miércoles, 24 de septiembre de 2014

Eliyahu y Elisha 7

Rebelión de Mesha, rey de Moab


1 Después de la muerte de Ahab, su hijo Joram ocupó el trono de Yisraeil y tuvo que enfrentar la rebelión de Moab.

2 Mesha, rey de Moab, era criador de rebaños, y pagaba como tributo al rey de Yisraeil cien mil corderos y cien mil carneros lanudos.  Luego de morir Ahab, Mesha se sublevó contra Joram. 3 Para contener la rebelión Joram salió de Samaria para entrevistarse con Josafat de Judá y le dijo al rey de Judá: “El rey de Moab se ha sublevado contra mí; ¿quieres aliarte conmigo para combatir contra Moab?” 4 Josafat accedió a formar la alianza con Joram y le preguntó: “¿Qué camino tomaremos para ir contra Mesha?” “Por el camino del desierto de Moab", respondió Joram.

5 Además Joram se había concertado con el rey de Edom y juntos se pusieron en campaña los tres. 6 Y Mesha se había apoderado de Médaba, Atarot y Nebo y en Atarot, Mesha la declaró anatema de Quemos dios de Moab y mató a todos sus habitantes, sin dejar uno con vida.

7 Durante siete días los ejércitos de los tres reyes marcharon por el desierto y entonces faltó el agua para la tropa y para los animales de carga que iban detrás. Joram dijo entonces: “No hemos encontrado a las fuerzas de Moab y ya nos hemos quedado sin suministros y ya nos he arduo volvernos atrás”.

Elisha y los tres reyes

8 Josafat, por su parte, preguntó: “¿No hay aquí un profeta de Yahvahé, para que podamos consultar nuestro destino?” Uno de los servidores del rey de Yisraeil tomó la palabra y dijo: “Aquí está Elisha, el que derramaba agua sobre las manos de Eliyahu”. 9 Josafat dijo: “Si es como Eliyahu, su palabra ha de ser cierta”. El rey de Yisraeil, el rey de Judá y el rey de Edom bajaron y fueron donde estaba Elisha, 10 pero este dijo al rey de Yisraeil: “¿Qué tengo que ver yo contigo? Recurre a los profetas de tu padre y a los profetas de tu madre”. “De ninguna manera, dijo el rey de Yisraeil, porque Adonai nos ha abandonado para entregarnos en manos de Moab y no podemos confiar en los profetas de Baal o de Astoret”.

11 Elisha respondió: “Escucha bien lo que te digo, Joram, rey de Samaria, si no fuera por consideración a Josafat, rey de Judá, no te tendría en cuenta y ni siquiera te miraría. 12 Pero ahora, tráiganme un músico”. Y mientras el músico pulsaba las cuerdas, Yaho’el se posó sobre Elisha, 16 y él dijo: “Esta es palabra de la Luz: Abran zanjas y más zanjas en esta quebrada, 17 porque así habla el ángel de Adonai: Ustedes no verán viento ni verán lluvia, pero esta quebrada se llenará de agua, para que beban ustedes, su ganado y sus bestias de carga. 18 Y como esto es demasiado poco a los ojos de Yahvahé, él ángel de justicia estará protegiéndoles. Así si actúan con astucia y combaten con arrojo, podrán derribar las ciudades amuralladas”.

20 Tal como había insinuado Elisha, a la mañana siguiente, vino una impetuosa corriente de agua por el lado de Edom y se inundó de agua toda la región. 21 Mientras tanto, todos los moabitas, al oír que los reyes avanzaban contra ellos, se habían movilizado ─ desde los que estaban en edad de ceñir las armas en adelante ─ y se habían apostado en la frontera.

Derrota de los moabitas

22 Al amanecer del siguiente día, cuando el sol brillaba sobre las aguas, los moabitas confundieron los arreboles del amanecer como si las aguas estuvieran teñidas de sangre, 23 y dijeron: “¡Es sangre! Seguro que los reyes se batieron a espada y se mataron entre ellos. Y ahora, ¡al saqueo, Moab!” 24 Pero cuando llegaron hasta donde acampaban los israelitas, estos saltaron de donde se apostaban y derrotaron a los hombres de Moab, que huyeron delante de ellos. Luego siguieron avanzando y derrotando a Moab e hicieron lo que Elisha les recomendara antes de salir en campaña cuando les dijo: “Cuando tomen las ciudades importantes de Moab, cieguen todas sus fuentes de agua; talen los árboles más corpulentos y arruinen sus campos cubriéndoles de piedra”.

25 Demolieron las ciudades conquistadas y cada uno arrojó su piedra en los campos fértiles, hasta llenarlos de ellas; cegaron todas las fuentes de agua y talaron los mejores árboles. Al fin, cuando ya no quedó más que Quir-Jaréset, los honderos la cercaron y la atacaron.

Mesha sacrifica a su hijo


26 El rey Mesha, al ver que la guerra estaba perdida para él, reunió a setecientos hombres armados de espada, para abrirse una brecha hacia el rey de Edom; pero fracasó. 27 Entonces tomó a su hijo primogénito, el que debía reinar después de él, y lo ofreció en holocausto a Ashtar y Quemos, sus dioses, sobre la muralla. Entonces fue muy grande la resistencia de los de Moab en la ciudad amurallada que los reyes aliados desistieron continuar el sitio a Quir-Jaréset y regresaron a su país.

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