Persecución y derrota de Zébaj y Salmuná
1
Gedeón llegó hasta el Jordán y lo cruzó. Él y los trescientos hombres que lo
acompañaban estaban cansados y hambrientos.
2
Entonces dijo a la gente de Sucot: “Por favor, traigan un poco de pan para la
tropa que me acompaña, porque están agotados de cansancio, y yo estoy
persiguiendo a Zébaj y a Salmuná, reyes de Madián”. 3
Pero los jefes de Sucot le respondieron: “¿Acaso ya tienes prisioneros a Zébaj
y a Salmuná para que le demos pan a tu ejército?”
4 “Está
bien, respondió Gedeón; cuando Adonai ponga en mis manos a Zébaj y a Salmuná,
pasaré por aquí y les despojaré de todo el pan que tengan y de todo el trigo
que hayan cosechado”.
5
Partió luego Gedeón a Penuel y allí hizo el mismo pedido. Pero la gente de
Penuel le respondió: “No tenemos por qué dar nuestro pan a los que vienen con
armas, porque Yahvahé siempre nos protege y tenemos nuestra torre de atalaya
para advertirnos de peligros”. 6
Entonces Gedeón dijo a los de Penuel: “Cuando regrese victorioso, derribaré
esta atalaya”.
7
Zébaj y Salmuná estaban en Carcor con su ejército. Eran unos quince mil
hombres, es decir, todos los sobrevivientes del campamento de los Orientales.
Los que habían caído eran ciento veinte mil armados de espada.
8 Gedeón
subió por el camino de los nómadas, al este de Nóbaj y de Iogbohá, y comenzó a
hostigar al ejército por distintos puntos, de modo que los orientales creyeron
que se trataba de un gran número de enemigos. 9
Zébaj y Salmuná, reyes de Madián, trataron de huir, pero Gedeón los persiguió,
los capturó a los dos y sembró el pánico en todo el ejército.
La venganza de Gedeón
10
Después del combate regresó Gedeón. Pasó
por Penuel y llamando a sus principales dijo: “Como creen ustedes que el
Siempre Altísimo les protege, no necesitarán de atalaya que les advierta del
peligro”. 11 Entonces mandó a sus
hombres que derribaran la atalaya y la consumieran con fuego. Y dijo Gedeón:
“Así aprenderán a no negarle ayuda a los que combaten por Adonai”.
12
Bajó luego por la pendiente de Jares en dirección a Sucot. 13 Entonces
detuvo a un joven de Sucot, lo interrogó, y él le dio por escrito los nombres
de los jefes y los ancianos de Sucot. Eran setenta y siete hombres. 14 Luego
se presentó ante los hombres de Sucot y les dijo: “Aquí están Zébaj y Salmuná,
los hombres por los que ustedes se burlaron de mí, diciendo y me negaron pan
para mis hombres. Ahora voy a tomar todo el pan y el trigo granado que ustedes
guardan”.
15
Pero la gente de Sucot le imploró diciendo: “¿Acaso harás tú como los
madianitas que venían y se presentaban ante nosotros para despojarnos de
nuestro pan y de nuestro trigo? ¿No sientes temor de Yahvahé por despojar a los
humildes?” 16 Entonces les dijo
Gedeón: “No les despojaré del pan y del trigo, pero presenten ante mí a sus
jefes y a los ancianos que forman el consejo de Sucot”.
17
Cuando tuvo frente a él aquellos hombres, dijo: “Porque ustedes se negaron a
dar ayuda a los hombres que rescataron la tierra, caiga sobre ustedes el
desprecio del Dios Todo Poderoso”. Luego ordenó que a cada uno de ellos le
dieran veintiséis latigazos”.
18 Gedeón
dijo a Zébaj y a Salmuná: “¿Cómo eran los hombres que ustedes mataron en el
Tabor?” “Se parecían a ti, respondieron ellos; todos tenían aspecto de
príncipes”. 19 Gedeón les
respondió: “Ellos eran mis hermanos, hijos de mi madre. ¡Juro por mi espíritu,
que si ustedes les hubieran perdonado la vida, yo ahora también les perdonaría
la vida a ustedes!”
20
Entonces dijo a Yéter, su hijo mayor: “Mátalos aquí mismo”. Pero Yéter vaciló y
tuvo miedo de sacar la espada, porque todavía era muy joven. 21
Zébaj y Salmuná dijeron: “Mátanos tú, porque un hombre se mide por su valor”.
Gedeón se levantó, mató a Zébaj y a Salmuná, y se guardó los adornos que sus
camellos llevaban en el cuello.
Propuesta de los israelitas a Gedeón
22 Los
hombres de Yisraeil dijeron a Gedeón: “Gobiérnanos tú, para que todos estemos
siempre unidos por un jefe único, y que después de ti nos gobiernen tu hijo y
tu nieto, porque nos salvaste del poder de Madián”. 23
Él
les respondió: “No soy hombre que esté por encima de sus hermanos, ni tengo
luces suficientes para conducir a todo Yisraeil; por eso les diré: ni yo los
gobernaré ni tampoco mi hijo; gobiérnense todos por las enseñanzas del Que Es y
Siempre Será, el Dios de Yisraeil”. 24 Yerubbaal,
hijo de Joás, se fue a su ciudad y permaneció en su casa.
Muerte de Gedeón
25
Madián quedó humillado delante de los israelitas, y no volvió a levantar
cabeza. El país estuvo tranquilo durante cuarenta años, mientras vivió Gedeón. 26 Muchos
fueron los hijos de Gedeón y ellos alcanzaron gran reputación entre los
israelitas. Y uno de ellos se llamaba Abimelech. Y Abimelech ardía en ansias de poder.
27
Gedeón, hijo de Joás, murió después de una feliz vejez, y fue enterrado en la
tumba de su padre Joás, en Ofrá de Abiy’ezer.
28
Deleble es la gloria de los hombres y así transcurriendo el tiempo, los
israelitas fueron olvidando a Gedeón, y no agradecieron a la casa de Yerubbaal
Gedeón todo el bien que él había hecho a Yisraeil.

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