Yehudah
traiciona a Yehshua
1 Cuando faltaban dos días
para la fiesta del Pesaj y de los panes Acimos, los sumos sacerdotes y los
escribas en el palacio del Sumo Sacerdote, Josef ben Cayafás, se confabularon buscando
la manera de arrestar a Yehshua sin escándalo y no a la vista, para darle
muerte, 2 porque temían a la reacción
popular y decían: “No debemos detenerle
durante la fiesta, para que no se produzca un tumulto entre la gente”. 3 La oportunidad que
esperaban se las ofreció Yehudah Iskaryyot, el de Queriot, uno de los doce
discípulos escogidos por Yehshua.
4 El de Queriot había seguido
a Yehshua pensando que este sería el Mashíaj guerrero que expulsaría a los
extranjeros de Yisraeil. Pensó que Yehshua después de haber entrado en
Jerusalén rodeado de las aclamaciones de la multitud, se proclamaría rey. 5 Entonces se dijo: “Si yo le
entrego a sus enemigos quizá el pueblo se rebele y busque librarle de la
prisión”. 6 Decidió entonces ir en
secreto a ver a los sumos sacerdotes y a los jefes de la guardia asegurándoles
que él podría entregarle a Yehshua en el momento propicio.
7 Al oírlo, los sumos
sacerdotes se alegraron y hasta prometieron darle dinero. Y, desde ese momento,
Yehudah buscaba una ocasión propicia para entregarlo aunque esperando que no le
mataran.
Ultima
cena del Señor
8 Llegó el día de los Acimos,
en el que se debía inmolar la víctima pascual. 9 Yehshua envió a Kefa y a Yojanán junto con Mariam y
Verónica, diciéndoles: “Vayan a prepararnos lo necesario para el Séder del Pesaj”.
Ellos le preguntaron: “¿Dónde quieres que le preparemos?” Yehshua les indicó:
“A la entrada de la ciudad y cerca de una fuente de agua encontrarán cierta
casa. 10 Díganle al dueño de la
casa: “El Rabbi dice: Se acerca mi hora, voy a celebrar el Pesaj en tu casa con
mis discípulos. ¿Dónde está mi sala, en la que voy a comer el cordero pascual
con mis discípulos? 11 Él les mostrará en el piso
alto una pieza grande, arreglada con almohadones y ya dispuesta; prepárennos
allí lo necesario”.
12 Los discípulos hicieron tal
como les dijera Yehshua y prepararon el Séder o cena del Pesaj.
13 Al atardecer llegó Yehshua
con sus doce elegidos, mientras Mariam la de Magdala, Mariam su madre y
Verónica estaban aguardando en el salón donde celebrarían el Séder.
14 Antes de iniciada la cena
Yehshua se despojó de su manto y tomando una toalla se la ató a la cintura; 15 luego echó agua en un
recipiente y empezó a lavar los pies a los discípulos y a secárselos con la
toalla que tenía en la cintura. Cuando llegó junto a Kefa este se negó con
fuerza diciendo: “¿Cómo tú, siendo nuestro señor te humillas a lavar mis pies?”
16 Yehshua le contestó: “Ahora
no entiendes lo que hago; pero si no lavara tus pies no podrás seguirme a donde
yo iré”. Shimón Kefa le contestó: “Si es así, Señor, ¡lava no sólo mis pies,
sino también mis manos y mi cabeza!” 17 Yehshua dijo entonces: “El que se ha bañado no necesita
lavarse más que los pies, porque está completamente limpio. Ustedes también
están limpios, aunque no todos”.
18 Después de haberles lavado
los pies, se puso el manto, volvió a la mesa y les dijo: 19 “Ustedes me llaman Rabbi y
Señor, y tienen razón, porque lo soy. 20 Si yo, que soy el Señor y Rabbi, les he lavado los pies,
ustedes también deben lavarse los pies unos a otros. 21 Sigan ustedes el ejemplo
que les he dado. Les aseguro que el servidor no es más grande que su señor, ni
el enviado más grande que el que lo envía. 22 Ustedes serán bendecidos si, sabiendo estas cosas, las
practican. 23 No lo digo por todos ustedes;
yo conozco a los que he elegido.
18 Llegada la hora, Yehshua se
sentó a la mesa con sus elegidos y con las tres mujeres y les dijo: “He deseado
ardientemente comer este Pesaj con ustedes antes de la llegada de mi hora, 19 porque les aseguro que ya no
la comeré más hasta que llegue a su pleno cumplimiento en la esfera donde
brilla la Suprema Inteligencia.
20 Mientras estaban comiendo,
Yehshua les dijo: “La mano del traidor está sobre la mesa, junto a mí; porque
uno de ustedes me entregará a los jefes de la guardia del Templo y a los sumo
sacerdotes. El Hijo del hombre se va, como está escrito de él, pero ¡ay de
aquel por quien el Hijo del hombre será entregado: más le valdría no haber
nacido!”
