lunes, 22 de septiembre de 2014

Libro del Bendecido Yehshua llamado el Mashíaj – Kristo 24


Yehudah traiciona a Yehshua

1 Cuando faltaban dos días para la fiesta del Pesaj y de los panes Acimos, los sumos sacerdotes y los escribas en el palacio del Sumo Sacerdote, Josef ben Cayafás, se confabularon buscando la manera de arrestar a Yehshua sin escándalo y no a la vista, para darle muerte, 2 porque temían a la reacción popular y  decían: “No debemos detenerle durante la fiesta, para que no se produzca un tumulto entre la gente”. 3 La oportunidad que esperaban se las ofreció Yehudah Iskaryyot, el de Queriot, uno de los doce discípulos escogidos por Yehshua.

4 El de Queriot había seguido a Yehshua pensando que este sería el Mashíaj guerrero que expulsaría a los extranjeros de Yisraeil. Pensó que Yehshua después de haber entrado en Jerusalén rodeado de las aclamaciones de la multitud, se proclamaría rey. 5 Entonces se dijo: “Si yo le entrego a sus enemigos quizá el pueblo se rebele y busque librarle de la prisión”. 6 Decidió entonces ir en secreto a ver a los sumos sacerdotes y a los jefes de la guardia asegurándoles que él podría entregarle a Yehshua en el momento propicio.

7 Al oírlo, los sumos sacerdotes se alegraron y hasta prometieron darle dinero. Y, desde ese momento, Yehudah buscaba una ocasión propicia para entregarlo aunque esperando que no le mataran.

Ultima cena del Señor

8 Llegó el día de los Acimos, en el que se debía inmolar la víctima pascual. 9 Yehshua envió a Kefa y a Yojanán junto con Mariam y Verónica, diciéndoles: “Vayan a prepararnos lo necesario para el Séder del Pesaj”. Ellos le preguntaron: “¿Dónde quieres que le preparemos?” Yehshua les indicó: “A la entrada de la ciudad y cerca de una fuente de agua encontrarán cierta casa. 10 Díganle al dueño de la casa: “El Rabbi dice: Se acerca mi hora, voy a celebrar el Pesaj en tu casa con mis discípulos. ¿Dónde está mi sala, en la que voy a comer el cordero pascual con mis discípulos? 11 Él les mostrará en el piso alto una pieza grande, arreglada con almohadones y ya dispuesta; prepárennos allí lo necesario”.

12 Los discípulos hicieron tal como les dijera Yehshua y prepararon el Séder o cena del Pesaj.

13 Al atardecer llegó Yehshua con sus doce elegidos, mientras Mariam la de Magdala, Mariam su madre y Verónica estaban aguardando en el salón donde celebrarían el Séder.

14 Antes de iniciada la cena Yehshua se despojó de su manto y tomando una toalla se la ató a la cintura; 15 luego echó agua en un recipiente y empezó a lavar los pies a los discípulos y a secárselos con la toalla que tenía en la cintura. Cuando llegó junto a Kefa este se negó con fuerza diciendo: “¿Cómo tú, siendo nuestro señor te humillas a lavar mis pies?”


16 Yehshua le contestó: “Ahora no entiendes lo que hago; pero si no lavara tus pies no podrás seguirme a donde yo iré”. Shimón Kefa le contestó: “Si es así, Señor, ¡lava no sólo mis pies, sino también mis manos y mi cabeza!” 17 Yehshua dijo entonces: “El que se ha bañado no necesita lavarse más que los pies, porque está completamente limpio. Ustedes también están limpios, aunque no todos”.

18 Después de haberles lavado los pies, se puso el manto, volvió a la mesa y les dijo: 19 “Ustedes me llaman Rabbi y Señor, y tienen razón, porque lo soy. 20 Si yo, que soy el Señor y Rabbi, les he lavado los pies, ustedes también deben lavarse los pies unos a otros. 21 Sigan ustedes el ejemplo que les he dado. Les aseguro que el servidor no es más grande que su señor, ni el enviado más grande que el que lo envía. 22 Ustedes serán bendecidos si, sabiendo estas cosas, las practican. 23 No lo digo por todos ustedes; yo conozco a los que he elegido.

18 Llegada la hora, Yehshua se sentó a la mesa con sus elegidos y con las tres mujeres y les dijo: “He deseado ardientemente comer este Pesaj con ustedes antes de la llegada de mi hora, 19 porque les aseguro que ya no la comeré más hasta que llegue a su pleno cumplimiento en la esfera donde brilla la Suprema Inteligencia.

20 Mientras estaban comiendo, Yehshua les dijo: “La mano del traidor está sobre la mesa, junto a mí; porque uno de ustedes me entregará a los jefes de la guardia del Templo y a los sumo sacerdotes. El Hijo del hombre se va, como está escrito de él, pero ¡ay de aquel por quien el Hijo del hombre será entregado: más le valdría no haber nacido!”

