1 Se celebraba la Fiesta del Hanuchah
o de la Dedicación que conmemora la consagración del Templo en épocas de los
Macabeo y Yehshua decidió ir a Jerusalén. Era invierno.
Yehshua y los diez leprosos
2 Cuando Yehshua y sus
discípulos se dirigían a Jerusalén entraron en una aldea. En ese momento se
presentaron ante él diez hombres enfermos de lepra. 3 Parados a cierta distancia
de Yehshua y sus discípulos, comenzaron a implorar en voz alta, y decían:
“Yehshua, nabí, ten misericordia de nosotros, porque nuestras carnes se pudren
y nadie quiere tener conmiseración de nosotros”.
4 Ante la fe de aquellos
desdichados, Yehshua se sintió conmovido y les dijo: “Misericordia tendrán. Vayan
a presentarse a los sacerdotes y muéstrenle el bien que se les ha concedido de
parte del Padre de la Vida”.
5 Ellos hicieron así y cuando
ya estaban en camino sus carnes sanaron y quedaron libres de la lepra. 6 Uno de ellos, al verse
limpio, se detuvo y volvió a donde estaba Yehshua descansando de la jornada que
hacía a pie; y aquel hombre era samaritano. 7 Cuando llegó ante Yehshua se postró a sus pies,
agradeciéndole entre lágrimas y exclamaciones de alegría el bien que le había
hecho.
8 Entonces Yehshua preguntó:
“¿No fueron diez los que fueron sanados? ¿Solo este hombre, samaritano
despreciado por los judíos, regresó para agradecer y dar gloria al Dios de la
Vida?” 9 Y le dijo al hombre:
“Levántate y vete, por tu fe fuiste sanado, por tu acción de gracias has
recibido la salvación”.
10 Luego de llegar a
Jerusalén, Yehshua se paseaba por el Pórtico de Shalomom cuando llegaron hasta
él varios fariseos y algunos de los escribas. 11 Y le dijeron: “¡Hasta cuándo tendremos que soportarte!
Dinos finalmente, si realmente eres tú el Mashíaj esperado”.
Yehshua
y el Padre son uno mismo
12 Yehshua contestó: “Si se
los digo, no me creerán; pero las obras que hago en nombre del Padre son las
que dan testimonio de mí. 13 Ustedes no creen en mí
porque no son parte de mi rebaño. Mis ovejas me escuchan y me siguen y yo las
conozco. 14 Yo les daré la vida eterna
y ninguna se perderá. 15 Nadie es superior al Padre
y El y yo somos uno mismo”.
16 Al escuchar esto los
fariseos buscaron piedras para apedrear a Yehshua. 17 Les dijo entonces: “He
hecho muchas obras buenas en nombre del Padre; ¿por cuál de ellas pretenden
apedrearme?” 18 Ellos le respondieron: “No
queremos apedrearte por ninguna obra buena que has hecho, sino porque has
blasfemado cuando siendo tú un hombre te haces a ti mismo Dios”.
19 Yehshua les replicó
entonces: “Olvidan ustedes sus propias tradiciones; ¿acaso no está escrito en
la Ley de ustedes: Ustedes son dioses…? 20 Si esto está escrito de aquellos a quienes se dirigió la
Palabra ¿Cómo pueden llamar blasfemo a quien el Padre ha santificado y enviado
al mundo, por haber dicho: Yo soy el Hijo de Dios? 21 Si no hago las obras de mi
Padre, no me crean; 22 pero si las hago, aunque no
crean en mí, crean por lo que manifiestan las obras. De este modo sabrán que el
Padre está en mí y yo estoy en el Padre y somos uno solo”.
23 Enfurecidos, los fariseos
se lanzaron sobre él con intención de prenderle, pero él se escabulló entre la
multitud.
Poder
en Yehshua sobre la muerte
24 Yehshua abandonó Jerusalén
y se fue al otro lado del Jordán, al lugar donde había predicado y bautizado
Yojanán y allí permaneció. 25 Muchas personas fueron a
verle y decían: “Yojanán no hizo ninguna señal prodigiosa como las que este
hombre ha hecho; pero lo que Yojanán dijo de él es verdad”.
26 Entonces Yehshua les dijo:
“Nada de lo que hago lo hago por mi voluntad, sino porque cumplo la voluntad
del Padre. 27 El Padre ama al Hijo y le
da poder para mostrar su gloria. Como el Padre puede devolver la vida a los
muertos, así el Hijo puede darle vida al que ha muerto. 28 El que no cree ni respeta
al Hijo no respeta al Padre; porque fue el Padre quien me ha enviado.
29 Les digo la verdad: si
alguien oye mis palabras y las guarda en su corazón y las cumple, y cree en el
que me envió, tiene vida eterna y no será juzgado, porque ya ha pasado de la
muerte a la vida.
30 Les digo la verdad: se
acerca un momento importante, y en efecto ya ha llegado, cuando los que están
muertos oirán la voz del Hijo de Dios. Todos los que acepten lo que él dice,
vivirán. 31
La
vida viene del Padre mismo. De igual manera, ha permitido que el Hijo pueda dar
vida. 32 El Padre también le ha dado
autoridad al Hijo para juzgarlos, puesto que él mismo es Hijo del hombre.
33 No se sorprendan por esto
que les digo, porque llegará también el momento en que las almas que están en cautiverio
van a escuchar la voz del Hijo del hombre y 34 saldrán de su cautiverio. 35 Los que hicieron el bien se
levantarán para vivir para siempre, pero los que hicieron el mal se levantarán
para ser juzgados y sus almas borradas para siempre.
36 Nada hago por mi cuenta, juzgo
según lo que el Padre me dicta y mi decisión es correcta. Es así porque evito
hacer mi voluntad, sino la voluntad del Padre que me envió”.

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