1 Como era costumbre en él,
Yehshua fue con sus discípulos a un huerto de olivos en Getsemaní, situado al
otro lado del torrente Cedrón. Era ya de noche cuando llegaron al huerto. 2 Yehshua les dijo a sus
discípulos que aguardaran mientras iba a orar. Llevó con él a Kefa, Yojanán y Ya’akov
y les dijo: 3 “Mi alma siente una
tristeza de muerte; ¿y qué diré? ¿Padre, sálvame de esta hora? Mas para esto he
llegado a esta hora”. 4 Luego alejándose más o menos a la distancia de un
tiro de piedra, sintiéndose entristecido y angustiado se postró para orar. En
medio de su angustia, él oraba más intensamente, y su sudor era como gotas de
sangre que corrían hasta el suelo.
Sama’el
trata de tentar a Yehshua
5 Sama’el Baalzebut que
siempre le rondaba se acercó a él para tentarle y le decía: “Yehshua bar
Joseph, sabes la suerte que te espera; conoces los horrores que te aguardan;
mas si en verdad eres el hijo de la Luz llama a una legión de ángeles para que
te guarden de aquellos que quieren tu vida”. 6 Yehshua continuaba orando y diciendo: “Abba – Padre –
todo te es posible: aleja de mí este trago amargo tan insoportable para un
cuerpo humano, pero que no se haga mi voluntad, sino la tuya”.
7 Volviéndose a Baalzebut le
dijo: “Aléjate de mí, hijo de la Sombra ¿Acaso no he de cumplir los designios
del Padre? Para entregarme en holocausto vine al mundo no para hacerme amo de
él”.
Detención
de Yehshua
8 Después volvió junto a sus
discípulos y los encontró durmiendo. Yehshua dijo a Kefa: “Kefa, ¿estás
dormido? ¿Ni siquiera una hora han podido permanecer despiertos conmigo? 9 Levántense y oren para no
caer en tentación, porque el espíritu está dispuesto, pero la carne es débil”. 10 Se alejó por segunda vez y
suplicó: “Padre mío, si no puede pasar este trago sin que yo lo beba, que se
haga tu voluntad”. 11 Al regresar los encontró
otra vez durmiendo, porque sus ojos se cerraban de sueño.
12 Nuevamente se alejó de
ellos y oró por tercera vez, repitiendo las mismas palabras. 41 Volvió por
tercera vez y les dijo: “Ahora pueden dormir y descansar. Esto ha concluido. Ha
llegado la hora en que el Hijo del hombre va a ser entregado en manos de los
pecadores. 13 ¡Levántense! ¡Vamos! Ya se
acerca el que me va a entregar”. Estaba todavía hablando Yehshua cuando se
acercó a él Yehudah que venía presidiendo a un grupo numeroso de los guardias
del Templo y un destacamento de soldados.
14 Yehudah había dado como
señal a los soldados que aquel a quien él besara era Yehshua y que podrían
detenerle. Inmediatamente se acercó a Yehshua, diciéndole: “Salve, Rabbi”, y lo
besó. 15 Yehshua le dijo entonces: “Yehudah,
Yehudah, con un beso me has entregado a los que desean mi muerte”. 16 Volviéndose hacia los
guardias y soldados les preguntó: “¿A quién buscan?” “A Yehshua el de Natzeret”,
le contestaron. “Yo soy. Si es a mí a quien buscan, dejen que estos se vayan”,
contestó Yehshua.
17 Los que estaban con Yehshua,
viendo lo que iba a suceder, le preguntaron: “Señor, ¿usamos la espada?” Y Kefa
sin pensarlo dos veces, extrajo una espada que llevaba e hirió al servidor del
Sumo Sacerdote, cortándole la oreja derecha. El servidor se llamaba Malco. 18 Yehshua dijo a Shimón Kefa:
“Envaina tu espada porque el que a hierro mata el hierro se vuelve contra él y
muere. ¿Acaso no beberé de la copa que me ha dado el Padre?” 19 Y le dice a los que venían
a prenderle: “¿Soy acaso un ladrón, para que salgan a arrestarme con espadas y palos?
Todos los días me sentaba a enseñar en el Templo, y ustedes no me detuvieron”. 20 Entonces, el destacamento de soldados, con el tribuno y
los guardias judíos, se apoderó de Yehshua y lo ataron.
21 Llevaron prisionero a
Yehshua en medio de la noche ante Anás hijo de Seth que presidía el Sanedrín porque
era suegro de Cayafás, Sumo Sacerdote aquel año. 22 Cayafás era el que había aconsejado
a los judíos: “Es preferible que un solo hombre muera por el pueblo”. 23 Allí se reunieron todos los
sumos sacerdotes, los ancianos y los escribas para juzgar a Yehshua.
