1 Cuando Is-boset, el hijo de Saúl, se
enteró de la muerte de Abner en Hebrón, se acobardó y todo Yisraeil quedó
paralizado de miedo.
2 Había dos hermanos, Baana y Recab, que
eran oficiales del ejército de Is-boset. Estos hombres estaban llenos de
codicia y meditaron un plan criminal contra el hijo de Saúl que Sama’el les
inspiraba y pensaron que David les recompensaría si eliminaban al rey de
Yisraeil. 3 Así Recab y Baana fueron a la casa
donde Is-boset dormía la siesta y sigilosamente se introdujeron en la casa y
llegaron sin ser vistos hasta el dormitorio de Is-boset.
4 Aprovechando que el hijo de Saúl
dormía, lo golpearon, lo mataron y le cortaron la cabeza. Luego tomaron la cabeza
y huyeron durante la noche a través del valle del Arabá. 5 Cuando llegaron a Hebrón le presentaron
la cabeza de Is-boset a David y exclamaron: “¡Mira! Aquí está la cabeza de
Is-boset, el hijo de tu enemigo Saúl, quien intentó matarte. ¡Yahvahé le ha dado
hoy a mi señor el rey la venganza sobre
Saúl y toda su familia!”
6 Pero David les dijo a Recab
y a Baana: “¿Acaso he de recompensar a asesinos que le dieron muerte a un
inocente mientras estaba dormido? Responsables les hago de su sangre y les
condeno a morir y que el Padre del Universo les juzgue y les de lo que
merecen”. David dio orden de que le mataran. Y los guardias de David les mataron
y les cortaron las manos y los pies.
7 Junto al estanque de Hebrón fueron colgados
los cuerpos de Recab y de Baana y de inmediato Sama’el se apoderó de sus
espíritus. La cabeza de Is-boset,
hijo de Saúl fue enterrada en la tumba de Abner, en Hebrón.
8 Después de muerto Is-boset las tribus
de todos los territorios de Judá y Yisraeil proclamaron a David como único
soberano. David entonces estableció su trono en Jerusalén.
9 Para agradar a Yahvahé, David trasladó
el arca de la alianza a Jerusalén, la Ciudad de David y lo hizo con gran
celebración y danzando desnudo delante del arca; mas cuando regresó a su casa, 10 Mical, su esposa, hija de Saúl le gritó
furiosa: “¡Qué distinguido se veía hoy el rey de Yisraeil, exhibiéndose
descaradamente delante de las sirvientas tal como lo haría cualquier persona
vulgar!”
11 David le replicó a Mical: “Dancé con
alegría delante de Yahvahé porque me prefirió a mí antes que a tu padre o a
cualquier otro de tu familia. ¡Así es, y estoy dispuesto a quedar en ridículo e
incluso a ser humillado ante mis propios ojos! 12
Pero esas sirvientas que mencionaste, ¡de seguro seguirán pensando que soy
distinguido!”
13 David buscó al vidente Nathán y le
dijo: “Escucha esto que te diré. Yo vivo en un hermoso palacio de cedro, ¡mientras
que el arca de Yahvahé está allá afuera en una carpa! ¿No debiera construir
para la Suprema Inteligencia un palacio que le guarde?”
14 Nathán le contestó: “Adelante, haz todo
lo que tienes pensado porque La Luz está contigo”.
15 Cuando llegó la noche de ese mismo día,
Yaho’el se presentó a Nathán en medio de una llamarada y le dijo: “Escucha Nathán
lo que La Luz te comunica: Ve y dile a David ¿por qué él tiene que construirme
casa de piedra y de cedro? 16 Desde el día cuando con ayuda de mis
mensajeros saqué a los hebreos de Egipto hasta hoy, nunca he tenido casa para
mí. Nunca les reclamé a los jefes de los hebreos ni a los conductores de sus
tribus: ¿Por qué no me han construido una hermosa casa de cedro? 17 La Luz del Universo no necesita templo
de piedra, ni templo de cedro”.


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