Yehshua
le devuelve la vida a Eleazar
1 Se aproximaba Yehshua a B'thanía
cuando vinieron a recibirle unos mensajeros de Martha y Mariam, hermanas de
Eleazar y le dijeron: “Señor, Eleazar, aquel a quien tú quieres como amigo,
está enfermo”. 2 Dijo Yehshua: “No tenemos
prisa, Eleazar no morirá porque por él se mostrará el misterio del Hijo del
Hombre”.
3 Así, Yehshua permaneció dos
días más en el lugar donde se encontraba. Al cabo de ellos, dice a sus discípulos:
“Vamos ahora a B'thanía”. 4 Los discípulos le dijeron
entonces: “Rabbi, hace poco los fariseos te querían apedrear ¿cómo vas a
presentarte en B’thanía?”
5 Yehshua respondió: “¿No son
doce las horas del día? Si uno anda de día, no tropieza, porque ve la luz de
este mundo; 6 pero si uno anda de noche,
tropieza, porque no está la luz en él”. 7 Dijo esto y añadió: “Nuestro amigo Eleazar duerme; pero
voy a despertarle”.
8 Le dijeron sus discípulos:
“Rabbi, si está dormido es porque va a sanar y deberías dejarle dormir”. 9 Sin embargo lo que Yehshua
quería decir era que Eleazar ya había muerto. 10 Entonces Yehshua les dijo abiertamente: “Eleazar ha
muerto, 11
y me alegro por ustedes de no haber estado
allí, para que crean y así podrán comprender que al tercer día se puede
regresar de la muerte. Pero vayamos donde él”.
12 Entonces Tau'ma llamado el
Dídimo, dijo a los otros discípulos: “Vayamos también nosotros a morir con él”.
13 Al llegar cerca de B’thanía
ya Eleazar llevaba tres días en el sepulcro. De Jerusalén habían venido muchos
a darle consuelo a Martha y Mariam pues Eleazar era muy conocido y tenido por
hombre justo y era muy estimado. 14 Al enterarse Martha que Yehshua había llegado salió a su
encuentro y le dijo: “Rabbi, si hubieras estado aquí, no habría muerto mi
hermano. 15 Pero, aun ahora, yo sé que
cuanto pidas al Padre de la Vida, Él te lo concederá”.
16 Yehshua le dijo entonces:
“Escucha, mujer, tu hermano Eleazar volverá a la vida”.
17 Le respondió Martha: “Ya sé
que volverá a la vida en la resurrección, cuando llegue el tiempo de los
tiempos”. 18 Yehshua le respondió: “Martha,
yo soy la resurrección y soy la vida; el que haya creído en mí, aunque haya
muerto, alcanzará la vida; 19 y todo el que vive y cree
en mí, no morirá jamás. ¿Crees esto?” 20 Le dice ella: “Sí, Rabbi, yo creo que tú eres el Mashíaj
bendito, el Hijo de Dios, el que iba a venir al mundo”. 21 Dicho esto, fue a llamar a
su hermana Mariam y le dijo al oído: “El Rabbi está en camino y te llama”. 22 Ella, en cuanto lo oyó, se
levantó rápidamente, y se fue a encontrarse con Yehshua.
23 Yehshua todavía no había
llegado al pueblo; sino que seguía en el lugar donde Martha lo había
encontrado.
24 Los judíos que estaban con
Mariam en casa consolándola, al ver que se levantaba rápidamente y salía, la
siguieron pensando que iba al sepulcro para llorar allí. 25 Cuando Mariam llegó donde
estaba Yehshua, al verle, cayó a sus pies y le dijo: “Rabbi, si hubieras estado
aquí, mi hermano no habría muerto”.
26 Le preguntó Yehshua:
“¿Dónde le han colocado?” Le responden: “Señor, ven y lo verás”. 27 Entonces Yehshua fue al
sepulcro. Era una cueva, y tenía puesta encima una piedra. 28 Dijo Yehshua: “Quiten la
piedra”. Le responde Martha, la hermana del muerto: “Rabbi, ya huele; porque
están por cumplirse cuatro días”.
29 Le dice Yehshua: “¿No te he
dicho que, si crees, verás la gloria de Dios? No duden y aparten la piedra que
cierra el sepulcro”.
30 Quitaron, pues, la piedra.
Entonces Yehshua levantó los ojos a lo alto y dijo: “Padre, te doy gracias por
haberme escuchado. 31 Yo sé que tú siempre me
escuchas; pero lo he dicho por estos que me rodean, para que crean que tú me
has enviado, que tú me escuchas y que yo soy la Vida y la resurrección y que
tengo poder para levantarme de entre la muerte por mi propia voluntad”.
32 Dicho esto, gritó con
fuerte voz: “¡Eleazar, sal fuera!” 33 Y salió el que había muerto, atado de pies y manos con
vendas y envuelto el rostro en un sudario. Yehshua le dice a los que
presenciaban el prodigio: “Desátenle y déjenle andar”.
34 Muchos de los judíos que
habían venido a casa de Mariam, viendo lo que Yehshua había hecho, creyeron que
en él habitaba Dios. 35 Pero algunos de ellos
temerosos fueron al Templo a relatarle a los sumos sacerdotes y a los fariseos
lo que Yehshua había hecho.
Planes
para dar muerte a Yehshua
36 Entonces los sumos
sacerdotes y los fariseos convocaron consejo y decían: “¿Qué debemos hacer?
Porque este hombre realiza muchas señales. 37 Si le dejamos que continúe haciendo estos prodigios,
todos creerán que es el Mashíaj y querrán proclamarle como rey. Si esto sucede,
vendrán los romanos y destruirán nuestro Lugar Santo y nuestra nación”.
38 Pero uno de ellos, llamado Josef
ben Cayafás, que era el Sumo Sacerdote de aquel año, les dijo: “Ustedes no
saben nada, ni se han dado cuenta que nos conviene que muera uno solo por todo
el pueblo antes de que perezca toda la nación o que los romanos nos quiten la
vida a nosotros mismos”. 39 Así que decidieron buscar
el momento propicio para aprisionar a Yehshua y llevarle ante el procónsul
romano para que se le condenara a muerte como enemigo de Roma.
40 Pero Nicodemo, el que había
visitado de noche a Yehshua dijo: 41 “¿Acaso nuestra Ley permite juzgar a un hombre sin
escucharlo antes para saber lo que hizo?” 42 Le respondieron: “¿Es que tú también eres galileo? Confronta
las Escrituras y podrás comprobar que de Galilea no ha surgido ningún profeta”.

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