1 ¡Alabemos al Dios de la Vida, porque Él
nos guarda y nos protege!
2 Él nos elevó sobre todas las especies
que surgieron de su aliento. Él nos dio espíritu de discernimiento y puso la
razón en nuestros cerebros.
3 Nos dotó de espíritu de vida y nos dio
un alma imperecedera.
4 Él nos educó y nos mostró sus caminos
que conducen a la Vida. En Él siempre encontramos descanso como en un remanso
de paz. 5 Es nuestro refugio, nuestra fortaleza.
6 Demos gracias al Dios del Universo, por
todo lo que su impulso generó; por la tierra que nos dio como hogar, porque la
hizo habitable, le dio atmósfera respirable y la protegió de los rayos cósmicos.
7 Demos gracias al Dios de la Vida por
los frutos de la tierra que nos concedió para nutrirnos, por los bosques, por
los montes y por los valles; por los ríos, por los lagos, por los mares donde
bulle la vida y donde se originaron las especies.
8 Demos gracias a la Luz del Universo
porque nos concede el don de la vida y nos dio el aire que respiran nuestros
pulmones.
9 Demos gracias al Padre, por los hijos
que nos permitió tener.
10 Demos gracias al Dios de amor por las
veces que nos ayudó a erguirnos después de una caída.
11 Demos gracias al Padre de la Vida,
porque es lento para la ira y no descarga todo su poder sobre nosotros por
causa de nuestras rebeldías, nuestros errores, nuestras ambiciones y nuestras
vanidades.
12 Demos gracias a Dios porque nos da la
oportunidad de corregir nuestras culpas; porque Él no desea destruir la obra de
sus manos; por todo su amor.
13 Demos siempre gracias a Dios, al
amanecer, al atardecer, a la hora que nos acogemos al descanso, por todos los
bienes que nos ha concedido sin importarle nuestra condición de pecadores.
14 Demos gracias a Dios porque nos hizo
conocer al amor, porque nos dio la alegría y la tristeza; 15 porque insufló la esperanza en nuestras
almas; 16 porque nos permitió conocer a los
amigos; 17 por el abrazo y el beso de una madre; 18 por la sonrisa de los niños; 19 por la mano que se extiende para darnos
aliento y fuerzas.
20 ¡Alabemos al Dios de la Vida, porque Él
nos guarda y nos protege!

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