viernes, 19 de septiembre de 2014

DAVID 13


Nathán amonesta a David

1 Uri’el, el mensajero de la Luz se presentó a Nathán y le ordenó que fuera donde David y le dijera lo que él le pondría en su mente. 2 Nathán entonces se presentó ante David, y le dijo: “Escucha, rey, esto que te relataré y quiero que me des tu opinión: Había dos hombres en cierta ciudad; uno era rico y el otro, pobre. 3 El hombre rico poseía muchas ovejas, y ganado en cantidad. 4 El pobre no tenía nada, sólo una pequeña oveja que había comprado. Él crió  esa ovejita, la cual creció junto con sus hijos. La ovejita comía del mismo plato del dueño y bebía de su vaso, y él la acunaba como a una hija. 5 Cierto día llegó una visita a la casa del hombre rico. Pero en lugar de matar un animal de su propio rebaño o de su propia manada, tomó la ovejita del hombre pobre, la mató y la preparó para su invitado. Dime pues, oh rey, ¿qué opinas tú?”

6 Dijo entonces David: “Me enfurece lo que ese hombre rico le hiciera al pobre. Viva por siempre Yahvahé, que por lo que hizo merecedor es de la muerte. 7 Deberá pagar la oveja con cuatro tantos, por su falta de misericordia”. 7 Nathán le respondió: “Contra ti mismo has dictado sentencia, rey David. Tú eres ese hombre rico y Urías el hitita es el pobre hombre despojado por el poderoso de lo que más tenía en valía. 8 Escucha ahora la sentencia que contra ti y tu casa ha dictado el ángel de la Luz: El Padre de la Vida te eligió para que reinaras en Yisraeil y te libró de las amenazas de Saúl. 9 Te llenaste de riquezas, te adueñaste de las esposas y concubinas de Saúl, ¿por qué hiciste tal maldad aborrecible para el Dios de la Vida? 10 Enviaste a la muerte a Urías y llevaste a su mujer a tu lecho. Como por la espada muriera Urías, la espada no se envainará jamás en tu casa. 11 Haré que tus mujeres sean amancebadas y fornicadas a la vista de todos; porque lo que hiciste en secreto se hará contra ti a pleno sol”.


12 David demudó su rostro y se estremeció de temor. Dijo entonces: “He pecado gravemente contra mi Dios y merezco morir”. Nathán le contestó diciendo: “No morirás; pero el hijo que tuviste con la esposa de Urías al que tanto amas, ciertamente morirá, para vergüenza tuya”.

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