21 Llenos de tristeza sus
discípulos, uno por uno le preguntaban: “¿Seré yo, Señor?” Yehshua les dice: “Ustedes
son los que han permanecido siempre conmigo en medio de mis pruebas. 22 Por eso yo les confiero la grandeza,
como mi Padre me la confirió a mí. 23 Les digo esto desde ahora, antes que suceda, para que
cuando suceda, crean que Yo Soy. 24 Les aseguro que el que reciba al que yo envíe, me recibe
a mí, y el que me recibe, recibe al que me envió.
25 Mariam estaba reclinada muy
cerca de Yehshua. Kefa le hizo una seña y le dijo: “Pregúntale a quién se
refiere cuando dice que uno de nosotros le traicionará”. 26 Inclinándose sobre el pecho
de Yehshua, Mariam al oído le preguntó: “Señor, dime ¿quién es?” 27 De igual modo, Yojanán que estaba
al lado de Yehshua le hizo la misma pregunta: “¿Quién es, Señor?” Él les
respondió: “El que acaba de remojar la verdura en la misma fuente que yo, ese
me va a entregar”. Volviéndose hacia Yehudah le dijo Yehshua: “Yehudah, lo que
vas a hacer, ve y hazlo ya”.
28 Inclinando Yehudah la
frente ante Yehshua, se incorporó y salió afuera.
Institución
de la Eucaristía
29 Yehshua tomó una copa de
vino, dio gracias diciendo la oración: “Bendito seas Tú, Adonai nuestro Dios,
rey del universo, quien creó el fruto de la vid". 30 Luego le dijo a sus discípulos: “Tomen y
compartan esta copa entre ustedes.
Porque les aseguro que desde ahora no beberé más del fruto de la vid hasta que
llegue el Tiempo de los Tiempos”.
31 Después se esto Yehshua
tomó el pan, pronunció la bendición, lo partió y lo dio a sus discípulos,
diciendo: “Tomen y coman, esto es mi Cuerpo. 32 Yo soy el pan de la vida. Los antepasados de ustedes
comieron el maná en el desierto, y murieron. 33 Yo soy el pan que desciende del cielo, para que el que
coma de él, no muera”.
34 Después tomó una copa, dio
gracias diciendo: “Baruj atá Hashem melej
mehulal batishbajot” (esto es “Bendito eres Tú Dios, Rey ensalzado en
alabanzas”) y la pasó para que todos bebieran de ella, y les dijo: “Beban todos
de ella, 35 porque esta es mi Sangre,
la Sangre de la Nueva Alianza, Alianza que sustituye la alianza de sangre que
hizo Moshé con el pueblo. Esta es la sangre que se derrama por muchos para la
remisión de los pecados. Hagan esto en conmemoración mía, en recuerdo de que
entregué mi cuerpo y mi sangre, por amor a todos, 36 porque mi carne es
verdadera comida, y mi sangre es verdadera bebida. El que coma mi carne y beba
mi sangre, formará un lazo de unidad conmigo y yo permaneceré en su espíritu”.
Nuevo
anuncio de la muerte de Yehshua
37Terminada la cena dijo
Yehshua: “Ahora el Hijo del hombre ha sido glorificado y Dios ha sido
glorificado en él. 38 Si Dios ha sido glorificado
en él, también lo glorificará en sí mismo, y lo hará muy pronto. Ya no estaré
mucho tiempo con ustedes. Ustedes me buscarán, pero yo les digo ahora lo mismo
que dije a los fariseos: A donde yo voy, ustedes no pueden venir. 39 Pero les doy un mandamiento
nuevo: ámense los unos a los otros. Así como yo los he amado, ámense también
ustedes los unos a los otros. 40 En esto todos reconocerán
que ustedes son mis discípulos: en el amor que se tengan los unos a los otros.
41 Kefa le pregunta a Yehshua:
“Dinos a dónde te irás”. Yehshua le contesta: “Adonde yo voy, tú no puedes
seguirme ahora, pero más adelante me seguirás”. 42 Kefa le insiste diciendo: “¿Por qué no puedo seguirte
ahora? Yo daré mi vida por ti”.
43 Yehshua miró a Kefa y le
dijo: “Sepan que ustedes hoy mismo, antes que termine la noche, se llenarán de
temor porque cuando se hiere al pastor se dispersan las ovejas. Shimón, Shimón,
mira que el príncipe de la Sombra ha pedido poder para zarandearlos como el
trigo, 44 pero yo he rogado por ti,
para que no te falte la fe. Y tú, después que hayas vuelto, confirma a tus
hermanos”.
45 Shimón Kefa le dice: “Señor,
estoy dispuesto a ir contigo a la cárcel y a la muerte. Aunque todos se
escandalicen por tu causa, yo no me escandalizaré jamás”.
46 Yehshua le respondió: “Te
aseguro que esta misma noche, antes que cante el gallo, me habrás negado tres
veces”. Kefa se mantuvo en lo dicho: “Aunque tenga que morir contigo, jamás te
negaré”. Y todos los discípulos decían lo mismo.


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