1 A la hora nona, Kefa y
Yojanán fueron al Templo cuando los sacerdotes hacen las oraciones.
2 Ante el pórtico del Templo
acostumbraba a pedir limosna un hombre que desde nacimiento estaba tullido.
Cuando vio que llegaban Kefa y Yojanán les extendió su mano implorándoles una
limosna.
3 Sintió Kefa que algo se
estremecía en su interior cual si fuera una señal del Espíritu Santo. Fijó Kefa
la mirada en aquel hombre y le dijo: “Míranos”.
4 Él les miraba con fijeza
esperando recibir algo de ellos. 5 Kefa le dijo: “No tengo plata ni oro; pero te daré un
regalo que será de mayor aprecio para ti; un don que te vendrá de la mano de
nuestro Señor, Yehshua, el que fuera crucificado”.
6 Y tomándole de la mano
derecha le levantó. Al instante cobraron fuerza sus pies y tobillos, 7 y de un salto se puso en
pie y andaba. Entró con ellos en el Templo andando, saltando y alabando a Dios.
8 Todo el pueblo le vio cómo
andaba y alababa a Dios, 9 le reconocían, pues él era
el que pedía limosna sentado junto a la puerta Hermosa del Templo. Y se
quedaron llenos de estupor y asombro por lo que había sucedido.
10 Como el hombre no se
separaba de Kefa y de Yojanán, proclamando la gracia que habían hecho por él,
todo el pueblo, presa de estupor, corrió donde ellos al pórtico llamado de
Salomón.
11 Kefa, al ver esto, se
dirigió a la multitud: “Israelitas, ¿por qué se admiran de esto, o por qué nos
miran con asombro, como si por nuestro poder o piedad hubiéramos hecho caminar
a éste hombre? 12 El Dios de Abraham, de
Ishma’el, de Yitzchak y de Ya’acov, el Dios de nuestros padres, ha glorificado
a su siervo Yehshua, a quien ustedes abandonaron y de quien renegaron ante
Pilato, cuando éste estaba resuelto a ponerle en libertad, siguiendo lo que les
decían que dijeran los sumos sacerdotes, los escribas y los sadoqueos.
13 Ustedes renegaron del que
siempre fue Santo y Justo, y prefirieron que se hiciera gracia a favor de un
homicida. Por la ignorancia de ustedes los romanos dieron muerte al que les conducía
a la Vida. 14 Pero Dios le resucitó de
entre los muertos, y nosotros somos testigos de ello. 15 Y por la fe en su nombre,
este mismo nombre ha sanado a éste hombre que ustedes ven y conocen.
16 “Conocemos, hermanos, que
ustedes actuaron por ignorancia, engañados en la fe de ustedes por quienes
debían guiarles rectamente en el camino de la Verdad. 17 Pero el Padre, Dios del
Universo, dio cumplimiento de este modo a lo que había anunciado por boca de
todos los profetas: que su Ungido padecería y sufriría la muerte.
18 Arrepiéntase, pues, y
conviértanse, para que sean borrados los pecados de ustedes, 19 a fin de que del Señor
venga el tiempo de la consolación y envíe al Mashíaj que les había sido
destinado, a Yehshua, 20 a quien debe retener en la
gloria del universo hasta el tiempo de la restauración universal, cuando llegue
el Tiempo de los tiempos de que Dios habló por boca de sus santos profetas. 21 Dios ha hecho resucitar a
su hijo, para ustedes en primer lugar, y le ha enviado para bendecirles, apartándose cada uno de sus iniquidades”.

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