Otoniel juez de Yisraeil
1 Hubo un hombre de la tribu de Judá, llamado
Otoniel que tenía experiencia de armas pues había dirigido un ataque contra la
ciudad fortificada de Debir, llamada también Quiriat-sefer, cuando la tribu de
Judá peleaba contra Canaán por el territorio. 2
Y Otoniel moraba en Hevrón y escuchó la queja de los israelitas por el dominio
de Chushan-rishathaim y sintió que debía hacer algo para aliviar a su pueblo de
las cargas.
3 Entonces Otoniel le habló a los ancianos y a los
hombres reunidos en la ladera de las colinas donde está Hevrón y les dijo:
“¿Por qué se lamentan y gimen? ¿No tienen el amparo de los baales ante los que
ustedes se inclinan, olvidando al Dios verdadero y viviente, que sacó a
nuestros padres de Egipto donde eran esclavos? 4
Ahora padecemos porque se nos ha enfriado la llama que nos alumbró cuando
enfrentamos a Canaán; y se nos ha enfriado en la misma proporción que se nos ha
enfriado la confianza en Yahvahé”.
5 Ellos le dijeron: “Pídele a Yahvahé, tu Dios, que
se apiade de nosotros y nos libre de Aram-Naharaim y de su rey Chushan-rishathaim”.
Y Otoniel les dijo: “Purifíquense todos y mañana organicemos una partida para
luchar contra Aram-Naharaim y que la Luz del Universo nos dé la fuerza que
necesitamos”.
6 Y el pueblo de Judá aceptó a Otoniel como shophetim
y juez entre ellos; y se reunieron hombres de Judá, de Shimeón, de Dan y de
Benjamin, todos armados y salieron a enfrentarse al rey Chushan-rishathaim. 7 Y hubo un gran combate y Yisraeil salió victorioso
derrotando a Chushan-rishathaim, quien finalmente se retiró de las tierras de
Shimeón y de Judá. 8 Así hubo paz en el país durante cuarenta años.
Después murió Otoniel y durante ese largo tiempo, su nombre fue quedando en el
olvido entre las nuevas generaciones que surgieron después de la victoria sobre
Chushan-rishathaim. 9 En ese tiempo, los israelitas se casaban con
mujeres cananeas que adoraban a dioses falsos y volvieron a servir a los ídolos
de Canaán y Filistea.
Ehud juez de Yisraeil
10 Por aquel tiempo había un hombre de la tribu de
Benjamin, lisiado de su mano derecha, llamado Ehud que era fiel a Yahvahé. 11 Y Ehud amonestaba a los israelitas porque habían
abandonado la adoración al Dios de Yisraeil para hacer sacrificios a Asera y a
Dagón; pero muy pocos le escuchaban y los muchos hacían mofa de él. 12 Entonces Ehud clamaba: “Insensatos y vanos,
¿olvidaron el tiempo cuando estaban bajo la opresión de Aram-Naharaim y lo
mucho que sus padres padecieron hasta que vino a liberarles Otoniel, varón de
Dios? Caerá sobre ustedes la ira de Yahvahé por haberse olvidado de su nombre”.
13 Y las palabras de Ehud con las que amonestaba a
los israelitas se hicieron verdad.
El rey de Moab invade
Efrayim
14 Por aquellos días el rey de Moab hizo planes para
humillar a Yisraeil e imponerle un tributo anual. Entonces buscó alianza con
los amonitas y con los amalecitas nómadas del desierto, diciéndoles: “Vengan y
hagamos alianza para imponernos sobre el orgulloso Yisraeil y aprovechemos
ahora que están débiles y sin una cabeza que los una; 15 así vengaremos las humillaciones que en el pasado
nos hicieran y nos apoderamos de las tierras de Benjamin, de Rubén, de Gad, de
Efrayim y de Judá”.
16 Entonces el rey de Moab, al que los israelitas
llamaron Eglón porque era muy obeso y parecía una vaca, entró por tierras de
Rubén para llegar hasta la ciudad de Las Palmeras, donde había estado asentada
Yériho y allí permaneció por un año. Cuando llegaba el tiempo de cobrar los
tributos, Eglón regresaba a Las Palmeras.
