martes, 28 de octubre de 2014

Libro del Buen Mensaje del Señor Yehshua (3)

Libro de Yojanán Apóstol


Nicodemo visita a Yehshua

1 Entre los fariseos había un personaje judío llamado Nicodemo. Este fue de noche a ver a Yehshua y le dijo: 2 “Rabbi, sabemos que has venido de parte de Dios como maestro, porque nadie puede hacer señales milagrosas como las que tú haces, a no ser que Dios esté con él”.

3 Respondió Yehshua y le dijo: “De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de nuevo, no podrá ver el reino de Dios”.

4 Nicodemo le dijo: “¿Cómo puede un hombre nacer siendo viejo? ¿Puede acaso entrar por segunda vez en el vientre de su madre, y nacer?” 5 Yehshua le respondió: “De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de agua y del Espíritu, no puede entrar en el reino de Dios”.  6 Lo que nace de la carne es carne, y lo que nace del Espíritu es espíritu.  7 No te maravilles entonces de que te haya dicho que necesitan nacer de nuevo. 8 El viento sopla donde quiere, y tú oyes su silbido, pero no sabes de dónde viene ni adónde va. Lo mismo le sucede al que ha nacido del Espíritu”.

9 Nicodemo volvió a preguntarle: “¿Cómo puede ser eso?” 10 Respondió Yehshua y le dijo: ¿Eres tú maestro de Yisraeil, y no sabes esto? 11 En verdad te digo que nosotros hablamos de lo que sabemos, y damos testimonio de lo que hemos visto, pero ustedes no aceptan nuestro testimonio. 12  Si ustedes no creen cuando les hablo de cosas de la tierra, ¿cómo van a creer si les hablo de cosas del Cielo? 13 Sin embargo, nadie ha subido a lo alto sino sólo el que ha bajado de lo alto, el Hijo del Hombre. 14 Recuerden la serpiente que Moshé hizo levantar en el desierto: así también tiene que ser levantado el Hijo del Hombre, 15 para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna.

El gran amor de Dios por el mundo

16 ¡Así amó Dios al mundo! Que entrega a su Hijo unigénito, para que todo aquel que crea en él no se pierda, sino que tenga vida eterna. 17 Dios no envió al Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para que se salve el mundo gracias a él. 18 Para quien cree en él no sea condenado en el juicio. En cambio, el que no cree ya se ha condenado, por el hecho de no creer en el Nombre del Hijo único de Dios. 19 Esto requiere un juicio: la luz vino al mundo, y los hombres prefirieron las tinieblas a la luz, porque sus obras eran malas. 20 Pues el que obra el mal odia la luz y no va a la luz, no sea que sus obras malas sean descubiertas y condenadas. 21 Pero el que hace la verdad va a la luz, para que se vea que sus obras han sido hechas en Dios”.

El amigo del esposo

22 Después de esto, Yehshua se fue con sus discípulos al territorio de Judea. Allí estuvo con ellos y bautizaba. 23 Yojanán también estaba bautizando en Ainón, cerca de Salín, porque allí había mucha agua; la gente venía y se hacía bautizar. 24 (Esto ocurría antes de que Yojanán hubiera sido encarcelado).

25 Un día los discípulos de Yojanán tuvieron una discusión con un judío sobre la purificación espiritual. 26 Fueron donde Yojanán y le dijeron: “Maestro, el que estaba contigo al otro lado del Jordán, y en cuyo favor tú hablaste, está ahora bautizando y todos se van a él”.

27 Yojanán respondió: “Nadie puede atribuirse más de lo que el Cielo le quiere dar. 28 Ustedes mismos son testigos de que yo dije: Yo no soy el Mashíaj, sino el que ha sido enviado delante de él. 29 Es el novio quien tiene a la novia; el amigo del novio está a su lado y hace lo que él le dice y se alegra con sólo oír la voz del novio. Por eso me alegro sin reservas. 30 Es necesario que él crezca y que yo disminuya.

El que viene de lo alto


31 El que viene de lo alto está por encima de todos. El que viene de la tierra pertenece a la tierra y sus palabras son terrenales. El que viene de las alturas, 32  por más que dé testimonio de lo que allí ha visto y oído, nadie acepta su testimonio. 33 Pero aceptar su testimonio es aceptar que Dios es veraz. 34 Aquel que Dios ha enviado habla las palabras de Dios, y Dios le da el Espíritu sin medida. 35  El Padre ama al Hijo y ha puesto todas las cosas en sus manos. 36 El que cree en el Hijo vive de vida eterna, pero el que se niega a creer en el Hijo no verá la vida, sino que la ira de Dios estará sobre él”.

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