jueves, 25 de septiembre de 2014

Libro del Bendecido Yehshua llamado el Mashíaj – Kristo 25


1 Como era costumbre en él, Yehshua fue con sus discípulos a un huerto de olivos en Getsemaní, situado al otro lado del torrente Cedrón. Era ya de noche cuando llegaron al huerto. 2 Yehshua les dijo a sus discípulos que aguardaran mientras iba a orar. Llevó con él a Kefa, Yojanán y Ya’akov y les dijo: 3 “Mi alma siente una tristeza de muerte; ¿y qué diré? ¿Padre, sálvame de esta hora? Mas para esto he llegado a esta hora”. 4 Luego  alejándose más o menos a la distancia de un tiro de piedra, sintiéndose entristecido y angustiado se postró para orar. En medio de su angustia, él oraba más intensamente, y su sudor era como gotas de sangre que corrían hasta el suelo.

Sama’el trata de tentar a Yehshua

5 Sama’el Baalzebut que siempre le rondaba se acercó a él para tentarle y le decía: “Yehshua bar Joseph, sabes la suerte que te espera; conoces los horrores que te aguardan; mas si en verdad eres el hijo de la Luz llama a una legión de ángeles para que te guarden de aquellos que quieren tu vida”. 6 Yehshua continuaba orando y diciendo: “Abba – Padre – todo te es posible: aleja de mí este trago amargo tan insoportable para un cuerpo humano, pero que no se haga mi voluntad, sino la tuya”.

7 Volviéndose a Baalzebut le dijo: “Aléjate de mí, hijo de la Sombra ¿Acaso no he de cumplir los designios del Padre? Para entregarme en holocausto vine al mundo no para hacerme amo de él”.

Detención de Yehshua

8 Después volvió junto a sus discípulos y los encontró durmiendo. Yehshua dijo a Kefa: “Kefa, ¿estás dormido? ¿Ni siquiera una hora han podido permanecer despiertos conmigo? 9 Levántense y oren para no caer en tentación, porque el espíritu está dispuesto, pero la carne es débil”. 10 Se alejó por segunda vez y suplicó: “Padre mío, si no puede pasar este trago sin que yo lo beba, que se haga tu voluntad”. 11 Al regresar los encontró otra vez durmiendo, porque sus ojos se cerraban de sueño.

12 Nuevamente se alejó de ellos y oró por tercera vez, repitiendo las mismas palabras. 41 Volvió por tercera vez y les dijo: “Ahora pueden dormir y descansar. Esto ha concluido. Ha llegado la hora en que el Hijo del hombre va a ser entregado en manos de los pecadores. 13 ¡Levántense! ¡Vamos! Ya se acerca el que me va a entregar”. Estaba todavía hablando Yehshua cuando se acercó a él Yehudah que venía presidiendo a un grupo numeroso de los guardias del Templo y un destacamento de soldados.

14 Yehudah había dado como señal a los soldados que aquel a quien él besara era Yehshua y que podrían detenerle. Inmediatamente se acercó a Yehshua, diciéndole: “Salve, Rabbi”, y lo besó. 15 Yehshua le dijo entonces: “Yehudah, Yehudah, con un beso me has entregado a los que desean mi muerte”. 16 Volviéndose hacia los guardias y soldados les preguntó: “¿A quién buscan?” “A Yehshua el de Natzeret”, le contestaron. “Yo soy. Si es a mí a quien buscan, dejen que estos se vayan”, contestó Yehshua.

17 Los que estaban con Yehshua, viendo lo que iba a suceder, le preguntaron: “Señor, ¿usamos la espada?” Y Kefa sin pensarlo dos veces, extrajo una espada que llevaba e hirió al servidor del Sumo Sacerdote, cortándole la oreja derecha. El servidor se llamaba Malco. 18 Yehshua dijo a Shimón Kefa: “Envaina tu espada porque el que a hierro mata el hierro se vuelve contra él y muere. ¿Acaso no beberé de la copa que me ha dado el Padre?” 19 Y le dice a los que venían a prenderle: “¿Soy acaso un ladrón, para que salgan a arrestarme con espadas y palos? Todos los días me sentaba a enseñar en el Templo, y ustedes no me detuvieron”. 20 Entonces,  el destacamento de soldados, con el tribuno y los guardias judíos, se apoderó de Yehshua y lo ataron.

21 Llevaron prisionero a Yehshua en medio de la noche ante Anás hijo de Seth que presidía el Sanedrín porque era suegro de Cayafás, Sumo Sacerdote aquel año. 22 Cayafás era el que había aconsejado a los judíos: “Es preferible que un solo hombre muera por el pueblo”. 23 Allí se reunieron todos los sumos sacerdotes, los ancianos y los escribas para juzgar a Yehshua.


