Rebelión de Mesha, rey de Moab
1 Después de la muerte de Ahab, su hijo Joram
ocupó el trono de Yisraeil y tuvo que enfrentar la rebelión de Moab.
2 Mesha, rey de Moab, era criador de rebaños, y
pagaba como tributo al rey de Yisraeil cien mil corderos y cien mil carneros
lanudos. Luego de morir Ahab, Mesha se
sublevó contra Joram. 3 Para
contener la rebelión Joram salió de Samaria para entrevistarse con Josafat de
Judá y le dijo al rey de Judá: “El rey de Moab se ha sublevado contra mí;
¿quieres aliarte conmigo para combatir contra Moab?” 4 Josafat accedió a formar la alianza con Joram
y le preguntó: “¿Qué camino tomaremos para ir contra Mesha?” “Por el camino del
desierto de Moab", respondió Joram.
5 Además Joram se había concertado con el rey de
Edom y juntos se pusieron en campaña los tres. 6 Y Mesha se había apoderado de Médaba, Atarot y
Nebo y en Atarot, Mesha la declaró anatema de Quemos dios de Moab y mató a
todos sus habitantes, sin dejar uno con vida.
7 Durante siete días los ejércitos de los tres
reyes marcharon por el desierto y entonces faltó el agua para la tropa y para
los animales de carga que iban detrás. Joram dijo entonces: “No hemos
encontrado a las fuerzas de Moab y ya nos hemos quedado sin suministros y ya
nos he arduo volvernos atrás”.
Elisha y los tres reyes
8 Josafat, por su parte, preguntó: “¿No hay aquí
un profeta de Yahvahé, para que podamos consultar nuestro destino?” Uno de los
servidores del rey de Yisraeil tomó la palabra y dijo: “Aquí está Elisha, el
que derramaba agua sobre las manos de Eliyahu”. 9 Josafat dijo: “Si es como Eliyahu, su palabra
ha de ser cierta”. El rey de Yisraeil, el rey de Judá y el rey de Edom bajaron
y fueron donde estaba Elisha, 10 pero este dijo al rey de Yisraeil: “¿Qué tengo
que ver yo contigo? Recurre a los profetas de tu padre y a los profetas de tu
madre”. “De ninguna manera, dijo el rey de Yisraeil, porque Adonai nos ha
abandonado para entregarnos en manos de Moab y no podemos confiar en los
profetas de Baal o de Astoret”.
11 Elisha respondió: “Escucha bien lo que te digo,
Joram, rey de Samaria, si no fuera por consideración a Josafat, rey de Judá, no
te tendría en cuenta y ni siquiera te miraría. 12 Pero ahora, tráiganme un músico”. Y mientras
el músico pulsaba las cuerdas, Yaho’el se posó sobre Elisha, 16 y él dijo: “Esta
es palabra de la Luz: Abran zanjas y más zanjas en esta quebrada, 17 porque así
habla el ángel de Adonai: Ustedes no verán viento ni verán lluvia, pero esta
quebrada se llenará de agua, para que beban ustedes, su ganado y sus bestias de
carga. 18 Y como esto es demasiado poco a los ojos de Yahvahé, él ángel de
justicia estará protegiéndoles. Así si actúan con astucia y combaten con
arrojo, podrán derribar las ciudades amuralladas”.
20 Tal como había insinuado
Elisha, a la mañana siguiente, vino una impetuosa corriente de agua por el lado
de Edom y se inundó de agua toda la región. 21 Mientras tanto, todos los
moabitas, al oír que los reyes avanzaban contra ellos, se habían movilizado ─ desde
los que estaban en edad de ceñir las armas en adelante ─ y se habían apostado
en la frontera.
Derrota de los moabitas
22 Al amanecer del siguiente
día, cuando el sol brillaba sobre las aguas, los moabitas confundieron los
arreboles del amanecer como si las aguas estuvieran teñidas de sangre, 23 y
dijeron: “¡Es sangre! Seguro que los reyes se batieron a espada y se mataron
entre ellos. Y ahora, ¡al saqueo, Moab!” 24 Pero cuando llegaron hasta donde acampaban
los israelitas, estos saltaron de donde se apostaban y derrotaron a los hombres
de Moab, que huyeron delante de ellos. Luego siguieron avanzando y derrotando a
Moab e hicieron lo que Elisha les recomendara antes de salir en campaña cuando
les dijo: “Cuando tomen las ciudades importantes de Moab, cieguen todas sus
fuentes de agua; talen los árboles más corpulentos y arruinen sus campos
cubriéndoles de piedra”.
25 Demolieron las ciudades
conquistadas y cada uno arrojó su piedra en los campos fértiles, hasta
llenarlos de ellas; cegaron todas las fuentes de agua y talaron los mejores árboles.
Al fin, cuando ya no quedó más que Quir-Jaréset, los honderos la cercaron y la
atacaron.
Mesha sacrifica a su hijo
26 El rey Mesha, al ver que
la guerra estaba perdida para él, reunió a setecientos hombres armados de
espada, para abrirse una brecha hacia el rey de Edom; pero fracasó. 27 Entonces
tomó a su hijo primogénito, el que debía reinar después de él, y lo ofreció en
holocausto a Ashtar y Quemos, sus dioses, sobre la muralla. Entonces fue muy
grande la resistencia de los de Moab en la ciudad amurallada que los reyes aliados
desistieron continuar el sitio a Quir-Jaréset y regresaron a su país.

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