17 Ehud se había retirado a la región montañosa de Seirá en tierras de
Efrayim y oraba a Yahvahé pidiéndole una señal para conocer qué debía hacer
para rescatar el honor de Yisraeil; pero Yahvahé no le daba respuesta. 18 Y los pocos hombres que le hacían resistencia a
los moabitas, a los amonitas y a los amalecitas, eran derrotados y asesinados
en el mismo campo.
19 Así los israelitas estuvieron sometidos a Eglón,
rey de Moab, durante dieciocho años. Entonces Ehud recibió señal del Uri’el,
mensajero de la Luz, que le habló en sueños, mostrándole una visión. 20 Ehud vio que había levantado un altar de
sacrificio y a su lado tenía un carnero y junto al carnero pacía una vaca y escuchó
la voz del mensajero de la Luz diciendo: “Ehud, protege al carnero y toma el
cuchillo del holocausto y sacrifica a la vaca”.
La justicia de Ehud
21 Ehud, al despertar, se hizo un puñal de doble filo
de un codo de largo, y se lo ciñó debajo de la ropa, sobre el lado derecho.
Luego bajó a Gilgal, donde se reunía el tributo que los israelitas tenían que
presentar a Eglón 22 y pidió a los jefes de familia: “Varones de
Yisraeil, no se humillen más ante ese Eglón entregándoles de rodilla el
tributo. Permitan que sea yo quien le presente el tributo”.
23 Ellos entonces le encargaron que llevara el
tributo a Eglón, rey de Moab. Y luego fue con los cargadores a entregar el
tributo a Eglón. Apenas terminó de presentar el tributo, Ehud despidió a la
gente que había transportado la carga, 24
y él, al llegar al lugar donde había unos ídolos de piedra en un lugar que está
junto a Guilgal, volvió para presentarse de nuevo ante Eglón. 25 Cuando entró Ehud, el rey se encontraba en la
habitación de arriba, que era más fresca y estaba reservada para él solo. 26 Entonces
fue y le dijo: “Rey, tengo que comunicarte un mensaje divino que me
transmitiera mi Dios, el Dios de Yisraeil, cuando pasaba por los Ídolos”. 27 El rey ordenó a sus servidores: “Retírense todos”.
Y todos los que estaban con él salieron de su presencia.
28 Eglón, confiado se acercó a Ehud y le dijo:
“Habla, ¿qué mensaje de tu Dios Yahvahé deseas revelarme?” 29 Entonces Ehúd extendió su mano izquierda, tomó el
puñal que llevaba sobre el lado derecho, y lo clavó en el vientre del rey
mientras le decía: “Este es el mensaje que te envía mi Dios: Sacrificar a la
vaca”.
30 La hoja del puñal se hundió hasta le empuñadura y
quedó totalmente cubierta por la grasa, porque Ehud no la extrajo del vientre.
31 Corrió Ehud para atrancar las puertas de la
habitación y escapó del lugar por una de las ventanas.
32 Los servidores de Eglón encontraron las puertas
cerradas y pensaron que el rey estaría ocupado haciendo sus necesidades. 33 Esperaron hasta cansarse y al ver que el rey no
abría la puerta, tomaron la llave, abrieron y encontraron a su señor muerto en
el suelo. 34 Mientras tanto Ehud había logrado escapar: después
de pasar por el lugar llamado los Ídolos, se había puesto a salvo en Seirá.
Ehud convoca al pueblo
35 Tan pronto como llegara al territorio de Efrayim,
hizo sonar el cuerno en la montaña para convocar al pueblo. Y cuando todos se
reunieron les convocó diciendo: “Provéanse de armas y síganme, porque he dado
muerte a Eglón y Moab caerá ante nosotros porque Yahvahé nos lo ha entregado”. 36 Y los hombres de Efrayim bajaron de la montaña
junto con él. Ehúd iba al frente, 37
y vinieron en su apoyo valientes de Benjamín y de Judá. Ellos lo siguieron,
ocuparon los vados del Jordán que estaban en Moab, y no dejaron pasar a nadie.
38 Atacaron por sorpresa a los moabitas, con tal
furia que dispersaron y derrotaron al ejército moabita, que era cerca de diez
mil hombres, todos fuertes y aguerridos. No pudo escapar ni uno solo. 39 Así fue humillado Moab bajo la mano de Ehud y sus
valientes. 40 Y Ehud destruyó el lugar de los ídolos de piedra
en Guilgal e hizo que regresaran los levitas, sacerdotes de Yahvahé y hubo paz
en el país durante ochenta años.

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