cada cual, y fundándose en los principios del carácter divino: amor, piedad, justicia, derecho y tolerancia.

Por lo general, en las diferentes comunidades cristianas, existe el guía de las enseñanzas. El Pastor o el sacerdote expresa su interpretación o la interpretación de su iglesia sobre las enseñanzas de Dios. Ellos, de cierta manera, imponen su interpretación a los fieles a quienes dirigen sus sermones y homilías. No es malo en absoluto la prédica de la Palabra; pero esa prédica no deja espacio para la libre interpretación de cada cual. Toda la enseñanza por medio de esa prédica se congela en fórmulas, dogmas y reglamentos.

El encuentro de los Seguidores de la Luz puede hacerse bajo techo; pero es preferible realizarlo al aire libre, en un lugar de paz, a orillas del mar, en medio de la campiña, sobre una colina o un monte; en cualquier lugar donde se respire la naturaleza, obra del Dios del Universo. No hay obligación de hacer el encuentro en días fijos, pero puede acordarse determinados días para volver a encontrarse.

El culto de los Seguidores de la Luz, si se pudiera llamar así, es sencillo, carente de ritos y ceremonias para expresar la adoración al Espíritu Universal. Se inicia con una plegaria dirigida al Espíritu Santo implorando su iluminación para la interpretación de la Palabra; a cada cual según su inteligencia y según su saber.

A continuación se hace la lectura de un pasaje del Libro y concluida esta lectura, que debe hacerse pausadamente para que todos accedan a la Palabra. Concluida la lectura, el presbites dirá las siguientes palabras.

Oremos hermanos y meditemos en la Palabra de Dios. Acerquémonos en comunión espiritual al Espíritu Universal donde mora la Luz”.

En silencio cada uno medita en la verdad de Dios buscando la comunicación espiritual, absorto en sus pensamientos y con la mente fija en la Luz del Universo. Bastarán diez minutos para completar este acercamiento a Dios.

Luego, todos de pie entonarán himnos cristianos al Dios de la Vida y finalmente el presbites invitará a todos a orar en silencio, diciendo: “Oremos hermanos, por nuestra vida, por nuestras familias, por nuestras necesidades y demos gracias a Dios”.

Luego de un tiempo prudencial para que cada uno haga sus oraciones en secreto, el presbites llamará a la oración de despedida.

Esta oración puede hacerse por uno o varios de los presentes y se dedicará bien a implorar por la unidad del cristianismo, bien por los pobres y por los enfermos, bien por las necesidades y preocupaciones de la comunidad donde se vive o bien por cualquier otra que se considere.

Terminadas las oraciones, el presbites dirá: “Bendito, hermanos, sea el Nombre del Padre de la Vida, el Nombre de Kristo el Señor y el Nombre del Paráclito. Despidámonos ahora deseándonos la Paz de Kristo. Amén”.

Adoración en la intimidad del hogar

Cualquier lugar es apropiado para rendir tributo al Dios que nos separó de la bestia y nos dio alma, conciencia, razón e inteligencia. El seguidor de la Luz puede rendir culto en la intimidad de su hogar.

Si en el hogar se ha dedicado un lugar para darle altar a la Suprema Inteligencia y se cuenta con un candelabro de siete brazos, se iniciará la adoración encendiendo las velas. Luego el creyente pedirá el auxilio del Paráclito para alcanzar sabiduría; hará una lectura del Libro  y meditará en la enseñanza.


Entonces se entregará a la oración, dando primero gracias al Espíritu Universal. 

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