21 Llenos de tristeza sus discípulos, uno por uno le preguntaban: “¿Seré yo, Señor?” Yehshua les dice: “Ustedes son los que han permanecido siempre conmigo en medio de mis pruebas. 22 Por eso yo les confiero la grandeza, como mi Padre me la confirió a mí. 23 Les digo esto desde ahora, antes que suceda, para que cuando suceda, crean que Yo Soy. 24 Les aseguro que el que reciba al que yo envíe, me recibe a mí, y el que me recibe, recibe al que me envió.

25 Mariam estaba reclinada muy cerca de Yehshua. Kefa le hizo una seña y le dijo: “Pregúntale a quién se refiere cuando dice que uno de nosotros le traicionará”. 26 Inclinándose sobre el pecho de Yehshua, Mariam al oído le preguntó: “Señor, dime ¿quién es?” 27 De igual modo, Yojanán que estaba al lado de Yehshua le hizo la misma pregunta: “¿Quién es, Señor?” Él les respondió: “El que acaba de remojar la verdura en la misma fuente que yo, ese me va a entregar”. Volviéndose hacia Yehudah le dijo Yehshua: “Yehudah, lo que vas a hacer, ve y hazlo ya”.

28 Inclinando Yehudah la frente ante Yehshua, se incorporó y salió afuera.

Institución de la Eucaristía

29 Yehshua tomó una copa de vino, dio gracias diciendo la oración: “Bendito seas Tú, Adonai nuestro Dios, rey del universo, quien creó el fruto de la vid". 30  Luego le dijo a sus discípulos: “Tomen y compartan esta copa  entre ustedes. Porque les aseguro que desde ahora no beberé más del fruto de la vid hasta que llegue el Tiempo de los Tiempos”.

31 Después se esto Yehshua tomó el pan, pronunció la bendición, lo partió y lo dio a sus discípulos, diciendo: “Tomen y coman, esto es mi Cuerpo. 32 Yo soy el pan de la vida. Los antepasados de ustedes comieron el maná en el desierto, y murieron. 33 Yo soy el pan que desciende del cielo, para que el que coma de él, no muera”.

34 Después tomó una copa, dio gracias diciendo: “Baruj atá Hashem melej mehulal batishbajot” (esto es “Bendito eres Tú Dios, Rey ensalzado en alabanzas”) y la pasó para que todos bebieran de ella, y les dijo: “Beban todos de ella, 35 porque esta es mi Sangre, la Sangre de la Nueva Alianza, Alianza que sustituye la alianza de sangre que hizo Moshé con el pueblo. Esta es la sangre que se derrama por muchos para la remisión de los pecados. Hagan esto en conmemoración mía, en recuerdo de que entregué mi cuerpo y mi sangre, por amor a todos, 36 porque mi carne es verdadera comida, y mi sangre es verdadera bebida. El que coma mi carne y beba mi sangre, formará un lazo de unidad conmigo y yo permaneceré en su espíritu”.

Nuevo anuncio de la muerte de Yehshua

37Terminada la cena dijo Yehshua: “Ahora el Hijo del hombre ha sido glorificado y Dios ha sido glorificado en él. 38 Si Dios ha sido glorificado en él, también lo glorificará en sí mismo, y lo hará muy pronto. Ya no estaré mucho tiempo con ustedes. Ustedes me buscarán, pero yo les digo ahora lo mismo que dije a los fariseos: A donde yo voy, ustedes no pueden venir. 39 Pero les doy un mandamiento nuevo: ámense los unos a los otros. Así como yo los he amado, ámense también ustedes los unos a los otros. 40 En esto todos reconocerán que ustedes son mis discípulos: en el amor que se tengan los unos a los otros.

41 Kefa le pregunta a Yehshua: “Dinos a dónde te irás”. Yehshua le contesta: “Adonde yo voy, tú no puedes seguirme ahora, pero más adelante me seguirás”. 42 Kefa le insiste diciendo: “¿Por qué no puedo seguirte ahora? Yo daré mi vida por ti”.

43 Yehshua miró a Kefa y le dijo: “Sepan que ustedes hoy mismo, antes que termine la noche, se llenarán de temor porque cuando se hiere al pastor se dispersan las ovejas. Shimón, Shimón, mira que el príncipe de la Sombra ha pedido poder para zarandearlos como el trigo, 44 pero yo he rogado por ti, para que no te falte la fe. Y tú, después que hayas vuelto, confirma a tus hermanos”.

45 Shimón Kefa le dice: “Señor, estoy dispuesto a ir contigo a la cárcel y a la muerte. Aunque todos se escandalicen por tu causa, yo no me escandalizaré jamás”.


46 Yehshua le respondió: “Te aseguro que esta misma noche, antes que cante el gallo, me habrás negado tres veces”. Kefa se mantuvo en lo dicho: “Aunque tenga que morir contigo, jamás te negaré”. Y todos los discípulos decían lo mismo.

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