24 Los sumos sacerdotes, los
sadoqueos y todo el Sanedrín buscaban un testimonio acusatorio contra Yehshua,
para poder condenarlo a muerte, pero no lo encontraban. 25 Aunque se presentaron
muchos con falsas acusaciones contra él, sus testimonios no concordaban.
Kefa
niega a Yehshua
26 Shimón Kefa, acompañado de Yojanán
había seguido a los captores de Yehshua; y como Yojanán era conocido de Anás
pudo entrar al patio con Yehshua. Kefa había quedado afuera pero Yojanán le
habló al portero para permitirle a Kefa que pudiera entrar. 27 El portero viendo a Kefa le
preguntó: “¿No eres tú uno de los discípulos de ese hombre?”; pero Kefa lo negó
diciendo: “Te equivocas, yo no soy uno de ellos”.
28 Los guardias y servidores de
Anás encendieron fuego en medio del patio porque hacía frío, se sentaron
alrededor de él y Kefa se sentó entre ellos. 29 Una sirvienta que lo vio junto al fuego, lo miró
fijamente y dijo: “Este también estaba con ese hombre; además, él también es
galileo”. 30 Kefa lo negó diciendo:
“Mujer, no sé quién es ese hombre”.
31 Anás interrogó a Yehshua
acerca de su enseñanza y del nombre de sus discípulos. 32 Yehshua le respondió: “Te
responderé por lo que preguntas sobre mis enseñanzas: He hablado abiertamente
al mundo; siempre enseñé en la sinagoga y en el Templo, donde se reúnen todos
los judíos, y no he dicho nada en secreto. 33¿Por qué me interrogas a mí? Pregunta a los que me han
oído qué les enseñé. Ellos saben bien lo que he dicho. He aquí que todo
Jerusalén oyó lo que yo dije, aunque tú mismo no hayas escuchado estas
enseñanzas”. 34 Apenas Yehshua dijo esto,
uno de los guardias allí presentes le dio una bofetada, diciéndole: “¿Así
respondes al Sumo Sacerdote?” 35 Yehshua le respondió: “Si
he hablado mal, muestra en qué ha sido; pero si he respondido bien, ¿por qué me
golpeas entonces?”
36 Uno de los servidores del
Sumo Sacerdote, pariente de aquel al que Kefa había cortado la oreja, insistió
al ver a Kefa: “Me parece que te vi en el huerto. Sí, eres muy parecido al que
hirió a Malco” 37 Kefa volvió a negarlo, y en
seguida cantó el gallo.
38 Yehshua que había sido
sacado al patio, dándose vuelta miró a Kefa. Entonces Kefa recordó que Yehshua
le había asegurado que antes que el gallo cantara él le negaría tres veces.
Entonces rompió a llorar y huyó.
39 Los hombres que custodiaban
a Yehshua lo ultrajaban y lo golpeaban; 40 y tapándole el rostro, le decían: “Profetiza, ¿quién te
golpeó?” 41 Y lanzaban contra él toda
clase de insultos y le escupían.
42 Cuando aún no había
amanecido, se reunió el Consejo de los ancianos del pueblo, junto con los sumos
sacerdotes y los escribas. Llevaron a Yehshua ante el tribunal. Se presentaron
falsos testigos que le acusaban, pero él guardaba silencio; 43 entonces Cayafás poniéndose
de pie ante la asamblea, le interrogó: “¿No respondes nada a lo que estos
hombres atestiguan contra ti?” Pero él se mantuvo en silencio sin responder
nada.
Yehshua
ante Cayafás
44 Algunos del Sanedrín le
preguntaron: “Dinos si en verdad eres el Mashíaj”. Yehshua les respondió: “Si
yo les contesto, ustedes no me creerán, 45 y si les pregunto, no me responderán”.
45 Cayafás le interrogó de
nuevo: “Te conjuro por el Dios vivo a que me digas si tú eres el Mashíaj, el
Hijo de Dios”. Yehshua le respondió: “Tú lo has dicho. Yo soy. 46 Además, les aseguro que de
ahora en adelante verán al hijo del hombre brillando en la gloria del
Todopoderoso y venir entre las nubes del cielo”.
47 Entonces Cayafás el Sumo
Sacerdote rasgó sus vestiduras, diciendo: “Ha blasfemado contra Dios. ¿Qué
necesidad tenemos de testigos? Nosotros mismos lo hemos escuchado de su propia
boca diciendo ser igual a Adonai. Ustedes acaban de oír la blasfemia. 48 ¿Qué les parece?” Ellos
respondieron: “Merece la muerte”.




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