jueves, 11 de septiembre de 2014

Los Libertadores Shophetim 4


1 Volvieron los israelitas a sus costumbres, cada cual según los hábitos de su tribu porque no se sentían como un solo pueblo. 2 Ya no les unía el temor por un solo Dios, pues se inclinaban ante los dioses de los pueblos vecinos, con los que comerciaban, 3 y como vivían dispersos unos de otros, eran débiles y propensos al pillaje de edomitas, amorreos, heteos, hurritas, madianitas y filisteos.

Jabín invade a Yisraeil

4 La paz que gozaban las doce tribus quedó interrumpida por Jabín, el rey de Hazor que ambicionó las tierras de Neftalí, de Zabulón, de Isacar, de Manasheh y de Efrayim. 5 Y jabín colocó estos territorios bajo el dominio de Siserá, jefe de su ejército, que vivía en Jaróset Ha Goyim. 5 Y ya habían transcurrido veinte años bajo su dominio, cuando los israelitas decidieron librarse de su yugo.

La vidente Deborah

6 En aquel tiempo, en la montaña de Efrayim había una mujer a la que todos tenían por vidente de Dios y muchos acudían a ella para que mediara en sus litigios. El nombre de aquella mujer era Deborah, y era mujer de fuego y de luz. En ella ardía el amor por el Dios verdadero, la Suprema Inteligencia. 7 Ella se sentaba debajo de la palmera de Deborah, entre Ramá y Betel y desde allí arengaba a los hombres para volverse a la adoración de Yahvahé.

8 Y les decía: “¿Dónde quedó el amor para Yahvahé dentro de ustedes? ¿Acaso solo con ritos y sacrificios se puede bendecir al Dios de la Vida? 9 Ustedes han mezclado el temor a Dios con la veneración a otros dioses y ya no se puede saber si cuando mencionan a Yah, están mencionando a Moloc”.

Deborah y Baruc

10 Mija’el, ángel de la Luz se presentó ante Deborah y le dijo: “Escucha Deborah, el mensaje de la Suprema Inteligencia: Muchas mujeres hicieron el bien; pero tú sobrepasas a todas. 11 Engañosa es la gracia, y vana la hermosura; pero la confianza en el Dios del Universo es tu grandeza. 12 Manda a llamar a Barac, hijo de Abi-nóam que está en Quedesh de Neftalí, porque es hombre de fuerza y poderoso en el combate. A él guiarás según te aconseje tu espíritu”.

13 Y Deborah hizo como le indicara Mija’el y mandó a buscar a Barac y le dijo cuando le tuvo delante: “¿Qué te detiene para lanzarte contra Siserá, oficial de Jabín? Ya es hora de hacer lo debido. Ve a reunir en el monte Tabor a diez mil hombres de la tribu de Neftalí y de la tribu de Zabulón. 14 No temas, Yah atraerá hacia ti, al torrente Quisón, a Siserá, jefe del ejército de Jabín, con sus carros y sus tropas, y los pondrá en tus manos”.

15 Barac le respondió: “Si vienes conmigo, iré a enfrentar a Siserá; pero si no vienes, no iré”.

16 Deborah le dijo entonces: “Yo iré contigo; pero entonces la gloria de la campaña que vas a emprender no será para ti, porque el Señor pondrá a Siserá en manos de una mujer”. Débora fue a Quedesh junto con Barac, 17 y él convocó en Quédesh a Zabulón y a Neftalí. Lo siguieron diez mil hombres, hombres de Efrayim, de Zabulón, de Benjamín y de Manasheh, y también Débora subió con él.

18 Cuando informaron a Siserá que Barac, hijo de Abi-nóam, había subido al monte Tabor, reunió todos sus carros de guerra –novecientos carros de hierro – y a toda la gente de que disponía, y los condujo desde Jaróset Ha Goyim hasta el torrente de Quisón.

Deborah alienta al combate


19 Deborah llamó a Barac: “Levántate, Barac, jefe de tu pueblo, porque ha llegado el día en que Adonai pondrá en tus manos a Siserá. No desfallezca porque los ángeles de Yahvahé van delante de ti”. 20 Volviéndose hacia los hombres que se preparaban para el combate, les alentó Deborah: “Hijos de Yisra’el, que no se aflojen sus piernas ante Siserá. ¡Adelante, con el triunfo que Yahvahé y el coraje de ustedes les concederá!” 21 Entonces Barac bajó del monte Tabor, al frente de los diez mil hombres, y entablaron un poderoso encuentro; los cascos de los caballos martillaron el suelo, al galope de sus corceles.

22 Siserá, todos sus carros y todo su ejército huyeran despavoridos delante de Barac, dejando los cadáveres de sus hombres arrastrados por el torrente. Siserá se bajó de su carro de guerra y huyó a pie. 23 Barac persiguió a los carros y al ejército hasta Jaróset Ha Goyim, y todo el ejército de Siserá cayó al filo de la espada. No quedó ni un solo sobreviviente.

Siserá y Yael

24 Mientras tanto Siserá trataba de salvar su vida. Buscó la carpa de un queinita llamado Jéber, cuyo clan era aliado de Jabín. Al llegar a la carpa encontró que Jéber había salido y solo se encontraba su mujer, Yael. 25 Ella le salió al encuentro y le dijo: “Ven, señor mío, pasa por aquí. No temas”. Él entró en su carpa, y ella lo tapó con una manta.

26 Le rogó Siserá: “Por favor, dame un poco de agua, porque tengo sed”. Ella abrió un recipiente donde había leche y le dio de beber. Luego lo volvió a cubrir. 27 Él le siguió diciendo: “Quédate a la entrada de la carpa, y si viene alguien y te pregunta si hay alguno aquí contigo, respóndele que no”.


28 Desde la entrada de su carpa Yael vio el ir y venir de hombres armados y comprendió que ellos buscaban a Siserá para matarle. Sintió temor por su propia vida. 29 Sacó entonces una estaca de la carpa, tomó en su mano un martillo y se acercó sigilosamente a donde estaba Siserá acostado; estaba profundamente dormido, agotado por el cansancio. No lo pensó dos veces Yael y le clavó la estaca en la sien, hasta hundirla en la tierra. Cuando ya estaba muerto, 30 llegó Barac, que venía persiguiendo a Siserá. Yael le salió al encuentro y le dijo: “Ven y te mostraré al hombre que buscas”. Él entró junto con ella, y vio a Siserá que yacía muerto, con la estaca clavada en la sien.


31 A partir de entonces, el dominio de los israelitas sobre Jabín, rey de Canaán, se fue haciendo cada vez más fuerte, hasta que lo exterminaron por completo.

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