1 Luego de la Festividad del
Shavuot, cuando los discípulos recibieron la Luz del Paráclito, los once
discípulos electos por Yehshua, con Mariam y Mattiyah se reunieron en Jerusalén
para decidir el camino que deberían seguir para predicar entre los goyim, esto
es los extranjeros, la palabra de vida del Señor.
2 Querían cumplir el mandato
que les diera el Rabbi antes de elevarse; sin embargo, estaban entristecidos y
lloraban amargamente diciendo: “¿Cómo iremos hacia los goyim y predicaremos el
mensaje del reino del hijo del hombre? 3 Si no han tenido con él ninguna consideración, ¿cómo la
tendrán con nosotros?”
4 Entonces Mariam se levantó,
los saludó a todos y dijo a sus hermanos: “No lloren y no estén tristes; no
vacilen más, pues la gracia del Rabbi descenderá sobre todos nosotros y nos
protegerá. Antes bien, alabemos su grandeza, pues nos ha preparado y nos ha
hecho valerosos” 5 Dicho esto, Mariam convirtió sus corazones y
comenzaron a comentar las palabras del Salvador.
6 Y dijo Mariam: “He visto en
una visión al Rabbi y él me impulsaba a seguir sus mandatos; y me dijo: Alienta
a tus hermanos para que no desfallezcan y no se dejen vencer por el temor y la
duda. Diles que mantengo lo que les dije antes de ascender, que siempre yo
estaría con ellos”.
7 Después de decir todo esto,
Mariam permaneció en silencio. Entonces, Andras habló y dijo a los hermanos:
“Digan lo que les parezca acerca de lo que ha dicho. Yo, por mi parte, no creo
que el Rabbi, Salvador se haya presentado en una visión a una mujer”.
8 Kefa respondió hablando de
los mismos temas y les interrogó acerca del Salvador: “¿Ha hablado con una
mujer sin que lo sepamos, y no manifiestamente, de modo que todos debamos
volvernos y escucharla? ¿Es que la ha preferido a nosotros?” 9
Entonces Mariam se echó a llorar y dijo a Kefa: “Kefa, hermano mío, ¿qué
piensas? ¿Supones acaso que yo he reflexionado estas cosas por mí misma o que
miento respecto al Salvador?”
10 Entonces Mattai Levy habló
y dijo a Kefa: “Kefa, siempre fuiste impulsivo. Ahora te veo ejercitándote
contra una mujer como si fuera un adversario. Sin embargo, si el Rabbi la hizo
digna, ¿quién eres tú para rechazarla? Bien cierto es que el Salvador la conoce
perfectamente; por esto la amó más que a nosotros. Más bien, pues, 11 avergoncémonos y
revistámonos del hombre perfecto, partamos tal como nos lo ordenó y prediquemos
el Buen Mensaje, sin establecer otro precepto ni otra ley fuera de lo que dijo
Yehshua, el Salvador”.
12 Dijo entonces Yojanán:
“Comencemos por Jerusalén, porque hay que llamar primero a los israelitas y no
nos preocupemos por lo que nos pueda acontecer. Después, el Señor nos mostrará
cuales caminos debemos seguir”.
13 Dicho esto, todos se
pusieron de acuerdo y salieron al Templo a divulgar las enseñanzas de Yehshua; 14 pero tal como les había
dicho Yehshua que no todos comprenderían sus enseñanzas si primero no se
conocían a sí mismos, cada uno enseñaba según como habían entendido el mensaje
de Yehshua.

No hay comentarios:
Publicar un comentario