viernes, 12 de septiembre de 2014

Dios es nuestro refugio


1 Padre eterno, Dios mío, en ti me refugio: sálvame de todos los que me persiguen; 2 líbrame, para que nadie pueda atraparme  como un león, que destroza sin remedio.

3 Padre, Dios mío, si cometí alguna bajeza,  o hay crímenes en mis manos; 4 si he pagado con traición a mi amigo  o he despojado sin razón a mi adversario: 5 que el enemigo me persiga y me alcance,  que aplaste mi vida contra el suelo y mis entrañas queden tendidas sobre el polvo.

6 Levántate, Dios del Universo, lleno de indignación;  álzate contra el furor de mis adversarios.  Despierta para el juicio que has convocado: 7 que una asamblea de pueblos te rodee,  y presídelos tú, desde lo alto.

8 La Suprema Inteligencia es el Juez de las naciones: júzgame, Dios Bendito, de acuerdo a mi justicia y de acuerdo con mi integridad.

9 ¡Que se acabe la maldad de los impíos!  Tú que sondeas las mentes y los corazones,  tú que eres un Dios justo, apoya al inocente.

10 Mi escudo es el Dios Altísimo, que salva a los rectos de corazón.

11 Dios es un Juez justo y puede irritarse en cualquier momento.

12 Si no se convierten, su respuesta será como la espada que hiere,  como bala en el viento; como fuego abrasador.

13 El malvado concibe la maldad,  está grávido de malicia y da a luz la mentira.

14 Cavó una fosa y la ahondó,  pero él mismo cayó en la fosa que hizo: 15 su maldad se vuelve sobre su cabeza, su violencia recae sobre su cráneo.


16 Daré gracias al Padre de la Vida por su justicia  y cantaré al nombre del Señor Altísimo, porque Él es nuestro refugio.

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