24 Los sumos sacerdotes, los sadoqueos y todo el Sanedrín buscaban un testimonio acusatorio contra Yehshua, para poder condenarlo a muerte, pero no lo encontraban. 25 Aunque se presentaron muchos con falsas acusaciones contra él, sus testimonios no concordaban.

Kefa niega a Yehshua

26 Shimón Kefa, acompañado de Yojanán había seguido a los captores de Yehshua; y como Yojanán era conocido de Anás pudo entrar al patio con Yehshua. Kefa había quedado afuera pero Yojanán le habló al portero para permitirle a Kefa que pudiera entrar. 27 El portero viendo a Kefa le preguntó: “¿No eres tú uno de los discípulos de ese hombre?”; pero Kefa lo negó diciendo: “Te equivocas, yo no soy uno de ellos”.

28 Los guardias y servidores de Anás encendieron fuego en medio del patio porque hacía frío, se sentaron alrededor de él y Kefa se sentó entre ellos. 29 Una sirvienta que lo vio junto al fuego, lo miró fijamente y dijo: “Este también estaba con ese hombre; además, él también es galileo”. 30 Kefa lo negó diciendo: “Mujer, no sé quién es ese hombre”.

31 Anás interrogó a Yehshua acerca de su enseñanza y del nombre de sus discípulos. 32 Yehshua le respondió: “Te responderé por lo que preguntas sobre mis enseñanzas: He hablado abiertamente al mundo; siempre enseñé en la sinagoga y en el Templo, donde se reúnen todos los judíos, y no he dicho nada en secreto. 33¿Por qué me interrogas a mí? Pregunta a los que me han oído qué les enseñé. Ellos saben bien lo que he dicho. He aquí que todo Jerusalén oyó lo que yo dije, aunque tú mismo no hayas escuchado estas enseñanzas”. 34 Apenas Yehshua dijo esto, uno de los guardias allí presentes le dio una bofetada, diciéndole: “¿Así respondes al Sumo Sacerdote?” 35 Yehshua le respondió: “Si he hablado mal, muestra en qué ha sido; pero si he respondido bien, ¿por qué me golpeas entonces?”

36 Uno de los servidores del Sumo Sacerdote, pariente de aquel al que Kefa había cortado la oreja, insistió al ver a Kefa: “Me parece que te vi en el huerto. Sí, eres muy parecido al que hirió a Malco” 37 Kefa volvió a negarlo, y en seguida cantó el gallo.

38 Yehshua que había sido sacado al patio, dándose vuelta miró a Kefa. Entonces Kefa recordó que Yehshua le había asegurado que antes que el gallo cantara él le negaría tres veces. Entonces rompió a llorar y huyó.


39 Los hombres que custodiaban a Yehshua lo ultrajaban y lo golpeaban; 40 y tapándole el rostro, le decían: “Profetiza, ¿quién te golpeó?” 41 Y lanzaban contra él toda clase de insultos y le escupían.

42 Cuando aún no había amanecido, se reunió el Consejo de los ancianos del pueblo, junto con los sumos sacerdotes y los escribas. Llevaron a Yehshua ante el tribunal. Se presentaron falsos testigos que le acusaban, pero él guardaba silencio; 43 entonces Cayafás poniéndose de pie ante la asamblea, le interrogó: “¿No respondes nada a lo que estos hombres atestiguan contra ti?” Pero él se mantuvo en silencio sin responder nada.

Yehshua ante Cayafás

44 Algunos del Sanedrín le preguntaron: “Dinos si en verdad eres el Mashíaj”. Yehshua les respondió: “Si yo les contesto, ustedes no me creerán, 45 y si les pregunto, no me responderán”.


45 Cayafás le interrogó de nuevo: “Te conjuro por el Dios vivo a que me digas si tú eres el Mashíaj, el Hijo de Dios”. Yehshua le respondió: “Tú lo has dicho. Yo soy. 46 Además, les aseguro que de ahora en adelante verán al hijo del hombre brillando en la gloria del Todopoderoso y venir entre las nubes del cielo”.


47 Entonces Cayafás el Sumo Sacerdote rasgó sus vestiduras, diciendo: “Ha blasfemado contra Dios. ¿Qué necesidad tenemos de testigos? Nosotros mismos lo hemos escuchado de su propia boca diciendo ser igual a Adonai. Ustedes acaban de oír la blasfemia. 48 ¿Qué les parece?” Ellos respondieron: “Merece la muerte”.

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