viernes, 12 de septiembre de 2014

Revelaciones de Hermas I


1 Era Hermas un hombre maduro que de joven fue curioso y pastor esclavo de una tal Roda en Roma. 2 Y Hermas tuvo visiones y revelaciones transmitidas por la Luz de la Sabiduría, porque la Suprema Inteligencia no contempla condición para conceder sus dones.

3 Él había escuchado la Palabra y fue seguidor del Camino; pero anhelaba alzarse de su condición y ambicionó riquezas y placeres y buscaba los modos para lograr sus propósitos. 4 Meditando en sus ensueños se presentó ante él una hermosa mujer que le dijo al verle: “Buenos días, Hermas”.

5 Hermas, sorprendido le preguntó: “¿De dónde me conoces, que me llamas por mi nombre?” Ella entonces le dijo: “Que te importe solo que yo te conozco y eso es suficiente”

“¿Qué quieres de mí?”, preguntó Hermas.

“Solo deseo que te arrepientas de tu pecado contra mí”, le dijo la mujer.

6 Hermas le contestó diciendo: “¿Pequé contra ti? ¿En qué forma? ¿Te dije alguna vez alguna palabra inconveniente? Si nunca te vi, ¿cómo puedes acusarme falsamente de haber pecado contra ti?”

7 Riendo, ella le dijo: “El deseo hacia el mal entró en tu corazón. Es más, ¿no crees que es un acto malo para un justo si el mal deseo entra en su corazón? Es verdaderamente un pecado, y un pecado grande, porque el justo tiene sólo propósitos justos. En tanto que sus propósitos son rectos, su reputación se mantiene firme en la morada universal, y halla al Señor fácilmente propicio en todo lo que hace. 8 Pero los que albergan malos propósitos en sus corazones, se acarrean la muerte y la cautividad, especialmente los que reclaman para sí mismos este mundo presente, y se jactan de sus riquezas, y no se adhieren a las cosas buenas que han de venir. 9 Sus almas lo lamentarán, siendo así que no tienen esperanza, sino que se han abandonado a sí mismos y su vida. Pero ora a Dios, y Él sanará tus pecados”.

10 Tan pronto terminó de hablar la mujer se oscurecieron los cielos con densas y oscuras nubes. Hermas se llenó de temor y angustia y ante su vista desapareció la mujer que le había hablado.

11 En ese mismo momento llegó ante él una mujer anciana que le saludó: “Buenos días, Hermas”. Entonces apenado y pensando cuáles podrían ser sus pecados, le dijo: “Buenos días, señora”.

12 Ella le preguntó amablemente: “¿Por qué estás tan abatido, Hermas, tú que eres paciente y bien templado, y siempre estás sonriendo? ¿Por qué estás tan decaído en tu mirada y distante de la alegría?”

13 Contestó él: “A causa de una de las palabras de una dama que vino ante mí diciéndome que contra ella he pecado”. Entonces le dijo la anciana: “¡En modo alguno sea así en un hijo de Dios! 14 Sin embargo, un pensamiento entró en tu corazón que a ella ofendió, cuando ambicionaste riquezas y dedicaste todos tus esfuerzos en elevarte de tu condición. 15 En los hijos de Dios una intención  así acarrea pecado. Porque es un propósito malo e insano, en un espíritu devoto que ya ha sido aprobado, el desear algo malo, y especialmente si es Hermas el templado, que se abstiene de todo mal deseo y está lleno de toda simplicidad y de gran inocencia.

16 Advertencia esta ha sido para ti, Hermas de Roda; porque en tu afán toleraste, sin que les amonestaras, que tus hijos se corrompieran de un modo espantoso; ¿quieres acarrear sobre ti el disgusto del Padre de la Vida? 17 Pero Él quiere curar todos tus pecados pasados, que han sido cometidos en tu familia, porque a causa de sus pecados e iniquidades tú has sido corrompido por las cosas de este mundo.


18 La gran misericordia del Señor tuvo piedad de ti y de tu familia, y te corroborará, y te afianzará en su gloria. Sólo que no seas descuidado, sino que cobres ánimo y robustezcas a tu familia. 19 Porque como el herrero trabajando a martillazos triunfa en la tarea que quiere, así también el recto discurso repetido diariamente vence todo mal. 20 No dejes, pues, de reprender a tus hijos; porque sé que si se arrepienten de todo corazón, serán inscritos en el Libro de la Vida”.

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