1 Yehoshúa fue enterrado en la heredad de Timnat-sera
que le había tocado en el territorio de su tribu, la tribu de Efrayim; y todas
las tribus de Yisraeil le lloraron porque había sido cabeza elevada y conductor
poderoso en las batallas. 2 Entonces las tribus, con sus jefes de familias, se
dispersaron por todo el territorio que se extendía a un lado y otro del Jordán
y desde el mar Yam Hamelaj que es el mar salado, hasta el monte Baal-Hermón.
3 Cada tribu vivía según sus propias leyes y ahora
no existía ninguno que las unificara. Y ellos estaban en medio de pueblos que
les miraban con recelo: los filisteos con sus cinco príncipes y todos los
cananeos, los sidonios pueblos de pescadores, los hititas, los perizitas en
medio de Efrayim y de Menasheh, los jivitas y los jebuseos, que habitaban en la
montaña del Líbano, desde el monte de Baal Hermón hasta la Entrada de Jamat. 4 Y toda la generación de tiempos de Yehoshúa ya
había desaparecido y las nuevas generaciones solo conocían los relatos que
hacían los ancianos sobre los triunfos de Yisraeil. 5 Y muchos ya no conocían a Yahvahé y se inclinaban
ante los baales cananeos y los ídolos filisteos.
6 Y eran débiles, sin el vigor de los guerreros de
Yehoshúa y sufrían frecuentes ataques de salteadores, que les despojaban y no
tenían medios para oponerles resistencias a las ciudades enemigas que tenían a
su alrededor.
7 Me habló el divino Gavri’el y me dijo: “Hijo de la
Tierra, solo existe la fe cuando es formulada bajo palabra de sabiduría; cuando
no se impone por medio del temor. 8
Cuando creer es solo costumbre, como herencia paterna recibida, y no como
enseñanza viva, comprendida y aceptada, la fe es débil. 9 No se puede adorar a Dios como se adoran a los
ídolos, solo con ritos y manifestaciones externas. La adoración a la Suprema
Inteligencia requiere experimentarse espiritualmente. 10 Aquel pueblo convirtió a Yahvahé en un dios tribal
y así le adoraron, por eso sus descendientes olvidaron su nombre y comenzaron a
adorar a los ídolos. 11 Dios no es visible y el hombre, sino tiene el
apoyo de la sabiduría, necesita imagen para creer, porque solo cree en lo que
ve”.
12 Decidió entonces la Suprema Inteligencia que sus
mensajeros eligieran hombres sensatos que aún adoraban su nombre para juzgar al
pueblo y dirigirles su palabra. 13 Y dijo la Suprema Inteligencia: “Elijan entre los
hombres de Yisraeil aquellos pocos fieles a mi palabra y sean llamados shophetim,
jueces del pueblo y liberadores que los salve de las acechanzas de los
salteadores”.
14 Pero los israelitas no escuchaban a los shophetim,
sus jueces, sino que se prostituían, yendo detrás de los ídolos, de Astoret, de
Dagan y de Baal ante los cuales se postraban; porque eran ignorantes y
porfiados.
15 El rey de Aram-Naharaim se levantó contra las
tierras de Judá y de Shimeón e impuso sobre ellas su dominio durante ocho años
humillando a los israelitas.

No hay comentarios:
Publicar un comentario